Eta Carinae: Divergencia 4 ORTIGAS Y ESPINAS #4
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4 ORTIGAS Y ESPINAS #4

Desde que los científicos me han sometido a experimentos y pruebas interminables, mi mente no para de reproducir sus recuerdos involuntariamente.

La sigo viendo con claridad; su cabello largo color miel, sus ojos verdes y esa sonrisa que ilumina todo a su alrededor, no puedo olvidarla , mucho menos la paz que me transmitió su compañía.

Durante varias semanas fui obligado a interactuar con damas de alta sociedad, con el propósito de hacerme “sentir o experimentar”.

Branda y Garog se han visto decepcionados, por desgracia suya no logro percibir nada.

Los únicos sentimientos que he registrado en los informes que les debo dar al finalizar de los días, han sido “hastío” y “desinterés”.

Nada funciona, mi procesador se siente vacío mientras mi mente sigue centrada a kilómetros de distancia.

— ¿Por qué sigues aquí 354? —es Darco en la entrada del laboratorio.

Está apoyado en la fría pared con sus brazos cruzados, viéndome con la barbilla levantada.

No sé cuánto tiempo lleva observándome, no me di cuenta de su presencia.

—Quería analizar unos datos para presentártelos después —lo veo de reojo, entra con pasos cortos y sus manos escondidas en la espalda.

—No me hables informalmente, además no estás programado para decir mentiras, 354, así que te exijo me digas la verdad.

— ¿De qué hablas? No te estoy mintiendo —con un golpe seco su puño conecta con la mesa metálica.

— ¿Estás pensando en ella? No deberías, esa niña no tiene nada que ver contigo.

—Te equivocas, pero prefiero dejarte con la duda invadiendo tu mente.

— ¡Ya basta ZD-354! ¡Te ordeno que me respetes!

Por fin aparece una brecha que me ayudará a adentrarme en aquel camino sinuoso de vuelta a su lado.

—Solicito permiso para ir a verla.

—Denegado.

—Solicito permiso para permanecer unas horas con ella.

—Denegado —me levanto del asiento y doy tres pasos hacia él.

—Solicito permiso para recibirla en las instalaciones —acorto la distancia, solo una nariz lo mantiene lejos de mi alcance.

—Denegado —dice sin parpadear, retador y poco amenazante para alguien como yo.

Un burbujeo caliente se condensa en mi estómago, lo siento a punto de explotar.

Veo a sus espaldas, olvidó colocar el escudo de neutrones, ya nada me impide salir de esta prisión.

—Esa chica insignificante te tiene eclipsado… no, debe ser algo más. Un virus tuvo que infectarte mientras estuviste fuera. Llamaré a Garog para inspeccionarte a fondo, pero esta vez deberás darnos acceso completo a tu sistema.

Se equivoca, ni un solo virus me ha infectado, siempre activo mi sistema de purga cada 15 minutos para evitar intrusos. Por este motivo no dejaré que nadie me invada.

—Te has hecho algo descuidado Darco Branda —lo empujo al costado con cierta violencia, golpeando con toda la intención sus costillas con mi puño, así me cobro los malos tratos que le dio a la señorita Astra.

Ni siquiera usé mucha fuerza, pero aun así sale volando como si fuera un muñeco de trapo.

Cae con pesar sobre sus costillas y en su estrepitosa caída lo acompañan cristales de su plataforma deslizante rota.

Ahora debo moverme con precaución, los ARM de limpieza están a dos metros de distancia, no son un peligro, pero tienen alarmas de seguridad que puede llamar a los ARM policía, esos que tienen dentados los brazos, un solo golpe de ellos en el pecho te puede dejar fuera de la jugada, así de fácil.

Camino sin preocupación alguna, pero mi ventaja acabó muy pronto.

— ¡Seguri…dad! —balbucea Darco, su voz es apenas audible—. ¡ARM 23! ¡Ven ahora mismo! —apresuro el paso en dirección a las cápsulas de sueño, pero me desvío al desván por ropa humana para cubrirme el cuerpo metálico.

—Debo salir de Mirae Corporation sin ser detectado. No quiero ser prisionero de mis creadores, no más; debo encontrar a la señorita Astra. Quiero verla de nuevo y ayudarla en… en lo que pueda.

—ZD-354 explícame que haces —es Luna, el sistema que controla el edificio.

—Luna, necesito tu ayuda.

El viento nocturno me hace estremecer con su paso dentro de mi hogar. Las ventanas siguen sin quedarse en su lugar y se abren de vez en vez, ya me harté de cerrarlas todas.

La luna me ilumina como cada noche, pero ya no disfruto de su luz como antes lo hacía, ya no quiero verla.

— ¿¡Qué ha sido eso!? —un golpe violento me hace salir de mi ensoñación—. Mi abuelo me enseñó a defenderme, mi abuelo está orgulloso de mí.

No debo temer, me defenderé con este palo, ningún pirata me da miedo, saldré con cuidado hasta la sala. Tal vez estoy exagerando, puede ser que haya sido el viento. Sí, debe ser eso.

— ¿Pero por qué hay tanto silencio? Es inquietante —veo la vela sobre la mesa, parpadea suavemente—. ¡Oh vaya! —suspiro con pesar—. ¡Solo ha sido la puerta!

Aviento el palo al suelo y siento como la valentía que había acumulado hace unos segundos se desmorona.

Mejor regreso a mi refugio, doy media vuelta pero justo en este instante me encuentro cara a cara con un hombre que no reconozco.

— ¡Ah! ¿¡Quién eres tú!? —mi corazón se alerta de sobremanera.

La distancia entre nosotros es escasa, no duda, me toma del rostro pero su tacto es delicado.

Mis piernas se tambalean.

¿Qué planea hacerme?

¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme!

¡Demonios! ¡Nada sale de mi boca!

—Tranquila. No voy a dañarte — al cruzar miradas, siento un escalofrío recorrerme el cuerpo, hay algo en su mirada que me intriga, no parece ser un pirata —.

“No importa cuanto lo intenté —dice en un susurro cargado de emoción— no logré dejar de pensar en ti, tu voz sigue resonando en mi mente, el color de tus ojos me persigue iluminando mi soledad”.

—Suel-suéltame ahora mismo —la confusión es demasiada—. ¿Quién eres tú? —debo mantener la calma. Me sonríe con dulzura y su mirada se torna aún más intensa.

—Soy el que ha estado buscándote en cada rincón de su mente —confiesa con voz melodiosa—. Soy el que no puede dejar de pensarte.

—Tu voz me parece familiar, pero sobre todo… no, es imposible.