4 ORTIGAS Y ESPINAS #3
—Cada momento que pasé a su lado permanecerá imborrable en mi memoria —respondo a su petición—.
El conocerla trajo matices a mi mundo que desconocía.
El color dorado de sus cabellos, lo verde de sus ojos, sus pecas que parecen mapas de la galaxia Andrómeda; son algo que no olvidaré — le susurro y siento como cada palabra se convierte en un eco dentro de mi sistema —.
No importa cuánto tiempo pase, reproduciré su recuerdo una y otra vez en mi base de datos, cuando sienta la necesidad de su compañía.
Le comparto los pensamientos que he tenido de ella desde el momento que dejé Cielo Espectral. Con esto espero poder reducir un porcentaje el impacto negativo de este suceso en sus emociones.
En verdad deseo evitar que le afecten a largo plazo.
— ¿Por qué me dejaste? —se atraganta con las palabras.
El equipo de seguridad nos interrumpe, la sacan a rastras junto con sus amigos.
Me siento pesado y desorientado al ver cómo se alejan de mí, no quiero estar aquí, quiero irme con ellos.
Mis sensores no paran de registrar, pero mi capacidad de reaccionar y de… sentir, se apagan.
Me siento como una cáscara vacía, tal como si mi matriz de datos principal hubiera sufrido una corrupción irreversible.
Regreso a mi asiento, dispuesto a continuar con su intento de doblegarme, aunque cada electroshock y escaneo me recuerde lo que he perdido, aquello que pudo ser y ahora nunca sucederá.
¡Nos empujan a la calle como si no valiéramos nada!
— ¡Ádamis ya es suficiente! —Rafayel quiere hacerme razonar, pero sus palabras no son claras para mí.
—Esta vez procure no regresar señorita Astra —dicen los oficiales.
— ¡Idiotas! —Sam les arroja una piedra que no conecta con nada.
—No quiero irme sin él —trato de hablar, de sentirme y verme fuerte, pero el nudo de mi garganta me delata cada vez más.
Ellos no comprenden lo profunda que es mi conexión con Ed.
Hay algo en su esencia que me dice que no desea estar aquí; este lugar no es bueno para él.
—Hicimos lo que pudimos —interviene Rafayel, su tono es un intento de consuelo—. Además, ellos son más que nosotros, no podemos tomarlo e irnos intactos.
Tiene razón, solo somos campesinos enfrentándonos a un ejército.
La realidad me golpea tan fuerte que me hace perder el equilibrio, siento como si cayera sobre nosotros una sombra opresora.
—Tienen a policías de su lado, y no solo eso, también tienen a esos ARM armados hasta los dedos de los pies —continúa Rafayel y siento el peso de su lógica.
—En ese caso, creo que — mi voz se quiebra y las lágrimas surgen, desaparece la ilusión que había intentado mantener celosamente —. Debo aceptar la realidad —Sam asiente—, tengo que olvidarme de ZD-354, ahora los entiendo chicos.
— ¡Gracias a Dios! —Samantha aplaude con frenesí.
—Él es una súper computadora y no debo preocuparme por su destino.
El dolor de esta aceptación se siente como un puñal en mi alma, pero sé que debo ser fuerte.
—Ádamis… —Rafayel me abraza con fuerza.
DOS AÑOS Y MEDIO MÁS TARDE.
—No entiendo por qué estás quejándote “354”, sabes que estos chequeos son parte de la rutina —Darco me ve con cinismo palpable, sus ojos brillan con una mezcla de desdén y frustración.
—Además tú decidiste regresar a Mirae Corporation por tu cuenta —replica Samael, evocando aquel momento que aún reverbera en mi memoria como un eco distante.
Recuerdo el prado lleno de flores antes del amanecer, aquel día que dejé de estar al lado de la señorita Astra; había un mar de colores vibrantes que danzaban suavemente con la brisa.
Busqué refugio ahí porque el dispositivo en mi pecho no paraba de encenderse, enviando descargas eléctricas que recorrían mis circuitos como tormentas internas.
No quería que la señorita Astra me viera en ese estado: debilitado y vulnerable, expuesto a su mirada llena de preocupación.
Fue entonces cuando respondí el llamado insistente y me sorprendí al ver a Darco: su imagen se proyectó ante mí como un holograma tenue que poco a poco tomó forma, no comprendía lo que sucedía.
La confusión nubló más mis sentidos…
—Por fin respondes ZD-354 — su voz resuena como un eco lejano en mi conciencia.
— ¿Qué sucede? ¿Por qué puedo verlo como si estuviera frente a mí? — lo interrumpí con la incertidumbre burbujeando en mi interior.
—Es una conexión inherente entre Mirae Corporation y todos sus ARM —me explica Darco con una calma fría—. Seré breve, he intentado localizarte, pero por alguna razón que desconozco, has desconectado tu geolocalización. Ya es hora de regresar.
La pregunta brota de mis labios antes de poder contenerla:
— ¿Puedo decidir? — algo chisporrotea en mi núcleo, como un destello efímero en medio de la tormenta.
—Claro que no ZD-354 tienes órdenes de regresar. No quiero obligarte, y menos usar tu código maestro en tu contra, podrías presentar fallas si lo hago —su respuesta es contundente.
Las dudas se presentan:
Cielo Espectral ahora es mi refugio y no estoy seguro de querer abandonarlo.
—No comprendes “354”; aunque sientas necesario quedarte en donde sea que estés, no perteneces ahí. Tienes un propósito que no cumplirás lejos de nosotros —con voz autoritaria truena los dedos.
—Te he llamado muchas veces; debiste sentirlo como una corriente eléctrica recorriendo tu eje central.
Y para tu desdicha, “máquina”, cada vez será más intenso, te dejará inmovilizado por horas y completamente expuesto.
No me obligues a ejecutarlo, de lo contrario serás una presa para los furtivos, que anhelan tener piezas exclusivas de ARM para revenderlas.
En ese preciso instante, la electricidad se condensó dentro de mí como una advertencia, el costo de ignorar lo que se espera de mí es alto, y doloroso.
— ¡ZD-354! ¿Estás prestando atención? — Darco me trae al presente .
—No, yo…
—No importa, siempre te pones de esta manera —Darco parece estar de mal humor—, si te soy honesto estás comenzando a cansarme “354”.
—Darco, muéstrame los informes. Por cierto, me han llegado rumores de un campesino, no recuerdo el nombre, así que no preguntes.
— ¿Rumores? ¿Garog te parece que tenemos tiempo para rumores? —Darco le muestra los informes en las plataformas flotantes.
—Estos son interesantes, parece que la señorita Ádamis Astra se encuentra en un estado de aparente depresión.
— ¿Qué dijiste Samael Garog? — mi sistema se activa al escuchar su nombre.
Una creciente combustión se intensifica en mis circuitos, no entiendo qué le ha sucedido.
—Tranquilízate “354” —Samael se aclara la garganta, lo veo confundido al escucharme dirigirme a él informalmente—, no le ha ocurrido nada en particular.
Después de haber estado aquí, la señorita Ádamis llegó a su casucha y se encerró por días, eso es lo que dice el informante, y tal parece que sigue así.
Experimento una disonancia en mis sistemas.
No puedo evitar sentirme perturbado al imaginarla en soledad.
Esta información provoca un nudo en mi núcleo.
Darco observa mi reacción con brazos cruzados con una mezcla de diversión y curiosidad.
— ¿Perturbado? eso es interesante viniendo de un ser como tú —Samael gira y fija su mirada en la pantalla flotante.
—La realidad es que a veces las personas necesitan tiempo para sanar y olvidar. Pero lo que no entiendo es por qué te importa tanto ZD-354 —Samael desliza su dedo de abajo hacia arriba sobre la pantalla.
—Porque… — la voz se me atora al salir de los labios —, creo que podría ayudarla —Darco se burla de mí, pero hay un matiz de respeto en su risa.
— ¿Tú? ¿Ayudarla? ¿Y cómo piensas hacer eso? Solo eres una máquina “354” —dice poniendo los ojos en blanco.
Tal vez no sea solo eso, me niego a serlo.
—He observado a los humanos y aprendido sobre sus emociones. A veces, solo necesitan saber que alguien se preocupa por ellos.
Intercambian miradas, sé que analizan mi respuesta.
Cada segundo que pasa la señorita Astra se hunde más en la oscuridad.
Quiero verla, decirle que estoy bien, que la añoro, decirle que e aprendido más cosas a su lado que permaneciendo aquí en Mirae Corporation.
—Claro, 354, claro que sí —ríen por lo bajo.
—No te hagas ilusiones, no lograrías nada yendo a su lado —dice Garog.
— ¿Están burlándose de mí? —sin pensarlo me levanto lleno de expectativa y lanzo la silla detrás de mí.
Paran de reírse y me miran con una mezcla de miedo y diversión.
—No nos burlamos 354 —la voz de Samael es serena y calculadora—, solo estamos analizando tus reacciones.
Es fascinante ver cómo una máquina como tú puede experimentar algo similar a las emociones humanas.
Me veo las manos al sentir un temblor, lo mismo le pasa a mis piernas.
¿Acaso estoy sintiendo “enojo o ira”?
La confusión se apodera de mí, y siento que estoy perdiendo el control.
—Perfecto 354 —Darco sonríe complacido con mi reacción—, estamos muy satisfechos con esta respuesta, parece que estás listo para dar el siguiente paso —se me acerca viéndome con su mirada escrutadora y calculadora.
—Así es ZD-354 —Samael habla en un tono bajo y amenazante—, estás listo para ser todo un éxito.
—Muy pronto conocerás a tu nuevo amo, un árabe de gran renombre.
—Espera… ¿De qué hablas Darco? No me habías dicho nada de esto.
La manera en la que hablan, cada vez es más inquietante.
¿Qué planean hacer conmigo?
—Dejaremos que te enfríes 354 —dando grandes pasos salen apresurados del laboratorio.
—Esperaré a que caiga la noche y todo esté en completa tranquilidad para sumergirme en mis pensamientos —suspiro extenuado—, aunque si me permito un breve análisis; tenía una perspectiva diferente a lo que es la actualidad de la señorita Astra, no me parecía ser tan indispensable en su realidad.
Creí que al pasar todo este tiempo lejos, podría dejarla en el pasado, creyendo que ella también me habría olvidado.
Pero ahora noto que la he estado buscando inconscientemente en pequeños detalles.