4 ORTIGAS Y ESPINAS #2
Para mi grata sorpresa el señor Roppulos se ofrece a llevarnos, y por la potencia de su vieja aeronave debemos prepararnos para un largo y extenuante camino, aprovecharé este tiempo en silencio para aclarar mis pensamientos.
Sé muy bien que mis amigos tienen razón en algo, Mirae solo me prestó a ZD-354, pero hay algo en él que me detiene a dejarlos hacerle lo que quieran.
A pesar de haber compartido estos últimos días con él, siento que no lo conozco lo suficiente, pero ahora que lo pienso, si lo comparo con otros ARM, basándome en la experiencia de mis compañeros de facultad con sus “ayudantes móviles” no tienen punto de comparación con lo que es Ed Zill, en verdad creo que él debe ser libre del control de Mirae Corporation.
Siento que su propósito es aún mayor que ser vendido en masa.
Mi instinto me guía a protegerlo y a ayudarlo a ser él mismo. Todavía no sé qué me pasa con Ed, pero no quiero que viva aprisionado a cadenas invisibles.
Por fin llegamos a la ciudad, pero cinco horas más tarde, ni hablar de lo caótico que fue el tráfico.
—Chicos, debemos entrar y exigirles que nos dejen ver a ZD-354, o mejor aún, que nos lo entreguen —exclamo con seguridad. Samantha y Rafayel me miran con nerviosismo, se frotan las manos temblorosas, pero al verme directo a los ojos también se llenan de valor.
—Haremos todo lo posible para que lo veas Ádamis —Rafayel luce exhausto, pero decidido—. No por nada soportamos tantas horas en el tráfico.
—Muy bien, en marcha —los tomo de las manos y respiro con pesadez.
Al dar el primer paso en Mirae no tardan mucho en identificarme con sus escáneres. Una luz blanca recorre nuestros cuerpos y la voz de “Luna” habla desde el identificador:
—Bienvenidos a Mirae Corporation, deseamos que tengan un excelente día conociendo nuestras instalaciones… Bienvenida de nuevo, señorita Ádamis Astra.
—Hola Luna.
— ¿Conoces al sistema que controla el edificio? —Rafayel abre la boca con exageración.
—Sí, de la última vez que estuve aquí, cuando ZD-354 me salvó de ir a prisión.
— ¡Detente ahora mismo ladrona! —un guardia de seguridad me corta el paso.
¡No puede ser! ¡Es el mismo que me quería encerrar!
— ¡Suélteme! —forcejeo con él. Me está lastimando los hombros—. Necesito ver a ZD-354. ¡Ustedes le hicieron algo!
Con un movimiento torpe causado por el piso húmedo que unos ARM están limpiando, logro empujar al oficial, pero antes de poder reaccionar, Sam y Rafayel son rodeados por los demás guardias.
— ¡No puede ser! —murmuro—. ¡Tengo pésima suerte!
Los robots policía llegan al escuchar el alboroto.
¡Miden dos metros! ¡O tal vez más!
Son color óxido y tienen ojos rojos aterradores, son ruidosos y bruscos en sus movimientos.
No tengo más remedio que quedarme quieta, me apuntan con sus armas largas directo a la frente.
— ¡Manos arriba! —ordenan con voz estrambótica.
Sus voces me perseguirán en pesadillas.
— ¿Ahora que sucede? —un hombre alto y rubio se abre paso, elegante.
Me mira con desprecio, como si no valiera nada. ¿Qué ocurre con él?
Su mirada me hace sentir asqueada, pero no voy a retroceder. Estoy decidida a encontrar a Ed y saber qué está pasando.
—Buenas tardes, señorita Ádamis Astra — su voz me da escalofríos —. Nos preguntábamos en Mirae Corporation cuándo aparecería.
— ¿Quién es usted y por qué me conoce? — mantengo la voz firme, pero siento una creciente ansiedad.
—Disculpe mis malos modales —se acerca, tocando su nariz en repetidas ocasiones—. No suelo involucrarme con personas como… no importa.
Gira hacia los ARM policía, con un simple gesto les ordena bajar sus armas.
—Soy el Doctor Samael Garog, uno de los responsables del óptimo funcionamiento de muchos ARM en Mirae Corporation y en especial de ZD-354. Puedo concluir que usted quedó fascinada con él. ¿No es así? —su tono es burlesco.
¿¡Qué sabe éste “Doctor” sobre Ed y yo!?
—No sé a qué se refiere —una risita sale de su asquerosa boca—. ZD-354 desapareció esta mañana, solo queremos saber si se encuentra bien.
Quiero pasar por encima de él y buscarlo por mis propios medios.
—Si se encuentra “a salvo” querrá decir, señorita Astra.
Además, ZD-354 no es una persona para que se preocupe por él.
Está equipado para defenderse en caso necesario, y su capacidad de respuesta es igual de rápida a la de un ser humano —pensaba debatir su respuesta, pero me interrumpe bruscamente dejándome en un silencio vergonzoso.
—Dejaremos que pase solo por esta ocasión, junto a sus… compañeros —los señala con desdén, como si fueran especímenes de laboratorio.
¡No soporto a éste tipo!
—Ádamis, cálmate ya, por favor —Rafayel me susurra. Intenta jalarme del brazo pero me niego y me quito al instante, estoy muy furiosa.
—Dejemos que nos guíen, pero no se separen —les digo en voz baja.
—Está bien —Sam se aferra a mi mano.
Seguimos al Doctor “Garog” y entramos a una sala larga y fría, parece estar en el pico más alto del invierno a pesar de ser pleno verano.
—Detrás de ese cristal, señorita Astra y compañía, se encuentra nuestro robot más reciente: ZD-354 —es como si escupiera las palabras, al levantar con ligereza una esquina de la boca—. Disfruten de la vista.
Me acerco al cristal y apenas logro comprender la escena que está ante mí, es escalofriante.
ZD-354 está conectado de manos y piernas a múltiples cables, serpentean por todo su cuerpo. Se sacude y un líquido sale de su boca, parece sufrir.
Un grito de terror escapa de mis labios, resuena en la sala como un eco de desesperación.
La piel me arde, erizada por el horror que me envuelve. Garog parece complacido; su risa llena el aire tenso, es como si disfrutara de mi sufrimiento.
— ¿¡Qué está pasando!? ¿¡Qué le están haciendo!? —exijo respuestas pero no las tengo.
¡Es como si mi angustia para él fuera un espectáculo entretenido!
—Discúlpame por no haber llegado antes a ti, esto es mi culpa —ignoro a Garog y trato de hablar con Ed, pero este tipo me interrumpe de nuevo.
—Tranquilidad es una de las virtudes más especiales de los seres humanos —dice mientras sus dedos fríos y dolorosamente firmes me presionan el hombro—.
Para nutrirla de información, ZD-354 está bajo un procedimiento complejo, lo que usted ve es simple maquinaria trabajando para obligarlo a obedecernos.
Cada palabra suya, son clavos que se hunden en mi corazón.
Una mezcla de rabia y horror borbotean de mis ojos.
Estoy horrorizada y enfurecida por la forma en la que Garog trata a Ed, y cómo nos habla a nosotros.
¿Qué clase de persona puede hacer esto?
¿Qué tipo de monstruo se oculta detrás de esa fachada de civilidad?
Un ruido frena el dolor…
— ¿Qué ha sido eso? — me pregunto concentrándome lo suficiente en procesar información —. ¿Acaso escuché a la señorita Astra?
— ¡No te muevas! —el señor Branda continúa con los shocks eléctricos que me provocan completa agonía, pero ya no me importa, solo quiero saber si está a salvo. Me fui de su lado para evitarle este tipo de dolor .
— ¡Suficiente ZD-354! —el señor Branda me fuerza a permanecer en la silla digital con furia—. ¡Vuelve a tu asiento ahora mismo! ¡Es una orden! —logro identificarla, me levanto apresurado.
Quito de mi cuerpo la mayoría de cables que están a mi disposición.
Me acerco a la pared de cristal que nos separa. Un río de lágrimas recorre su rostro y el terror se apodera de su mirada.
Al verme a través del cristal, el señor Garog, suelta el hombro de la señorita Astra, y limpia su mano con un gesto de asco.
— ¡ZD-354! ¡Regresa ahora mismo! —resopla el señor Branda a mis espaldas.
—Entre más te resistas, “máquina”, más doloroso será para ti —ambos tienen un brillo inusual en los ojos, estoy convencido que están disfrutando del momento.
La situación está generándome ebulliciones internas que no logro procesar y mucho menos identificar.
Las pisadas del señor Branda hacen eco en la amplia sala. Se acerca al cristal y se dirige a la señorita Astra con tono de burla.
—Señorita Ádamis Astra, no esperábamos verla tan…
no importa. Quisiera agradecerle por haber tratado con tanto cuidado a nuestro ARM, y sobre todo por preocuparse por él.
Se nota que usted es una persona inteligente, apuesto que conoce el precio que tiene una máquina como esta —lo último lo dice con desprecio, barriéndola con la mirada.
—No me responda —detiene a la señorita Astra levantando una mano—, es obvia su respuesta viéndola en nuestras instalaciones, pero lamento informarle que es hora de la despedida.
— ¿Qué está sucediendo? — me pregunto en silencio, confundido por las acciones de los Doctores con la señorita Astra .
—Entonces, déjenme entrar —intenta forzar la puerta sin éxito.
—Lo siento —el señor Branda habla con la boca ladeada—, no pueden estar en la misma habitación, tienen que despedirse frente a todos nosotros.
Detecto patrones de intimidación y humillación en el ambiente.
No deseo ver a la señorita Astra derramar lágrimas frente a estos crueles científicos.
Tomo una decisión rápida y me dirijo hacia ella.
Darco y Samael, se sorprenden al verme ignorarlos nuevamente.
Con mi estatura de fábrica restablecida, me doblo al frente para estar cerca de sus ojos. Levanto una mano y la mantengo suspendida en el aire.
No intercambiamos palabras; nuestras miradas se encuentran, llenas de significado.
—Señorita Astra —rompo el silencio—, le pido disculpas por haberme ido de su lado sin darle explicaciones. Quiero que sepa que estoy agradecido con usted y sus amigos por haberme mostrado parte de su realidad, también por haberme aceptado como uno más de los suyos.
—Termina de una vez ZD-354 —Garog se impacienta.
Este suceso es imprevisto y me causa cierta dificultad, en adelante debo cuidar mis palabras.
—Ed… ¿Qué te están haciendo? —murmura aterrada con lágrimas en los ojos.