Eta Carinae: Divergencia 3 UN LUGAR EN CALMA #3
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3 UN LUGAR EN CALMA #3

—Solo intento descubrir lo que veo señorita Astra. La belleza del mundo es algo que me fascina, estando aquí lo descubrí. Presiento que hay algo más allá de lo que podemos ver.

Se acerca un poco más, su hombro roza el mío.

—Me agrada cómo ves el mundo, eres un ser muy especial ZD-354 —hace una pequeña pausa al esconder una sonrisa tímida—. ¿Por qué siempre me llamas señorita Astra? a mis amigos los llamas por sus nombres.

—Le ofrezco mis disculpas —me paro frente suyo y le ofrezco mi mano—. Sus amigos me han pedido que los llame por sus nombres de pila, si usted me lo ordena puedo llamarla como me lo indique.

—Entiendo… por ahora tú serás Ed Zill.

¿Acaba de ponerme un apodo?

—Pero no debes dejar que nadie más te llame así, prométemelo.

—Se lo prometo señorita Astra —veo mi reflejo en su mirada, pero noto algo más, dentro de mí, es un intruso que rompe la intimidad del momento.

En mi interior un dispositivo se enciende brevemente, es una opresión acompañada de una dolorosa descarga eléctrica. No diré nada, no quiero arruinar el momento de tranquilidad de la señorita Astra.

— ¿Qué te gusta hacer cuando no estamos juntos? —intento concentrarme en su pregunta.

—Me agrada observar el mundo —a ctivo el sistema de evasión; el dolor punzante es más duradero, debo levantar la mirada del suelo para que no lo note —.

Y sobre todo aprender sobre las personas y sus conexiones, me fascina la complejidad de los seres humanos — está funcionando, la incomodidad y dolor se están desvaneciendo.

—Eres uno de los seres más interesantes que he conocido. He tratado a otros ARM y tú eres un verdadero misterio Ed Zill.

Un sonido emana de mi interior, es un intento por reír en voz baja.

Es sorprendente escuchar esto salir de mi boca.

—No soy un misterio, señorita, solo soy un “ARM” que intenta comprender más sobre el mundo y sus habitantes.

—No me parece que solo seas “una supercomputadora” —toma mi mano apretando con fuerza—, me parece que eres más que eso. Y no sé, tal vez no has sido diseñado para seguir el ejemplo de otros ARM.

El dispositivo en mi pecho se enciende de nuevo, esta vez es una descarga eléctrica más fuerte, fallo y no logro evitarla, me doblo por la mitad.

Trato de disimular para que la señorita no lo note, y parece que esta vez he tenido éxito.

Me incorporo con lentitud, concentrándome en ella, envío a mi sistema una serie de pulsos digitales que recorren mis circuitos, cada uno con un comando específico al Algoritmo de Mitigación de Dolor (AMD), que logra hacerme salir del estado de shock.

La señorita Astra me mira con el ceño fruncido, está apunto de decirme algo.

Me distraigo y busco algo cerca de nosotros, al lado de su pie izquierdo tomo una flor celeste, para hacer mi reacción más natural.

Con la flor en las manos, me levanto con suavidad y me siento a su lado, dejándome caer pesadamente en el pasto seco.

Permanezco en silencio y siento mi cuerpo relajarse progresivamente.

No calculé adecuadamente nuestra distancia; al dirigirle una mirada percibo los escasos centímetros que nos separan.

Un deseo en mi núcleo se presenta, es la primera vez que nuestros rostros casi se tocan…

Cediendo a la petición de mi núcleo, levanto levemente su barbilla rozando su piel con mi dedo pulgar e índice.

Deseo memorizarla mejor: acorto más la distancia y aprecio mejor sus pecas en forma de galaxia de Andrómeda.

No comprendo aún los sentimientos que le genero con esta acción, pero veo sus pupilas dilatarse mientras entreabre sus labios color cereza. Y el dolor, ya no está presente…

—Ed no me molesta que me llames “señorita Astra”, cuando decidas que es momento de empezar a llamarme por mi nombre, no dudes y hazlo —ruborizada se aleja un poco dejando mi mano caer.

—Si esas son sus órdenes, las acepto señorita Astra —pretendo recabar más información sobre ella: acaricio su rostro suave y cálido al tacto, es una sensación intere…

Un zumbido constante similar a un enjambre de abejas captura mi atención.

Le suelto el rostro al perder la mirada unos momentos en el cielo estrellado.

Escaneando exhaustivamente… mis ojos se detienen en él: objeto identificado.

Ajustando visión nocturna.

Objeto: Dron «aeronave no tripulada».

Que extraño; mis datos no lo relacionan con Mirae Corporation.

Activando sistema de seguridad.

Con un movimiento rápido y preciso, hago estallar al dron en miles de pedazos, se crea al instante una explosión que parece un fuego artificial. La señorita Astra se sorprende y se vuelve hacia mí con una mirada interrogante.

— ¿Qué ha sido eso? —tiene una mirada divertida.

Por suerte no sospecha nada.

—Deseaba obsequiarle un momento memorable, señorita Astra. Es un pequeño regalo para que siempre recuerde esta noche —con ojos brillantes y tiernos se acerca un poco más.

Un destello plateado juega cerca de las montañas.

Es extraño, pero no quiero ir a averiguar de qué se trata, quiero seguir al lado de la señorita Astra.

—Eres muy especial Ed Zill y me alegra tanto que hayas aparecido en mi vida.

Seguimos hablando un poco más, pero tengo una sensación inexplicable. No estoy seguro de lo que ocurre con el dispositivo que está en mi cuerpo, pero estoy convencido de que no es algo bueno.