3 UN LUGAR EN CALMA
D ebo buscar cualquier señal de individuos o ARM que sean un peligro para la señorita Astra.
— ¿Qué estás haciendo? —temblando en mi espalda, la señorita Astra se aferra a mí con temor.
El silencio no permanece demasiado, escucho la respiración agitada de dos personas.
Un movimiento rápido capta mi visión, detrás de los arbustos emergen dos figuras, armadas con palos largos.
Se detiene frente a mí un hombre de 164 cm, de ojos color miel, desorbitado, grita amenazador. Su vestimenta es muy curiosa: un overol corto y botas que no parecen ser de su talla que lo hacen tropezar, en un intento desesperado por atacarme directo al rostro.
A su lado una mujer de 158 cm, de labios grandes que se tensan hasta formar una línea, se aferra al costado de su compañero y gritan de la misma manera.
Tratan de intimidarme con aquellas expresiones: ojos muy abiertos y cejas caídas. Me parecen cómicos .
— ¡¿Qué es esto ZD-354?! —al tocarme la espalda puedo sentir el temblor en la punta de sus dedos.
— ¿Se refiere a esto señorita? —intenta salir del refugio que le da mi cuerpo para apreciar mejor el arma en la que se transformó lo que era mi brazo derecho, pero la detengo —. Mi piel tiene nanotecnología, me permite modificar las extremidades cuando detecto peligro.
— ¡Aléjate de ella, ma-máquina! —el hombre se levanta con dificultad ayudado por la señorita que lo acompaña.
El término… “máquina” me genera una sensación extraña, ésta es la primera vez que recibo esas palabras directamente.
La señorita Astra interviene, al verlos tomar de nueva cuenta aquellos palos largos para apuntar a mis ojos.
—Está bien chicos, bajen esos palos, él vino conmigo. Es ZD-354 —la señorita Astra levanta ambas manos para calmar la tensión del momento.
Hago una breve búsqueda e identifico al hombre llamado “Rafayel Santana” y la mujer de ojos azules brillantes es “Samantha Venois”.
— Esperen ¿Qué hacen aquí? ¿Le sucedió algo al abuelo? —se queda todo en silencio, pero no me quitan los ojos de encima.
— ¡Baja eso de una vez! ¡Ellos no son una amenaza! —con paso decidido la señorita Astra sale por completo de mi protección, y camina segura a mi costado.
—Ellos son mis amigos.
Se para al frente mío y con lentitud posa su mano sobre el arma que sale de mi brazo, incitándome a bajarla.
— ¿Qué haces con ese… tipo? ¡Respóndeme ahora mismo Ádamis!
Los “amigos” de la señorita Astra la toman del brazo y la mantienen cerca para examinar su rostro, brazos y cuello con evidente preocupación.
— ¡Basta los dos! ¡Estoy bien! Y de no ser por ZD-354, ahora estaría encerrada en la prisión ilegal de Mirae Corporation —con cierta dificultad se libera del agarre de sus amigos y se coloca firme a mi costado.
—Puesto que te encuentras “de maravilla” —la señorita Astra pone los ojos en blanco—. No lo niegues Ádamis, acabamos de ver una enorme sonrisa tuya y fue gracias a…
La señorita Venois se interrumpe, frunce el cejo mientras frota su barbilla, trata de recordar algo.
— ¿Cuál era tu nombre?
Me detengo un momento para apreciarla: sus ojos brillan llenos de curiosidad, y el temor que antes había mostrado ha desaparecido por completo.
—Es ZD-354, señorita Venois —expreso con voz serena y precisa—. Estoy a su disposición.
Cuido cada paso y cada movimiento que doy, no pienso mostrarme amenazador y mucho menos espero que se accidenten al golpearse con mi cuerpo.
Me inclino con ligereza en una reverencia sin perder de vista los ojos centellantes de esta mujer. Le extiendo la mano de forma elegante tal como si le ofreciera un obsequio.
La señorita Venois toma mi mano con firmeza que solo dura unos segundos, dejando a relucir su nerviosismo.
Su rostro se ilumina con un rubor carmesí, la conexión momentánea entre nosotros despertó algo más profundo en ella.
—Si tu abuelo está bien —la señorita Astra se aclara la garganta—. ¿Me pueden explicar qué están haciendo en mi casa? —su voz resuena en un tono más intenso.
La señorita Venois retuerce sus manos con notoria vergüenza, sus ojos evaden la mirada de los demás.
—Quería ver si tenías medicinas —la señorita Venois habla en un susurro que se pierde en la tensión del momento.
La señorita Astra asiente y dirige la mirada a su amiga.
— ¿Otra vez se siente mal? —suspira cerrando los ojos con fuerza—. Dime cuáles son sus síntomas e iré ahora mismo.
Antes de que la señorita Astra dé un paso dentro de su hogar la detengo.
— ¿Qué sucede señorita? —con un movimiento brusco me aparta la mano—. ¿Hay algo que le preocupe?
—Es su corazón —me explica con ojos rojos—, el abuelo de Sam tiene una enfermedad, ahora no me interrumpas, debo apurarme.
—Espere señorita Astra, yo puedo ayudarla, para eso estoy aquí, no solo para protegerla. Mi conocimiento médico avanzado; podría serle útil para tratar la enfermedad del abuelo de la señorita Venois.
Duda por un momento, busca respuestas en mí con una mirada desafiante.
—Ádamis, deberías aceptar su ayuda ahora que está aquí —la señorita Venois amenaza con romper a llorar.
—Agradezco su voto de confianza, señorita Venois.
—Puedes decirme Samantha —le agradezco inclinando la cabeza—. Y a estas alturas deberías saber que si Ádamis confía en ti, nosotros también lo haremos. La trajiste hasta a salvo y no vemos oficiales de Mirae Corporation por ningún lado, eso significa que eres de los buenos.
—Denme unos minutos… —habla la señorita Astra apresurada.
Nos quedamos en la entrada de su casa. La veo ir de un lado a otro con un temblor en las manos.
—Todo en orden —tardó unos minutos en salir, parece tener lo necesario en un pequeño botiquín para atender al abuelo de Samantha—, no perdamos tiempo, en marcha.
Permito que los demás me guíen.
Busco en el entorno posibles amenazas.
Ahora me siento comprometido a permanecer en este sitio, hasta ver el estado de ánimo de la señorita Astra regulado.
Una extraña luz morada intermitente se enciende en mi vista, no comprendo qué puede ser.
—Eres un espécimen realmente fascinante ZD-354 —el joven Santana se me acerca con cautela, deja que las damas avancen al frente.
— ¿Espécimen? Si, podría decirse que lo soy —respondo cortés—. Le agradezco por el cumplido, joven Rafayel Santana.
— ¿Sabes algo? Conozco a ARM parecidos a ti, se especializan en una sola área, por eso me pareces interesante. ¿Eres de la parte médica? Eso podría ayudar a Ádamis en su carrera profesional.
No sé qué debo responder, hago un pequeño análisis a su pregunta… Mi sistema no me arroja datos en concreto.
—No estoy muy seguro, joven Rafayel Santana —su confusión es grande, abre la boca para decir algo pero desiste y la cierra de golpe riendo por lo bajo.
Al caminar codo a codo, noto la gran diferencia de estatura que tienen los humanos con los “ARM”. Ahora comprendo por qué me ven con recelo: mi presencia debe resultarles amenazadora.
Recabando información:
Análisis de reacciones y pensamientos. Tratando de entender mejor las perspectivas humanas.
—Quiero aprovechar para agradecerte por haber rescatado a Ádamis —continúa el joven Santana, su tono es sincero—. Esa chica es testaruda, Sam y yo le dijimos que no fuera a Mirae Corporation pero no nos escuchó, temíamos por su seguridad, Mirae es muy… difícil.
—No comprendo del todo aquella preocupación, pero debe saber que para mí es un gusto serles de ayuda.
—Algún día comprenderás a qué nos referimos ZD… Oye ¿Te puedo llamar ZD? —con una sonrisa amistosa busca mi aprobación.
—Por supuesto, joven Santana — me parece una abreviación interesante —. Si así lo desea puede llamarme “ZD”.
Continuamos caminando por un prado verde, bañado por los últimos rayos de sol.
La suave brisa juega entre las hierbas y crea un ambiente apacible.
El aire tiene un aroma peculiar; mi sistema lo interpreta como algo relajante , hace disminuir progresivamente mi rigidez habitual.
—Puedes llamarme Rafayel —devuelve mi atención a nuestra conversación—. ZD eres muy alto. ¿Cuánto mides exactamente?
Analizando comportamiento:
Recabando información sobre “Rafayel”.
Antes de poder responder, “Samantha” nos interrumpe, al parecer hemos llegado a su casa.
—Antes de entrar… ¿Podrías darme unos minutos para hablar con el abuelo de Sam? —se dirige a mí—. Nunca ha interactuado con la alta tecnología y podría asustarse contigo, eres muy alto e imponente, será un gran impacto para él.
La señorita Astra me toma delicadamente del brazo.
—Agradezco sus palabras —respondo con cortesía—. Mi estatura no es un problema, puedo adecuarla similar a la suya si así me lo ordena.
Tomo su mano con la sutileza que merece, y me acerco listo para posar mis labios sobre ella en un gesto de caballerosidad.
—Te lo agradezco —se libera de mi agarre y aclara un poco su garganta.
Noto cierto color rosado brotar de sus mejillas.
Sus amigos se ríen en voz baja, pero la ilusión termina muy pronto. Dentro de la casa un quejido seco se escucha.
Me apresuro a cambiar las dimensiones de mi cuerpo, tal como se me ordenó indirectamente, tomo prestada la estatura de la señorita Astra «168 cm». Samantha y Rafayel permanecen a mi lado, esperando el llamado de la señorita Astra para entrar a la casa.
—Puedes entrar, parece que no le afecta ver a un ARM por aquí, o eso es lo que él dice.
Con el visto bueno de la señorita Astra, Samantha me guía hasta la habitación de su abuelo que yace en cama y tose con pesar.
Es un hombre mayor de 96 años, acomoda su cabello color gris acero y me sonríe incómodo.
—Señor… —digo con suavidad—. ¿Cuál es su nombre?
— ¿Quién eres tú, pequeño? —me dedica una sonrisa débil—. Soy el abuelo de Samantha, Ernesto.
—Es un gusto señor Ernesto. Soy ZD-354, estoy capacitado para realizar un análisis completo de su salud, e identificar qué tipo de tratamiento es el que necesita.
—Eres muy eficaz, procede como desees amigo mío —me dice con confianza palmeándome el hombro—. Siempre había querido tener un ARM, pero hemos sido muy humildes, tenerte fre-frente a mí es magnífico.