2 ¿PUEDES VERME? #2
—Si le parece pertinente acompañaré a esta mujer a la salida, señora Directora —mi sistema indica peligro y el único objetivo vulnerable es la señorita desarmada en el centro de esta sala.
El sistema me ordena darle protección inmediata.
El silencio se está prolongando más de lo necesario.
¿Necesitaré tomar alguna medida para poner a salvo a esta mujer?
—Está bien, me parece que puedes ir —decide la Directora aunque su tono revela una duda inicial.
— ¡Él no puede…! disculpe, señora Directora, él no debe salir de las instalaciones, no creo que sea conveniente —interviene el señor Branda con prisa, intenta persuadirla al verme avanzar hacia la mujer llamada “Astra”.
—Es la ocasión perfecta para analizar si el modelo ya está listo o aún le falta algo —añade en un susurro que apenas logro captar.
Soy consciente de mi altura y mis proporciones y me acerco con delicadeza a la señorita Astra.
—Señorita —me presento haciendo una reverencia—, soy ZD-354. ¿Me permite acompañarla a la salida? —me ve con desconfianza, de arriba hacia abajo, con los ojos verdes almendrados estrechándose con ligereza, tiene un brillo cálido.
— ¿Por qué harías eso? —Replica con cautela, liberándose al instante de las manos de los oficiales—. ¿Ellos te están controlando para sacarme información o qué?
En el reflejo de una pared de cristal puedo ver a la Directora y al señor Branda; nos observan con interés, pero en estos instantes mi prioridad debe ser la señorita Astra.
—Puedo llevarla a su hogar —le ofrezco—, si así lo desea. Y no está demás decirle que percibo hostilidad de parte de estos oficiales, son un peligro para usted —al escuchar mis palabras los oficiales carraspean y se alejan lo suficiente.
Me parece que sus intenciones eran otras contra la señorita Astra.
—Me han hecho daño en los brazos y no me gusta cómo me ven —duda un momento, pero termina asintiendo—. Está bien —suspira cansinamente parándose cerca de mí—, incluso si es una orden de ellos quiero salir de aquí íntegra.
Asiento con la cabeza al igual que hizo ella, y la guio fuera de la sala.
Los murmullos de los científicos llenan el aire, por el reflejo de una puerta de cristal, veo al señor Branda y a la Directora compartiendo una sonrisa cómplice, acompañada de ademanes que le hace a dos de sus ARM armados, asienten y nos miran con fijeza.
No logro evitar percatarme de la apariencia de la señorita Astra: luce desarreglada, su cabello color miel centella con la luz que se filtra por las ventanas, una ligera brizna lo hace ondear sutilmente, y de sus ojos verdes se refleja la desconfianza.
—Nos vemos pronto ZD-354. Que tenga un buen viaje invitada Ádamis Astra —la voz del sistema que controla el edificio me despide.
—Hasta pronto Luna —respondo al techo, la señorita Astra no le habla, camina con prisa delante de mí.
Una vez en el exterior, me giro hacia a ella.
— ¿Dónde vive señorita Astra? —me observa con el entrecejo unido—. No se preocupe, su información es clasificada, no se la revelaré a nadie.
Intento acercarme para tomar su pequeña mano, pero percibe mi intención y se gira con rapidez.
—Eso no es posible —niega con voz firme—, tú sigues sus órdenes. Aunque debo admitir que fue extraño que te ofrecieras a acompañarme, sin haber recibido una orden de ellos primero. Nunca había visto algo como eso, me pareció muy… intrigante.
—Confíe en mí —me mira con tristeza, me pregunto a qué se debe .
—Solo esta vez, y solo porque quiero irme a casa —le doy una sonrisa de agradecimiento.
—En el campo, ahí vivo —señala al oeste—, a unos 50 kilómetros de aquí.
Dirijo la mirada hacia la dirección que me indicó, mientras realizo cálculos de velocidad/tiempo y nivel de daño que podría causarle si no soy cauteloso.
Me preparo para correr a gran velocidad.
La señorita Astra me mira con ojos muy abiertos al tomarla entre mis brazos y comienzo a correr.
— ¿¡Pero… qué!? —intenta protestar, pronto se queda en silencio aferrándose con fuerza a mi cuerpo.
El viento golpea nuestro rostro al atravesar los grandes edificios, dejando atrás la Ciudad sobre las nubes y las calles concurridas.
Un ruido metálico me sobresalta, la señorita Astra lo nota.
— ¿Sucede algo ZD-354? —sacudo la cabeza como respuesta.
—No es nada, cierre sus ojos por unos momentos señorita, la bajada será un poco movida —Obedece sin rechistar.
Activo un orbe y lo dirijo con la muñeca para buscar posibles invasores a nuestro alrededor.
Los identifico, son dos de aquellos ARM de la Directora, nos siguen con un sistema de camuflaje activado, pero tienen errores, el sol se refleja en aquella capa y los descubre por un par de segundos en el aire.
—No dejaré que nos sigan —murmuro.
— ¿Dijiste algo? No te escuché bien, el viento es muy fuerte.
—No es nada, señorita, deme unos minutos —tomo su cabeza y la poso en mi pecho para protegerla del viento.
Tendré que moverme con suma rapidez pero sutileza, temo herir el rostro y los pulmones de la señorita Astra.
Debo explotar el orbe para crear una capa de humo.
Doy un giro rápido y acciono mi brazo libre para explotar el orbe, esta acción me da segundos para escabullirme entre las densas nubes, y las aeronaves que suben y bajan de la gran Ciudad.
Desciendo con precaución y la Ciudad parece desvanecerse bajo nuestros pies.
Suelto la cabeza de la señorita para dejarla llenarse del aire puro, que ofrece este nuevo panorama.
Ríe llena de emoción y grita mientras volamos sobre el paisaje urbano, bajando poco a poco hasta que se transforma todo en naturaleza.
Solo un momento me tomo para apreciar su rostro, sus ojos están cerrados con fuerza, al abrirlos de nuevo pequeñas lágrimas brillan como perlas.
Al internarnos en campo abierto, la sensación de libertad se intensifica, el viento susurra a través de los árboles, y la señorita Astra parece flotar ligera entre mis brazos.
— ¡Es por allá! —Su voz resuena a través del viento—. ¡Ese es mi hogar! —señala una pequeña casa rústica color abedul.
Reduzco gradualmente la velocidad para no causarle malestar.
Llegamos a su casa rodeada de árboles frondosos que danzan suavemente con la brisa de la tarde.
La señorita Astra se apea de mis brazos, tambaleante ve a su alrededor con una mezcla de alivio profundo y una sombra de preocupación.
—Gracias por traerme. —suspira— Eres… increíblemente rápido.
Ahora la señorita Astra se encuentra a salvo.
Estoy satisfecho con el resultado.
Me le acerco con disimulo y palmeo su hombro en un gesto amistoso y de despedida, me mira llena de confusión.
Un ruido breve alerta mi tranquilidad, hay algo extraño en el bosque; un movimiento rápido, una sombra reluce tras un tronco viejo.
¿Serán ellos de nuevo?
Creí haberlos perdido kilómetros atrás.
— ¿Señorita Astra? —murmuro en voz baja, pero firme—. Me parece que no estamos solos. Tenemos compañía.
Gira hacia mí, refugiándose en mis espaldas.
Sus ojos reflejan una mezcla de temor y curiosidad.
No permitiré que nadie le haga daño.