Eta Carinae: Divergencia 2 ¿PUEDES VERME?
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2 ¿PUEDES VERME?

D esde aquel robo en la Universidad Urien, han pasado más de diez años. Hoy, Mirae Corporation no solo perfecciona los robots, también tiene influencia en el clima mismo.

— “Mirae Corporation pioneros en la creación y sostenimiento de nuestros ayudantes automatizados. El número uno a nivel nacional en innovación y creación de tecnologías climáticas que hacen nuestros días más productivos.

¡Adiós a los malos climas! ¡Adiós a las temperaturas extremas!, nada de eso tiene espacio en nuestra realidad, gracias a Mirae Corporation”.

— ¿Puedes ayudarme a sentarlo aquí? —una mujer con lentes gruesos se apresura a hacer el trabajo pesado.

—Por supuesto —un hombre de baja estatura responde al llamado, apresura el paso ayudando a la pequeña dama.

— “La alta sociedad reina sobre todos los escalones de la pirámide, y solo ellos pueden disfrutar de nuestros Robots Móviles Autónomos «ARM» creados para mejorar nuestros días, incluyéndolos en actividades pesadas o ligeras. Ya no tendrá que preocuparse de preparar los alimentos del día, escoger su mejor atuendo, llevar a sus hijos al colegio, o hacer difíciles cirugías. Mirae Corporation desea hacer tu vida más fácil, no te límites y asegura tu tranquilidad en una sola compra”.

— ¿¡Pueden apagar eso de una vez!? —los nervios flotan en la habitación, están a punto de presenciar el inicio de una nueva inmersión.

— ¡No me puedo concentrar con tanto ruido! —un hombre alto golpea la mesa metálica, haciendo callar a todos los presentes—. Suficiente de cotilleo, si todos están listos, iniciamos en 3…2…1.

— ¿“Pue…me”?

Un eco… percibo un eco, un susurro extraño que no logro descifrar.

¿Qué significa eso?

No logro comprenderlo.

— ¿Ahora puedes oírme? —la voz se vuelve clara y las palabras comienzan a tomar forma.

Estoy atrapado en un silencio inquietante; no puedo responder ni moverme.

¿Qué me está pasando? ¿Por qué no puedo moverme?

—Claro que puede oírnos —interrumpe una voz demandante.

—Disculpe señor, yo… —siento el caer de un objeto pesado, acompañado de disculpas repetidas de un hombre de voz aguda.

—No necesito tus disculpas, lo haré yo mismo. Sólo aléjate —escucho un impacto seco—, no sabes lo importante que es configurarlo bien desde el inicio. Solo falta ajustar éste parámetro… pero que extraño —la voz se disipa, me pregunto qué habrá sucedido.

— ¿Todo en orden señor Branda? —pregunta aquel hombre de voz temblorosa.

—No tengo acceso a su sistema, solo me permite ajustar datos superficiales.

Después de escuchar esa conversación, la luz llega a mis ojos, parpadeo repetidas veces alejando la incomodidad por la intensidad de las luces.

Todo es muy curioso, incluso desconcertante.

Hay humanos a los lados y al frente de mí, pero los percibo como “diminutos”.

Estoy en una amplia habitación, sentado en una “silla metálica”. Tengo conexiones en los brazos y piernas.

A mi izquierda, en fila, hay otros como yo, se limitan a elevar los brazos temblorosos, otros intentan decir palabras y fallan en el intento.

Algunos mueven la cabeza de izquierda a derecha, a otros les botan las cabezas derramando líquido verde en el suelo perfectamente limpio; otros levantan los pies y golpean por accidente a las personas que tienen al frente.

Los humanos que me rodean visten batas blancas y parecen estar estudiándome con fascinación.

¿Acaso me encuentro en un laboratorio?

—Señor Darco Branda, él logró…

Un hombre delgado se acerca a mí, sus labios finos parecen curvarse en una sonrisa irónica, mientras empuja a un hombre de lentes de menor estatura.

—Sí, y todo fue gracias a mí —se auto glorifica.

—Usted es maravilloso, señor Branda —interviene otro hombre, aparece de entre las sombras. Es rubio, mide aproximadamente 184cm, sus ojos grises brillan con admiración.

Su vestimenta es igual a la del resto, bata blanca.

—Creí que no estarías para apreciar mi gran momento —el señor Branda deja entrever la soberbia en sus palabras.

—No me lo perdería por nada del mundo —el hombre rubio se acerca al señor Branda.

—Entonces, prepárate Garog, este sujeto está listo para deslumbrarte.

— ¿Y qué esperamos? —el señor Garog se retuerce las manos, la ansiedad se refleja en su rostro.

—Levántate ARM —recibo su orden.

Ambos me ven expectantes.

Decido hacerles caso, y al estar de pie frente a ellos me doy cuenta que el señor Branda y el señor Garog son considerablemente más pequeños que yo.

—Es perfecto… acaba de despertar y no ha mostrado errores como los demás, es el único de este lote que no muestra fallas.

— ¿En verdad forma parte de este lote? Los demás robots tienen revestimientos azulados y él…

—No dudes de mí Garog —el señor Branda desvía su atención tocándome las manos, su tacto, no lo siento, no me produce nada.

—Está bien, pero Darco, ¿No te parece que su altura puede ser un problema a su propósito? —el señor Garog se le acerca un poco más, con evidente preocupación.

—Me parece adecuado para su misión principal, disipa tus preocupaciones Samael, éste ARM se puede adaptar a su actualidad —reconoce el señor Branda con tono seco, observando un objeto brillante rectangular, que sostiene en sus manos.

—Es arriesgado —le susurra con nerviosismo, mira ansioso a sus costados.

—Garog esto queda entre nosotros, no quiero que nadie se entere.

—Buen día, señor Branda —se escucha a la distancia.

Una mujer de avanzada edad llama mi atención, tiene piel ceniza y agrietada, sus ojos celestes se acentúan más con su intensa mirada, tiene el cabello gris recogido en un moño apretado.

Está rodeada de ARM armados, mucho más altos y corpulentos que yo. No lo había notado hasta que me enfoqué en ellos, mi estructura es diferente a la de mis otros compañeros en esta habitación, ellos son delgados y aparentan ser delicados.

—Señora Directora, ¿Qué es lo que hace aquí? —la voz del señor Branda tiembla con sorpresa y molestia disimulada.

Todos los humanos se levantan de sus asientos. Algunos se alejan de los ARM a los que estaban sometiendo a pruebas, otros se detienen de analizar los equipos extraños, se inclinan hacia adelante mirando el suelo.

—Necesito los informes del nuevo lote de ARM, señor Branda —le exige la mujer extendiendo la mano con autoridad.

—Detectando significado. Informe: descripción oral o escrita de características y circunstancias de un suceso o asunto —comienzo a recitar, pero el señor Branda me interrumpe abruptamente.

— ¡Silencio ARM! —me grita frunciendo el ceño con desdén, lo veo con curiosidad y confusión, me parece haber recitado las palabras correctas.

— ¡Silencio para usted señor Branda! —es reprendido—. Hágase a un lado, quiero verlo con mis propios ojos —con un movimiento brusco aparta al señor Branda y me observa con una sonrisa leve mientras extiende su mano en mi dirección, cautelosa y misteriosa al mismo tiempo.

— ¿Qué se supone que debo hacer? —me pregunto en silencio.

— ¡Saluda! —me exige el señor Branda, pero la señora Directora lo interrumpe de nuevo con gesto autoritario.

—Señor Branda. ¿Aún no le han hecho los exámenes necesarios? —ella toma mi mano con una firmeza inesperada.

— ¿Señora Directora? — su mirada me transmite una mezcla de preocupación y determinación.

No identifico qué clase de exámenes son a los que se refiere, he despertado hace poco.

—Llévenlo a hacer sus pruebas físicas y funcionales de procesamiento.

Replico la acción de la Directora, y regreso el saludo igual de firme. Pero al momento, su rostro cambia, deja en su lugar una expresión de incomodidad.

¿Así luce el dolor?

Cuatro ARM metálicos grises me rodean, sus movimientos en perfecta sincronía hacen apartar a varios humanos que se cruzan en su camino.

Sus largos brazos, rematados en afiladas garras se extienden como tentáculos, apuntan directo a mi pecho, doy un paso hacia atrás al verlos tan cerca. El silbido de sus motores llena el aire, es un sonido frío y amenazante para los humanos.

—Suelta a la Directora, es una orden —temblando el señor Garog me aprieta el brazo—. La estás lastimando — dolor , reconozco esa palabra, suelto de inmediato la mano de la señora Directora y comienzo a recabar información.

Los ARM grises bajan sus armas, pero siguen alerta.

—Ve con estos científicos a esa sala, te darán una actualización a tu sistema de fábrica —soba su mano con una expresión de enojo y me indica la dirección que debo seguir.

Accedo a la petición indirecta que me fue hecha por la Directora, y acepto recibir actualizaciones de su mundo, ahora comprendo mejor la realidad de los humanos y mi léxico ha mejorado.

Con mi sistema lleno de nueva información dejo a los científicos en la sala, estudiando mis valores y nivel de respuesta.

Me dirijo afuera, al recibir una orden de reunirme con la señora Directora.

Camino atraído por ruido a la entrada de las instalaciones, aquí está la Directora y no está sola, también hay guardias de seguridad humanos que sujetan con firmeza a una mujer por ambos brazos, sin contar con los ARM que aguardan en sus posiciones; latentes.

— ¡Suéltenme! ¡Me están lastimando! —la voz de la mujer es dulce pero firme. Arruga con enfado su nariz delicadamente chata.

— ¡Ustedes me prometieron una beca completa si presentaba mi proyecto al área médica!

—Y agradecemos el esfuerzo, señorita Astra —replica la Directora con un tono casi metálico—, pero lamento decirle que su idea ya la registramos en nombre de la empresa —impactada la señorita Astra abre la boca—, no la necesitaremos más, por favor, indíquenle la salida.

— ¿Injusticia? —adelanto el paso de los oficiales, mi curiosidad es casi palpable.

— ¿Qué? —la Directora gira para averiguar quién había hablado—. ¡Claro que no! Así funciona el mundo mi pequeño ARM —se dirige a mí con desdén—. ¿Acaso necesitas más actualizaciones?

Intenta tomarme del brazo, pero me aparto en un instante, la Directora parece sorprenderse y se gira para murmurarle algo al señor Branda, no pretendo darle atención.