Eta Carinae: Divergencia 1 LOS PRIMEROS DESTELLOS
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Eta Carinae: Divergencia

Eta Carinae: Divergencia

Por Mirta Mendoza

© inepub.com

1 LOS PRIMEROS DESTELLOS

E n el pasillo de la Universidad Tecnológica “Urien” retumban las pisadas de dos jóvenes ambiciosos, que se escabullen entre sombras y luces parpadeantes.

— ¡Vamos Darco! ¡No puedes seguir huyendo de mí!

La risa burlona de Samael resuena detrás suyo, tan irritable como adictiva.

—Nadie está huyendo de ti Samael.

Miente, en realidad lleva dos días evitándolo.

El plan es suyo desde el principio: irrumpir en la oficina del Director y robar los planos de un robot de última generación, del que escuchó hablar en el laboratorio, y por supuesto que motivó su deseo de apoderarse de él.

Darco incitó la acción, pero Samael quiere hacerlo cambiar de parecer.

—No me digas que te asusta romper las reglas —Darco se detiene frente a una puerta sellada con el emblema de la escuela—, hasta ahora me has apoyado en todo, no entiendo tus quejas.

—No me asusta esto —responde Samael acortando el espacio abruptamente—, me preocupa que tus ideales te destruyan. No me malinterpretes, compartimos un mismo objetivo, pero robar esos planos es ir demasiado lejos.

El rostro salpicado de pecas de Samael se contrae, sabe que sus palabras han sido tomadas como amenaza.

— ¡Sabes que nos tienen en la mira! Sobre todo después de haberle quitado su proyecto a Sunny.

— ¡Ella no me importa! ¡No me detendré hasta ser el mejor en todo el país! ¡Haré lo que sea para lograr mis objetivos! —los ojos verdes de Darco brillan con malicia.

Por un instante, el silencio se hace peligroso.

— ¿Por qué tienes esa obsesión con ser el mejor de todos? —Samael retuerce sus labios gruesos en una mueca de preocupación, quiere distraerlo el mayor tiempo posible—, para mí ya lo eres.

—Ya te lo había explicado —frota su sien desesperado—, en Alemania no importaba cuanto me esforzara, siempre fui el segundo a nivel nacional.

Eso me motivó a ser mejor, por eso dejé ese sitio lleno de favoritismo y me mudé a Norteamérica, estoy convencido que aquí lograré ser el número uno, aunque en el camino tenga que traicionar a mis amigos y robarles las ideas.

—Discúlpame, lo había olvidado —murmura escondiendo su rostro ruborizado—. Me pareces increíble, señor Branda.

Las luces reflejan el perfil de Darco, su mandíbula tensa y el cabello oscuro ondulado que cae sobre su rostro.

Samael lo observa con una mezcla de desafío y deseo que nunca se atreverá a mencionar.

—No necesito tus elogios, quiero resultados —replica Darco sujetándolo del cuello de la camisa y empujándolo contra la pared, el gesto es brusco, pero ninguno se aparta—. Si no vas a ayudarme fuera de mi camino.

Un pitido interrumpe el momento, la puerta del Director ha cedido, tiene un sistema antiguo de seguridad. Ha dicho en innumerables ocasiones, que no desea desembolsar grandes cantidades de dinero, para proteger datos académicos que llenan su oficina.

Ambos se separan y miran dentro, las luces resplandecen de un azul ligero causado por las pantallas y hologramas suspendidos.

La duda invade sus mentes, pero no hay tiempo que perder, deben entrar al instante. Un robot de asistencia escuchó el ruido y se aproxima a los pasillos.

Al cerrar la puerta, caminan al centro de la habitación, buscan los documentos sobre el escritorio, pero no los encuentran.

—Tal vez ese vejestorio no tiene digitalizados los planos, deberíamos buscar en otra parte.

—Tienes razón Samael —Darco se detiene a pensar, al sentarse en el frío suelo se cruza de piernas y debajo del escritorio, una luz rebota contra sus ojos agresivamente.

— ¿Qué es eso? —se acerca arrastrando la mitad del cuerpo.

Samael corre a su lado.

Las pisadas del robot asistente se escuchan cerca, deben apresurarse.

—Es una carpeta metálica con el nombre: “Importante M.C.” —Darco la abre con una sonrisa victoriosa.

—Así que este es el proyecto que lo ayudará a postularse en Mirae Corporation… ¿Qué opinas Samael? —los planos de una nueva máquina en tonos verdes se revelan al momento de abrir la carpeta.

—Será nuestro boleto a la cima… ¿Pero entiendes lo que ves?

—Lo analizaremos con calma, —le responde cerrando el maletín— pero todo indica que esto representa una nueva era… la nuestra.

Días después, el viento agita las pancartas frente al edificio principal de Mirae Corporation, se trata de los activistas que se mantienen fieles a su ideal de bajo impacto ambiental.

Las voces se elevan como un rugido humano contra el acero y el vidrio.

—Lo que faltaba, un puñado de loquitos intentando hacer su voluntad —Darco y Samael visten ropa de diseñador y una pluma de pavo real en el pecho, que según ellos representa la pureza de su sangre.

—Te escucharán, Darco, baja un poco la voz —al detenerse observan la escena.

— “¡No queremos más robots en nuestras casas! ¡Déjennos recuperar el rumbo de nuestras vidas!” —mujeres y niños gritan sin parar.

— “¡Mirae Corporation desistan de jugar a ser Dioses!” —un hombre mayor levanta su puño en señal de resistencia.

Samael y Darco cruzan a la multitud con sus abrigos oscuros y pesados, golpeando a niños en los rostros.

—Qué desperdicio de aire —murmura Darco insensible al momento que está presenciando.

—Ten cuidado —le susurra Samael.

—Me parece ridículo que sigan usando esas pancartas, teniendo tecnologías tan avanzadas… qué anticuados —Darco mira con repudio a los pequeños y al hombre mayor.

Una mujer alza el puño, pero su pancarta se resbala de sus manos.

—Mis dedos… me duelen otra vez —gime de dolor—. Siento un cosquilleo en las articulaciones —su piel bajo la luz parece brillar con diminutos reflejos plateados.

—Pierden su tiempo. —Samael entra junto con Darco a Mirae Corporation.

— ¿Lo viste? ¿Viste a esa mujer?

—Sí —le responde Darco sin apartar la vista del edificio, maravillado por cada rincón—. Debe tener alguna enfermedad, no es asunto nuestro.

Avanzan hacia las puertas automáticas sin mirar atrás.