Estrictamente profesional 31
69%

31

Beckett

No es mi intención enamorarme de ella.

De hecho, me esfuerzo mucho por no hacerlo.

No sé muy bien cuándo ha sucedido, pero, si alguien me disecciona tras mi muerte, supongo que estará escrito en mis entrañas y que, posiblemente, hable de cuando nos sentamos rodilla con rodilla en el suelo de la librería y me leyó pasajes de un libro sobre la caída de la Rusia soviética con esa voz suya.

O tal vez de la noche en la que se quedó dormida en el sofá con una mejilla apoyada sobre mi pecho y yo me quedé allí, observando cómo las farolas dibujaban algo más precioso que la Mona Lisa en su rostro.

Pudo ser cuando dibujó lo que juró que era un sistema linfático completo en el espejo empañado del cuarto de baño.

No estoy muy seguro.

Pero sí que estoy seguro de que está en todas partes y, a la vez, en ninguna.

Y también de que el mi verdadero yo debe de ser masoquista, porque está dispuesto a aceptar las sobras que le da, y, para colmo, con una sonrisa.

No hay mucho que pueda hacer para remediarlo, así que pateo, pateo y sigo pateando.