19 #3
—Te tengo, Adara. —Hizo que subiera más, hasta que mis rodillas quedaron a los dos lados de su cabeza. Clavé las manos en mis muslos y me sostuve en el aire sobre él, pero Evren hundió los dedos en mi trasero y me hizo bajar.
—Evren, no creo que…
—Me muero por saborearte, princesa. —Se echó hacia delante y deslizó la lengua por mi sexo—. Nunca he probado nada más perfecto en toda mi vida. —Me hizo sentarme sobre su cara y gemí cuando suspiró contra mí—. Eso es. Siéntate en mi cara y consigue tu placer con mi boca.
—Ay, dioses. —Cerré los ojos con fuerza; solo con esas palabras ya estaba al borde del éxtasis. Pero entonces utilizó la boca. No fue tierno ni paciente. Se sumergió en mi carne con frenesí, y apenas pude mantenerme erguida mientras usaba su lengua, sus labios y sus dientes.
Apreté las manos contra su abdomen, balanceándome contra él, y cuando lo vi mirándome fijamente se me hizo un nudo en el estómago—. Evren… —Pronuncié su nombre mientras contoneaba las caderas; él murmuró unas palabras ininteligibles contra mi sexo, y yo apreté los muslos contra su cabeza.
El placer me invadió rápidamente, robándome el aliento, y me mordí el labio para ahogar mis gemidos.
Evren no me dio oportunidad de recuperarme. Me agarró el trasero y me deslizó por su cuerpo hasta que mis caderas se encontraron con las suyas.
Entonces me besó y todo el aire abandonó mis pulmones.
—No me canso de ti, princesa. Nunca podré separarme de ti.
—Hundió los dedos en mi pelo y me levantó la cabeza para contemplar mi rostro—.
Mi hermano luchará por ti, pero yo también.
—Me dolía el corazón, y no sabía si era por lo que me estaba confesando o por el miedo a lo que estaba dispuesto a hacer.
—Yo…. —El impulso de decirle que lo amaba estaba en la punta de mi lengua, pero me mordí los labios para contenerme.
—Lucharé contra el infierno para alejarte de él, Adara.
—Su boca era posesiva al recorrer mi cuerpo, provocándome chispazos de placer.
Se desabrochó los pantalones y se sacó la erección.
Se puso sobre mí y me tensé, con las manos sobre sus hombros—.
Quiero verte. —Apoyó su miembro contra mi entrada y me guio hasta que, lentamente, me empujó contra él.
Cerré los ojos con fuerza cuando su plenitud me abrumó, y Evren me mordisqueó el esternón—.
Muévete, princesa. Has pasado demasiado tiempo de tu vida dejando que te dijeran lo que querías, pero yo quiero verlo en tus ojos. Muéstrame qué es lo que más deseas.
A ti.
Era lo único en lo que podía pensar mientras movía las caderas contra él.
Solía soñar con cómo iba a ser la vida si huyera, si pudiera ser cualquier otra persona que no fuera yo, pero ese sueño había cambiado y se había centrado en un hombre al que no debería desear, al que no debería necesitar, pero al que deseaba y necesitaba de todos modos.
Hizo que nos girásemos hasta que volví a quedar encima, deslizó los dedos por mi columna vertebral, animándome, y algo se removió dentro de mí.
Algo que parecía haber estado dormido durante mucho tiempo, y me levanté sobre las rodillas antes de volver a dejarme caer contra él.
Una y otra vez, la sensación se intensificó con cada movimiento de mi cuerpo. Perseguí esa emoción que fluía a través de mí y, de alguna manera, más allá.
Miré cómo me contemplaba Evren. Sus manos acariciaban mi cuerpo, pero no eran exigentes. Yo tenía el control, y sentí un cosquilleo en el estómago al pensar en lo fácil que le había resultado saber lo que necesitaba.
Yo era la Astraluz, la salvadora de su reino, pero también era Adara. Y en ese momento también era mucho más que quien estaba destinada a ser.
—Mira, Adara. —Evren me acarició el muslo y yo seguí el movimiento con la vista. Mi marca estelar bailaba sobre mi piel y de ella emanaba un resplandor sutil, diferente a todo lo que había visto antes.
—¿Qué…? —Negué con la cabeza mientras intentaba entender lo que estaba pasando, pero Evren pegó su pulgar con fuerza contra mi marca, y mi sexo se contrajo a su alrededor.
—Estabas destinada a mí, joder. —Me rodeó la espalda con los brazos y me ayudó a moverme, a levantarme y a dejarme caer sobre él. Sus brazos soportaban mi peso mientras se deslizaba con fuerza dentro de mí—. Tu destino está equivocado.
El placer recorrió mi cuerpo como si persiguiera sus palabras como un juramento.
—Eres el primogénito del rey Riven —gemí mientras me penetraba con fuerza una vez más.
Su frente se apoyó contra mi cuello y su respiración entrecortada me rozó la piel—.
Estaba destinada a ti, Evren. —Mi columna vertebral ardía como un millón de fuegos a lo largo de mi piel, y supe que no podría aguantar mucho más.
Evren me estrechó contra su cuerpo como si temiera que fuera a desvanecerme, y cuando sus dedos se pasearon por mi columna vertebral una vez más, me derrumbé con un grito ahogado en los labios.
Me aferré a él mientras me penetraba de nuevo, disfrutando de su propio clímax, y vi cómo la luz de las estrellas a lo largo de mi muñeca brillaba contra su piel.
No estaba segura de casi nada en la vida, pero una cosa sí sabía con certeza: Evren era mi destino.