Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 19 #2
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—Aún necesitas descansar. —Moví el brazo y él me lo soltó a regañadientes—. Yo puedo hacer guardia un rato.

Él se rio entre dientes.

—¿Nos vas a proteger si nos atacan?

—Podría. —Saqué la daga de la bota y se la puse en el cuello antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo—. No soy una completa inútil, ¿sabes?

—No creo que nadie pueda considerarte inútil, princesa. —Evren sonrió a pesar de tener mi cuchillo contra su cuello—. Se me ocurren muchas maneras de usar esa daga.

—¿Qué? —Se movió tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar. Me quitó la daga de la mano y deslizó lentamente la punta por mi clavícula.

—¿Quieres que te lo demuestre?

—No. —Me temblaba la voz por culpa de la evidente mentira.

—Ojalá hubieras traído más ropa contigo.

—Con mucho cuidado, deslizó la daga por mi pecho hasta llegar al botón superior de mi camisa—.

Así podría hacer pedazos hasta el último trozo de tela que se interpone entre nosotros.

— Deslizó la daga hacia abajo y cortó el primer botón—.

Rasgaría el mundo entero para evitar que se interponga entre nosotros.

—Me confundes. —Negué con la cabeza y puse mi mano contra la suya para detener el avance de la daga—. Dices cosas así, pero estás dispuesto a entregarme a ellos.

—¿Y qué quieres que haga, princesa? —Dejó caer la daga al suelo—. Dime lo que quieres y será tuyo.

—No lo sé. —Negué con la cabeza porque estaba más confundida que nunca. No sabía qué le estaba pidiendo a Evren, pero, en cualquier caso, sabía que no era justo. Gavril era su familia. Citlali, su reino.

Y yo no era más que la Astraluz a la que él debía proteger.

Evren puso su mano contra mi pecho, clavándome los dedos en la piel, como si estuviera intentando controlarse porque se sentía tan desesperado por dentro como yo.

—Si supiera cómo hacerlo, lo haría. Si supiera cómo amarte sin que te hicieran daño, nunca permitiría que volvieran a tocarte.

—¿Tu familia?

—Tus enemigos. —Su mano se deslizó por mi pecho y me rodeó el cuello. Se me aceleró el pulso bajo las yemas de sus dedos, y supe que podía sentir el miedo que corría por mis venas.

—No quiero regresar. —Se me quebró la voz y aborrecí lo fácil que era que el miedo se apoderara de mí. Me había pasado toda la vida sabiendo lo que me esperaba, preparándome para ello, pero aun así no había sido suficiente.

—Lo sé. —Asintió y apoyó su frente contra la mía—. Y no voy a obligarte a hacerlo.

—¿Qué? —Me aparté bruscamente para mirarlo, pero sus manos me sujetaban con firmeza.

—Prefiero abandonar este mundo antes que ver cómo mi hermano te arrebata algo otra vez. Lo dejaría todo por ti, princesa.

Busqué su mirada y pude ver la verdad que había en ella.

—¿Y qué hacemos? —Me puse de rodillas para acercarme más a él y sentí su contra mis labios.

—No lo sé. —Sacudió la cabeza—. Pero ya lo resolveremos cuando salga el sol. Esta noche necesitas descansar.

Estuvo a punto de apartarse, pero se lo impedí. No podía dejarlo ir; ni en ese momento ni nunca.

—Esta noche te necesito a ti. —Evren miró hacia donde dormía Jorah, cerca de nosotros, pero a mí me daba igual.

No podía aguantar ni un momento más sin tocarlo, sin sentirme viva como solo él podía conseguir—.

Por favor, Evren. —Lo besé y no se resistió; al contrario, gimió en mi boca y me chupó el labio inferior.

Me mordió suavemente, de forma provocativa, y el placer me recorrió todo el cuerpo.

Me eché hacia delante antes de que pudiera detenerme y le saqué la camisa de los pantalones; trasteé con los botones y solo había llegado a la mitad cuando él se llevó la mano a la espalda y se quitó la prenda sin más.

Me puso la mano en la nuca y volvió a besarme con desesperación. Esa noche había algo diferente, algo… más. Más de lo que jamás nos habíamos permitido sentir el uno por el otro. Más de lo que jamás me habría permitido admitir.

Evren me besó con fuerza, acariciándome el pecho sobre la fina tela de mi camisa. Gemí contra él cuando me mordió la lengua antes de chuparla despacio.

—Dioses, me tienes embrujado. —Se apartó para quitarme la camisa—. Me vuelves loco.

—No es verdad. —Negué con la cabeza, pero en realidad yo sentía lo mismo. No podía pensar con claridad cuando estaba cerca de él. No podía respirar.

—Claro que sí, joder. —Me agarró las caderas e hizo que me pusiera de rodillas.

Sus hábiles dedos se encargaron rápidamente de mis pantalones, y me estremecí a pesar del calor de la hoguera a mi espalda—.

Eres una tentación, princesa, y necesito saborearte.

Necesito sentirte en mi lengua mientras cabalgas sobre mi cara.

Gemí cuando Evren me empujó sobre el saco de dormir y me arrancó las botas de los pies y después los pantalones.

Me quedé completamente desnuda ante él. Levantó los dedos, los posó en mis labios y los deslizó lentamente por mi cuerpo.

Me acarició el cuello y puso la palma de la mano sobre mi esternón con ademanes lentos y calculadores.

Bajó más y más hasta que deslizó un dedo por mi sexo y yo dejé escapar un gritito.

Evren se tumbó a mi lado y su pulgar trazó la marca de mi muslo. Temblé al verlo tocarme, y jadeé cuando sus dedos se clavaron en mis muslos y me hizo sentarme sobre su pecho.

—Evren. —Mi voz temblaba por la incertidumbre.