19
Nos habíamos alejado del pueblo tras despedirnos de Ren, pero parecía que de eso habían pasado horas.
Con cada paso poníamos más distancia con el palacio, pero de alguna manera sentía que me acercaba a mi perdición.
Evren le había enviado un mensaje a Gavril, y yo no tenía ni idea de lo que le había dicho.
¿Gavril iba a ir a buscarnos a Nabál una vez que la amenaza hubiera pasado?
La mano de Evren se tensó a mi alrededor como si pudiera sentir los pensamientos que me rondaban por la mente.
—¿Tenemos que parar?
—No. —Negué con la cabeza rápidamente y apreté las manos en el pomo de la silla de montar para evitar recostarme hacia él. No.quería sentirme demasiado cómoda ni acostumbrarme demasiado a lo que estaba pasando entre nosotros.
—-¿Estás segura? Se te ha tensado la espalda. ¿Te duele algo?
Sí, y cada vez más con cada paso que dábamos, pero eso no era lo que me preocupaba.
—Estoy bien, Evren. Solo estoy deseando llegar.
Se quedó en silencio durante un largo rato detrás de mí, y pensé que iba a dejarlo correr; miré a Jorah: estaba vigilando la línea de árboles con atención mientras viajábamos; se había tomado el último ataque tan a pecho como Evren.
—¿Estás enfadada por lo que ha pasado en la posada? — Evren carraspeó y un escalofrío me recorrió la espalda—. No era mi intención hacerte daño. No debería haber…
—No me has hecho daño. —Negué con la cabeza y me volví para mirarlo por encima del hombro—. Ya te he dicho que lo deseaba.
—Entonces, ¿qué pasa? —La necesidad de decirle que me moría por marcharnos y no regresar jamás estaba en la punta de mi lengua.
Si Evren me lo hubiera pedido lo habría hecho sin dudarlo; lo habría seguido a dondequiera que estuviera dispuesto a llevarme, siempre que fuera lejos de nuestros deberes y destinos.
—¿Qué papel tendré como reina de Gavril?
Se quedó paralizado por mi pregunta.
—¿Qué quieres decir?
—Gavril está destinado a gobernar tanto el reino de las hadas como el de los humanos, ¿no es así? —Pensé en el hogar que había dejado atrás.
—Así es.
—¿Y yo qué? ¿Tendré el mismo poder?
—Princesa… —Mi apodo salió como un susurro de sus labios.
—Me niego a sentarme en ese castillo rodeada por sirvientes y celebrando banquetes mientras la gente a nuestro alrededor se muere de hambre. ¿Alguna vez has visto a alguien que se muera literalmente de hambre, Evren? ¿Has sido testigo de cómo es eso?
Vaciló, y me preocupó haber cruzado una línea. Estaba a punto de decirle que olvidara lo que había dicho justo cuando él volvió a hablar.
—He sido testigo de más de lo que me atrevo a contar.
No son solo tus tierras humanas las que se mueren de hambre, princesa.
—No había pensado en eso. No había considerado que los fae que poseían magia pudieran llegar a ese punto—.
Ren era poco más que piel y huesos la primera vez que Jorah y yo paramos en Iladonia.
—Su voz era ronca y estaba teñida de ira—.
Ahora nos aseguramos de parar allí cada vez que viajamos. Sin mi dinero, apenas sobrevivirían.
Se me hizo un nudo en el estómago al pensar en el rostro sonriente de Ren. No podía imaginarlo de otra manera. No podía verlo como lo describía Evren.
—¿Y por qué tu padre no hace nada al respecto?
—Los reyes rara vez se preocupan por aquello que no llena sus arcas, princesa. Un hombre podría estar muriéndose de hambre delante de mi padre y dudo que le ofreciera ni un trozo de pan.
—¿No te molesta eso? —Negué con la cabeza—. ¿No te molesta servir a un hombre tan cruel?
—Es mi padre.
—Y mató al mío. Que alguien sea de tu sangre no significa que merezca tu lealtad.
Evren suspiró, y supe que había más cosas que quería decirme, que había mucho más que no estaba dispuesto a contarme.
—Princesa, yo…
—¿Sí? Por favor, habla conmigo.
—Ojalá el mundo fuera diferente. Sueño con un lugar donde estas cargas no existan.
—¿Y qué hay de tu madre?
—¿A qué te refieres? —Su mano se tensó contra mi vientre y supe que no quería hablar de ella.
—¿Cómo es el mundo en el que ella vive?
—Yo… no lo sé. —Mi marca ardió sobre mi piel mientras hablaba de ella—. Pero no quiero imaginar que sea igual que Citlali. —Lo dijo con mucha decisión, pero las marcas en mi piel ardían en señal de advertencia. ¿Estaba mintiendo?
—¿La echas de menos?
—¿Tú echas de menos a la tuya? —replicó rápidamente.
—A veces. —Me encogí de hombros—. Cuando estoy con Gavril o con la reina. Cuando añoro un hogar que apenas conocí.
—¿Y cuando estás conmigo?
—No pienso en ella en absoluto. —Su aliento me rozó la nuca y temí haber hablado demasiado—. Habrías sido un gran rey, Evren. —La mirada de Jorah se clavó en mí mientras hablaba, y temí que pudiera oír cada palabra que decíamos.
—Deberíamos parar aquí —dijo Jorah, señalando con un gesto un bosquecillo que se extendía junto a un pequeño arroyo—. Pronto caerá la noche.
Evren asintió y nos condujo hasta los árboles. Desmontó, me ayudó a bajar, y yo me abracé a mí misma mientras pensaba en lo que nos esperaba. Una noche más. Solo nos quedaba una noche más antes de llegar a Nabál.
—¿Llegaremos mañana?
—Sí. —Jorah asintió mientras ataba a su yegua cerca del agua—. Solo es un día más de camino.
Evren sacó cosas de las alforjas, mirándome de reojo. Él también sabía lo que significaba el mañana. Lo sentía como un mal presagio contra mis marcas.
No estaba preparada para enfrentarme a ello, y él tampoco.
—¿Qué le dijiste a Gavril?
—¿Qué? —preguntó Evren, poniendo el saco de dormir en el suelo.
—Me has contado que habías enviado un mensaje al palacio. ¿Qué decía?
—¿Qué más da, princesa? —Ladeó la cabeza—. ¿Qué querías que dijera?
—No lo sé. —Negué, y Evren se acercó a mí.
—¿Querías que les dijera que te habían capturado los vampiros? ¿Que debería ir a la Corte de la Sangre a luchar por ti? ¿Que quizá nunca más te volverían a ver?
El corazón me latía con más fuerza cuanto más se acercaba a mí.
—No lo sé.
Me pasó la mano por el pelo y me levantó la cabeza hasta que no tuve más remedio que mirarlo.
—¿Querías que les dijera que estoy más que dispuesto a traicionar a mi familia por ti?
¿Que lo dejaría todo por la chica que se supone que es el futuro de mi hermano?
— Tragué saliva con dificultad. Su mirada se posó en mi boca, se echó hacia delante y deslizó su nariz por mi mandíbula.
Podía sentir su aliento acariciándome el cuello, y me derretí contra él—.
Podría decirle todas esas cosas, pero no van a detenerlo.
Nos perseguiría hasta los confines del mundo para recuperarte.
—A Gavril no le importo.
—No. —Sacudió la cabeza—. Pero le interesa tu poder, y nada es más importante para él.
Nada es más importante para la reina. Preferirían matarte antes que dejar que te tuviera.
Me mordí el labio, dándole vueltas a lo que acababa de decir, y me estremecí al darme cuenta de que tenía razón.
No iban a detenerse, y prefería no pensar en lo que habrían hecho al encontrarme.
Al encontrarnos…—. Descansemos un poco. —Evren se apartó de mí lentamente, y odié la forma en que evitó mirarme al hacerlo—.
Yo haré la primera guardia — le dijo a Jorah—. Descansad los dos.
Me dejó allí y regresó junto a su caballo para llevarlo al agua.
Rápidamente cogí el saco de dormir que había dejado y lo desenrollé para meterme dentro.
Jorah se acercó a mí y se puso a apilar leña para hacer una pequeña hoguera.
Cerré los ojos con fuerza para que no pudiera ver el dolor y el miedo que había en ellos.
Escuché los sonidos que hacía mientras encendía el fuego y luego colocaba su saco de dormir al otro lado de las llamas, frente al mío. Temblé mientras me abrazaba a mí misma a pesar del calor del fuego.
—¿Estás bien? —El sonido de la voz de Jorah me sobresaltó unos instantes después, pero me mantuve completamente inmóvil para escuchar cómo hablaba con Evren.
—No lo sé. —Evren sonaba mucho más cerca que antes—. No va a regresar, Jorah. Antes de eso intentará huir de nuevo.
—Entonces, ¿cuál es el plan? —Jorah dudó durante un largo rato—. ¿Se lo contamos?
Se quedaron en silencio durante tanto tiempo tras su pregunta que casi me quedé dormida.
—Todavía no. Me da miedo lo que pueda hacer cuando se entere. Me da miedo que quizá ya lo sepa.
¿Saber qué? Aún podía oír sus voces amortiguadas, pero la tentación de dormir era demasiado fuerte como para resistirla.
Me quedé dormida con sus palabras dando vueltas una y otra vez en mi mente.
Me atormentaron hasta que me asaltaron las pesadillas.
Lo que podía ocurrir cuando por fin llegáramos me acosaban en sueños, y me desperté con un grito ahogado, sintiendo la boca de Gavril contra mi nueva marca y la quemazón en la muñeca.
Me incorporé de un salto en mi saco de dormir y me llevé la mano al pecho. Me había parecido que solo había dormido unos instantes, pero la oscuridad se había apoderado de nosotros y las únicas luces que quedaban eran la del fuego y la de las lunas gemelas en el cielo.
—¿Estás bien? —Evren salió de entre los árboles a mi lado y yo di un respingo.
—Sí. —Asentí, aunque no podía despegar los dedos de mi muñeca. Miré hacia Jorah: su pecho subía y bajaba tranquilamente mientras yacía en su saco de dormir.
—¿Estás segura? —Evren se agachó a mi lado y me permití levantar la vista para mirarlo.
—Solo he tenido una pesadilla.
—¿Quieres hablar de ello?
—No. —Negué con la cabeza. No quería hablar de ello; ni siquiera quería pensarlo.
—De acuerdo. —Se echó hacia delante, me cogió la mano y se la llevó a la boca. No apartó la vista de mí cuando me besó la cara interna de la muñeca, justo sobre la marca—. Intenta dormir un poco más. Solo tenemos unas horas antes de ponernos en camino otra vez.
—¿No deberías estar durmiendo tú también? —Evren sonrió ante mi preocupación.
—Jorah necesita descansar. Yo me siento… —Vaciló—. Me siento fuerte.
—¿Porque te has alimentado de mí?
—Creo que sí. No me he cansado tanto como de costumbre.