Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 17 #4
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—¿Estás segura, princesa? —Me miró a los ojos, tragó saliva y me di cuenta de que apenas conservaba un ápice de control.

Asentí y él me tapó la boca con la mano—.

Eso no es suficiente. —Pegó su pene más a mí—.

Necesito que me lo digas. Necesito que me digas que lo deseas tanto como yo te deseo a ti. Si no, no lo haré.

—Te deseo, Evren. —Extendí la mano hacia él y entrelazó sus dedos con los míos—. Eres lo único que deseo.

La mirada de Evren se oscureció y me dio un beso en los nudillos; se agachó y me dio otro en la parte baja del estómago. Se irguió y puso su erección ante mi entrada.

Se quedó allí apenas un instante que a mí me pareció una eternidad. Podía ver la indecisión en su mirada, o tal vez fuera culpa, pero su deseo por mí se impuso a cualquier otra emoción que estuviera sintiendo. Se deslizó lentamente dentro de mí y yo jadeé mientras intentaba adaptarme a su tamaño.

Me abrió poco a poco, y fue muy tierno al hacerlo.

—¿Estás bien? —Asentí porque no podía pronunciar palabra; el dolor me atravesaba cada vez que se movía, pero poco a poco fue mudando en placer con sus caricias—.

Ya casi estoy. —Gimió mientras empujaba un poco más—.

Dioses, qué estrecha eres. —Pegó su frente contra mi cuello cuando estuvo completamente dentro de mí, y nuestras respiraciones aceleradas se mezclaron, así como el placer y el dolor, en una amalgama perfecta.

Y aunque todavía me dolía mucho, estaba desesperada por que se moviera.

Contoneé las caderas y gemí al sentirlo profundamente en mi interior—.

Joder, princesa. —Evren soltó un suspiro, besándome el cuello—.

No vuelvas a hacer eso, joder, o no voy a poder ser delicado contigo.

—No quiero que lo seas. —Le tiré del pelo y lo obligué a mirarme—. Por favor, no me trates como si fuera frágil. No soy la Astraluz. Soy tuya.

Evren se deslizó fuera de mí casi hasta la punta y volvió a penetrarme con fuerza. Puse los ojos en blanco, invadida al mismo tiempo por el placer y el dolor.

Evren me agarró la cabeza para acercarla a él y me besó con rudeza mientras me penetraba una vez más.

—¿Te gusta así?

—Sí —jadeé, y le mordí el labio inferior. Evren besó la marca de las estrellas de mi mejilla, que prácticamente ronroneó bajo su tacto, y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

—Nunca he visto nada más hermoso. —Se incorporó hasta quedar de rodillas al borde de la cama y me sujetó mirando el lugar donde nos uníamos—.

Nada más perfecto. —Me penetró con fuerza y me acarició el clítoris; yo levanté las manos para acariciarme los pechos—.

Puede que las estrellas te hayan bendecido, princesa, pero, joder, estás hecha para mí. Y a la mierda con el destino.

Evren se retiró completamente de mí y luego hizo que me diera la vuelta y me quedara boca abajo. Apoyé las manos contra la cama, sin saber muy bien qué pretendía hacer, hasta que me agarró de las caderas y tiró de mí para que quedara de rodillas, con la cara contra la cama.

—Evren. —Sabía que podía oír el ligero pánico en mi voz por la forma en que sus manos me acariciaban suavemente la espalda.

—Estoy contigo, princesa. —Sus palabras sonaron amortiguadas cuando pasó la lengua por mi sexo, y mis rodillas amenazaron con doblarse bajo mi peso—. Sabes a pecado.

Apartó la boca de mí; miré por encima del hombro y vi que se había erguido y estaba pasando las manos por mis nalgas.

Me acarició, me abrió, y cerré los ojos cuando sentí su erección deslizándose dentro de mí una vez más.

Se empujó dentro de mí con fuerza y levanté las caderas para recibirlo.

Me acarició la columna, recorriendo las marcas de las estrellas, y algo dentro de mí se removió; era una sensación más fuerte que jamás había notado, y me mordí el labio mientras intentaba concentrarme en lo que estaba haciendo—.

Dios mío, te siento. —Movió las caderas y otra oleada de placer me invadió—. Es como si tu cuerpo me reconociera.

Tenía razón. Desde la primera vez que nos vimos había sido como si mis marcas lo conocieran mejor que yo.

—Evren, estoy a punto. —Me aferré a las sábanas cuando volvió a clavarse en mí y otro gemido se escapó de mis labios.

—Lo sé. —Me recorrió la columna con el pulgar y me temblaron las piernas—.

Déjate llevar, princesa. Déjame sentir cómo te derrites conmigo dentro.

—Hice lo que me ordenó y ahogué mis gritos contra las sábanas mientras me embestía una y otra vez.

Podía sentir su semilla llenándome mientras me ceñía a su alrededor.

Evren rugió a mi espalda y sus manos se clavaron en mis caderas.

Cada caricia me empujaba más allá. Cada gemido arrancaba más placer de mi cuerpo.

Me derrumbé sobre la cama y Evren apoyó la frente en mi espalda mientras intentaba recuperar el aliento—.

¿Estás bien? —Me besó la columna vertebral y un nuevo escalofrío me recorrió el cuerpo.

—Estoy mejor que bien. —Asentí.

—Yo también, princesa. —Se dejó caer a mi lado en la cama y me tapó con las sábanas. Me acarició la cara, mirándome a los ojos, y yo quise quedarme ahí para siempre. No quería pensar en lo que iba a ocurrir cuando saliéramos de esa habitación—. Yo también.