Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 16 #3
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—Dime qué necesitas, princesa. —La mano de Evren se posó sobre mis mejillas como si intentara averiguar qué me pasaba. Pero todo lo que tocaban sus manos ardía como el fuego. La necesidad que había en mi interior se avivaba bajo sus dedos.

—No lo sé. —Negué con la cabeza mientras intentaba aclarar mis pensamientos, mientras intentaba dar sentido a lo que estaba sucediendo dentro de mí—. Solo te necesito.

Sus dedos se hundieron en mi piel; yo apreté más los muslos; su mirada oscura se clavó en mí y sus labios se separaron.

No necesitaba que pusiera en palabras lo que ocurría: podía notarlo más de lo que jamás había sentido antes su magia: su poder, la esencia de quién era.

Recorría cada fibra de mi ser como si intentara conocerme.

Todo él parecía diferente. Parecía real.

No tenía ni idea de si Jorah seguía allí, pero no me importaba, y menos cuando cada parte de mí percibía que iba a estallar si él no me tocaba. Nunca había tenido una sed como esa en toda mi vida. Era como si algo dentro de mí se estuviera transformando, cambiando, suplicando convertirse en suyo.

La magia negra se derramaba de sus dedos y la noté como un suave roce contra mi piel. Me envolvió lentamente, atándome con su magia, y gemí cuando me puso la mano en la espalda.

—Te tengo, princesa —dijo Evren, y sus palabras se hicieron eco de su magia. Se puso de rodillas frente a mí y me apartó el cabello del rostro con la punta de los dedos— . Sea lo que sea que necesites de mí, es tuyo.

—Tócame —le supliqué , echándome hacia delante para intentar acortar la distancia entre nosotros—. Por favor, tócame.

—Princesa —suspiró, y pude ver en su expresión que iba a negarme lo que le pedía. Tenía todas las razones del mundo para hacerlo. Estaba siendo irracional y absurda, pero no podía explicarlo. No podía controlar el impulso que me recorría el cuerpo.

—Siento que voy a morir si no me tocas. —Su mirada se clavó en la mía. Apenas había querido estar cerca de Evren solo unos instantes antes de que todo eso sucediera, pero en ese momento ni me atrevía a pensar en apartarme de él.

Su magia se deslizó por mi cuello y eché la cabeza hacia atrás al sentir su poder sobre mí. Sus manos bajaron por mis hombros, se detuvieron en mis pechos y sus nudillos rozaron mi sensible piel. Incluso a través de mi camisa, su tacto era abrumador.

—Eres tan perfecta, princesa… —Su mano se pegó a mi pecho y pasó el pulgar por mi sensible pezón—. Siempre estaré en deuda contigo por lo que has hecho.

—No ha sido nada. —El aliento se me escapó de golpe y eché el pecho hacia delante, suplicándole en silencio que siguiera.

—Ha sido más de lo que nadie debería pedirte jamás.

— Sentí una lenta caricia bajando por mi columna vertebral, y no supe distinguir si era su mano o su magia—.

Ha sido mucho más de lo que nadie debería haberte quitado nunca.

—No quería pensar en eso. No quería recordar cómo me lo había quitado Gavril ni cómo Evren se había quedado mirando.

Recordarlo me hacía odiarlo, y en ese momento era lo último que quería hacer—.

Debí matar a mi hermano por lo que te hizo.

Quería clavar su cabeza en una pica, igual que hice con la de todos los demás que te habían hecho daño.

Abrí los ojos justo cuando su mano me apretaba el pecho con más fuerza, y se me escapó un suave gemido.

—Eres leal a tu hermano.

—No soy leal a nadie que te haga daño, princesa.

Mi lealtad se rompió en el momento en que entré en esa habitación y lo vi limpiándose tu sangre de su boca mentirosa.

—Sus palabras retumbaron en mi interior e intenté darles vueltas en mi mente, pero solo podía concentrarme en cómo su mano se deslizaba lentamente por mi abdomen hasta llegar a la cintura de mis pantalones—.

Mi lealtad hacia mi hermano desapareció en el momento en que él le hizo daño a algo que es mío.

—Metió los dedos en mis pantalones y yo jadeé al sentir mi humedad—.

Maldita sea, princesa —maldijo y hundió la cabeza en mi cuello—. Me vuelves loco.

Sus dedos comenzaron a moverse sobre mi sensible clítoris, empapado por mi humedad. Ya estaba a punto de desmoronarme antes de que él me hubiera tocado, y la sensación de su magia envolviéndome, descubriendo hasta el último resquicio de mi cuerpo, era más de lo que podía soportar.

Me lamió el cuello y sus dientes rozaron mi piel ya sensible; moví las caderas para pegarme más a su mano.

—Por favor, Evren.

—Déjate llevar, princesa. —Me besó el cuello una y otra vez, y luego subió hasta mi boca—. Deja que la magia que fluye a través de ti te dé todo lo que necesitas.

Solté un grito, con el cuerpo temblando de puro deseo, sintiendo una presión abrumadora, y cuando me pellizcó el clítoris me derrumbé con un alarido.

La magia de Evren acarició mis labios, amortiguando el sonido, y enseguida fue su boca la que estuvo ahí; me calmó lentamente con sus dedos y sus labios contra los míos. Me sentía pesada, increíblemente pesada, y me apoyé en él mientras intentaba entender lo que acababa de pasar.

Incluso a pesar de estar saciada seguía anhelándolo con todo mi ser.

—Vamos, princesa. —Me dio un beso en la frente—. El bosque no es seguro.