Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 16 #2
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—Estaré bien, Adara, pero tienes que salir de aquí. — Volvió a mirar a Jorah. —Esos hombres no se dieron cuenta de que era yo, no hasta el final, pero a ella sí la conocían. No dejes que la vuelvan a ver.

—¡Para!— grité de nuevo y levanté mi daga. Estaba a punto de pasarla sobre mi propia muñeca cuando Evren puso la mano sobre mi cicatriz.

—No lo hagas, princesa.

—Entonces, aliméntate de mí —le supliqué— . Te ruego que te alimentes de mí.

Evren me miró durante un largo rato, y supe que estaba sopesando qué debía hacer. Pero la decisión era sencilla: Evren no iba a sobrevivir en ese bosque sin mi sangre, y yo temía no sobrevivir sin él.

Sus dedos se cerraron suavemente alrededor de mi muñeca, y no estaba segura de si intentaba tener cuidado conmigo o si esas eran todas las fuerza que le quedaban.

—No quiero hacerte daño.

—No me importa. —Negué con la cabeza y volví a acercar la daga a la cicatriz—. No dejaré que mueras.

—Tiene razón, Evren —le dijo Jorah a su amigo y capitán, pero Evren tardó en decidirse.

—No necesito tu daga. —Tiró de mi muñeca hacia él y acortó la distancia entre mi muñeca y su boca—. Ya te he dicho lo que soy.

Evren abrió la boca y contuve la respiración mientras deslizaba suavemente los dientes por mi sensible piel antes de hundirlos más profundamente. Jadeé cuando un dolor me atravesó el brazo, un dolor como nunca había sentido, y la mano de Evren se ciñó a mi alrededor como si temiera que me apartara.

Sus dientes se hundieron más y más, hasta que temí que llegara al hueso.

Cerró los ojos y sentí que una parte de mí se escurría de mis venas hacia él.

Pero era diferente. Aunque el dolor seguía irradiando por mi brazo, sabía que lo que estaba pasando con Evren era muy diferente a lo que había pasado con Gavril.

Mis marcas cobraron vida sobre mi piel cuando los labios de Evren se posaron sobre mi muñeca, y sentí como si ardieran con un dolor exquisito. Era como si hasta ese momento no hubieran formado parte de mí, pero en ese instante se estaban grabando en mi piel.

Las ganas de gritar eran abrumadoras, pero no iba a permitirme esa debilidad. Evren se habría detenido. Y además, el placer y el dolor se mezclaban hasta que ya no podía distinguirlos.

Así que no le permití que se apartara. Mi muñeca temblaba contra su boca mientras se alimentaba, y me preocupaba lo que iba a quedar de mí cuando hubiera terminado.

Me habían dicho cientos de veces que Gavril era mi destino, pero ¿y si todos se equivocaban?

¿Y si, en cambio, yo era el destino de Evren?

¿Y si yo era una Astraluz que no estaba destinada a salvar un reino, sino a salvar a un príncipe bastardo?

El dolor se intensificó en mi interior, alcanzando nuevas cotas, hasta que pensé que no iba a soportarlo ni un momento más, y entonces cambió. Una oleada de calor me invadió y recubrió todo mi cuerpo hasta que sentí que se me cerraban los ojos.

La sensación no cesó: siguió creciendo, incendiando a su paso toda mi piel, y mi estómago se tensó cuando esa insistente oleada se centró entre mis muslos. Jadeé, desesperada por una calma que parecía no poder atrapar, pero eso no sirvió para aliviar la necesidad que crecía dentro de mí.

Con cada gota de sangre que Evren extraía de mi cuerpo me devolvía algo. Algo a lo que no podía aferrarme por mucho que persiguiera desesperadamente esa sensación por todo mi cuerpo.

Él tomaba y tomaba, pero, por los dioses, eso me hacía sentir frenética por mi propia hambre.

—Evren —dije su nombre en voz baja, pero el sonido fue poco más que un gemido. Lo deseaba. Más de lo que había deseado nada antes en mi vida. Deseaba a Evren más de lo que ansiaba mi propia libertad.

Y no era algo solo físico. Cada fibra de mi ser gritaba por él. Mis marcas ardían profundamente, anhelando su tacto.

Quería abrir los ojos para mirarlo, para ver al hombre por el que me sentía tan desesperada, pero no podía. Mientras cada partícula de lo que me daba recorría mi cuerpo, no era capaz de hacer nada más que soportarlo.

Y era una dulce tortura. Evren se movió a mi lado y yo gemí cuando apartó perezosamente la boca de mi muñeca. Posó sus labios contra la nueva herida que sin duda iba a tapar la anterior, y sentí ese pequeño movimiento hasta lo más profundo de mi ser.

—Por favor —supliqué, apretando los muslos.

Algo se había roto dentro de mí. Algo que no comprendía, aunque sabía que no iba a volver a ser la misma después de ese día.

Cuando Gavril se había alimentado de mí, me había hecho sentir como un cascarón de la persona que había sido hasta entonces, pero Evren había logrado que me sintiese más yo misma que nunca.

—Se acabó, princesa— susurró Evren, pero sus palabras parecían estrellarse contra mi piel en oleadas. Todo era demasiado y, a la vez, insuficiente.

—Evren. —Su mano se cerró alrededor de mi nuca y posó su frente sobre la mía.

—Abre los ojos, Adara.

Obedecí como si me lo hubiera ordenado. Parpadeé y abrí los ojos para mirar al hombre que tenía delante. Sus ojos oscuros estaban llenos de calor y poder, y sentí cómo vibraba en él como si fuera tangible.

—Me estoy quemando —dije; era lo único en lo que podía pensar. Quería tocarlo, asegurarme de que estaba bien, pero solo podía concentrarme en la necesidad ardiente que recorría mis venas.

—Joder. —Evren cruzó la vista con Jorah antes de volverse de nuevo hacia mí—. ¿Te he hecho daño?

Negué con la cabeza rápidamente, pero no sabía cómo explicarle lo que sentía. No podía expresar con palabras la presión en mi pecho ni la forma en que mi cuerpo me suplicaba que lo tocara.

—Te necesito.