Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 12 #3
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—¿Tú crees que bailas bien? —le tomé el pelo, y odiaba esa tensión que sentía en el pecho. Gavril estaba siendo amable conmigo, y yo no hacía más que traicionarlo cada vez que él apartaba la vista.

—Me lo han dicho un par de veces —se rio entre dientes y me cogió la mano—. ¿Crees que necesito más entrenamiento?

—Quizá. —Me reí cuando hizo un mohín—. Pero estoy segura de que los dos tendremos más entrenamiento del que nos corresponde esta noche.

—Eso es cierto. —Me soltó la mano el tiempo justo para coger una copa de vino de una mesa alargada llena de alcohol y comida, y me la tendió antes de coger una para él—. Y esto debería ayudar.

Le di un largo sorbo al vino para intentar calmarme los nervios. Necesitaba mucho más que una sola copa, pero agradecí ese pequeño descanso.

Me terminé la copa rápidamente, y Gavril no dijo ni palabra: me la quitó de la mano y me dio otra. Solo sonrió, como si supiera lo mucho que esa noche me iba a exigir, como si no fuera el príncipe que me estaba obligando a casarme porque me quería por mi marca y no por mí.

Y, por un momento, me di cuenta de que Evren probablemente quería lo mismo.

No me cabía duda de que aquel príncipe bastardo me deseaba de una forma indescriptible.

Quería mi cuerpo y yo lo deseaba con la misma intensidad, pero ¿me habría ansiado de esa manera si yo no hubiera sido la chica predestinada?

Lo busqué de nuevo, sabiendo exactamente dónde encontrarlo, y él nos observaba con tanta intensidad como si yo estuviera junto al enemigo y no a su familia.

—Disculpe, Su Alteza. —Me pilló desprevenida un hombre mayor que hizo una profunda reverencia ante Gavril, desviando mi atención hacia él—. ¿Puedo pedirle a la Astraluz que baile conmigo?

Él se enderezó y a mí me faltó el aliento. Había algo familiar en aquel hombre, algo que no lograba identificar, pero sabía que lo conocía.

—Por supuesto. —Gavril le dio una palmada en el hombro antes de volverse hacia mí con una sonrisa—. Adara, este es el noble Etkin.

—Es un placer conocerte, Astraluz. —Me sonrió amablemente, pero yo mantenía la espalda recta y los músculos de las piernas tensos, lista para huir.

—Igualmente. —Fue la única palabra que pude articular.

Me tendió su mano, marcada por el paso del tiempo, y yo miré a Gavril, dudosa, pero él le sonreía al hombre como si no pudiera imaginar a nadie mejor con quien pudiera bailar.

No iba a detenerlo por mucho que se lo suplicara con la mirada.

Deslicé mi mano en la del noble y dejé que me alejara de Gavril y me llevara a la pista de baile.

Él me sujetó una de las manos y yo levanté la otra para apoyarla en su hombro. Miré a cualquier parte menos a él cuando empezó a guiarme por la pista, pero le daba la espalda a Evren. Solo necesitaba mirarlo una vez.

—¿Qué tal lo estás pasando en el reino de Citlali hasta ahora, Astraluz?

Me vi obligada a levantar la vista y estudié rápidamente sus ojos

—Está siendo maravilloso.

—Bien. —Asintió una vez, sin que su cabello gris se moviera apenas de su sitio—. ¿Y todo el mundo ha sido amable contigo?

Se me hizo un nudo en el estómago al escuchar sus palabras. Conocía a ese hombre. Lo conocía, pero no sabía de dónde. No recordaba haberlo visto en el castillo, pero tenía que estar equivocada.

—¿Nos hemos visto antes? —Lo miré a los ojos y vi cómo un destello de miedo se apoderaba de ellos ante mi pregunta.

—No, Astraluz. Acabo de llegar a la capital hace solo unos días.

—Entonces caí en la cuenta de quién era, y todo mi cuerpo se tensó cuando intentó hacerme dar una vuelta—.

¿Estás bien, Astraluz? —Asentí, aunque el corazón me latía a toda velocidad, y miré por encima de su hombro, rezando para que Evren siguiera donde lo había dejado la última vez que lo había buscado.

Sus ojos se encontraron con los míos al instante, y suspiré aliviada.

Ahí estaba yo, bailando en los brazos del hombre que me había atacado hacía solo unas noches, y lo único que necesitaba era ver a Evren.

Él se movió en cuanto vio la expresión de mi rostro.

Un simple gesto y ya se dirigía hacia nosotros con determinación—.

Mis hijas me han dicho que ayer tuvieron el placer de conocerte.

Se sintieron honradas de pasar un rato con la Astraluz.

Esas palabras volvieron a centrar rápidamente mi atención en él.

—¿Quinn y Lydia son tus hijas?

—Así es. —Sonrió como un padre orgulloso y no como el hombre que me había clavado un cuchillo en la pierna sin remordimientos—. Crecieron en este palacio con Gavril. Para ellas es como su hogar.

—Disculpe, noble Etkin. —Evren se detuvo a mi lado, lo bastante cerca como para que no tuviéramos más remedio que interrumpir nuestro baile—. Me encantaría bailar con la Astraluz, si me permite interrumpir. Ella me prometió reservarme un baile.

—Por supuesto —dijo rápidamente, aunque su rostro se contorsionó por el fastidio—. Hablaremos más tarde. —Me hizo un gesto con la cabeza al que yo correspondí rápidamente.

Evren no dudó en quitarme la mano del hombre y pegar mi cuerpo hacia el suyo.

Me abrazó con más fuerza incluso que Gavril, e intenté poner algo de distancia entre nosotros, pero él no me lo permitió.

Nos movimos por la pista sin esfuerzo, perdiéndonos entre la multitud, y solo entonces abrió la boca.

—¿Qué te pasa? —Escudriñó rápidamente mi cara.

—No sé… —Negué con la cabeza porque no sabía cómo expresar con palabras lo que creía que era la verdad.

—¿Qué te pasa, princesa? —Pronunció las palabras entre dientes, articulando cada una de ellas con cuidado.

—¿Quién era ese hombre? —Señalé con la cabeza hacia donde acababa de estar bailando con él.

—¿Te ha dicho algo? —Su expresión se volvió asesina y yo negué rápidamente.

—No. ¿Quién es?

—Es el padre de Quinn. —Me señaló a la chica, que bailaba con otra persona—. Ha formado parte de la corte de mi padre desde que tengo memoria.

—¿Pero no vive en el palacio?

—Ya no. —Sus manos se ciñeron más a mi espalda—. ¿Por qué lo preguntas? —No quería decírselo. ¿Y si me equivocaba? ¿Y si no era el hombre que había visto aquella noche?—. Joder, princesa, dímelo de una vez —masculló, y mi pulso se aceleró aún más.

—Es solo que… —Miré sobre mi hombro en busca del hombre, pero no estaba por ninguna parte—.

Creo que es quien me atacó. —El cuerpo de Evren se tensó bajo mis manos, y supe que no debería haber dicho nada—.

Lo siento. Debo de estar equivocada. No debería haber dicho eso.

— Pude ver la ira ardiendo en su mirada.

Lo solté un poco y, por primera vez desde que lo conocía, sentí verdadero miedo del hombre que tenía delante—. Lo siento.

—No te disculpes. —Sacudió la cabeza antes de mirar por encima de mi hombro con la misma ferocidad que acababa de dirigirme a mí—. No te atrevas a pedir perdón por ese cobarde.

—Pero ¿y si me equivoco? —Negué con la cabeza e intenté separarme de él, pero me estrechó más contra su cuerpo—. Es parte de la corte de tu padre.

—Me da igual si fuera el propio padre, princesa. Nadie te hará daño sin acabar bajo mi espada.

Me sorprendieron sus palabras, pero me estaba mirando con absoluta sinceridad. Deseaba a Evren desesperadamente, pero seguía siendo mi enemigo. La sangre que corría por sus venas era la misma que me mantenía atrapada ahí, pero él también era algo más.

Habría acabado con cualquiera que me hiciera daño, pero ¿habría hecho lo mismo si se tratara de su hermano?

—Nunca tengas miedo de decirme la verdad sobre lo que te preocupa.

—Levantó la mano y apartó un mechón de pelo de mi cara, y el impulso de echarme hacia delante y besarlo fue abrumador.

Acababa de tener la cabeza hundida entre mis piernas, pero no había sido suficiente.

Si acaso, eso solo había hecho que lo deseara aún más.

—Evren. —Susurré su nombre y apoyé la cara en su mano, y fue entonces cuando recordé dónde estábamos. Rostros que no conocía me miraban fijamente, pero reconocí la expresión que mostraban mientras pasaban la vista de su príncipe bastardo a mí.

Podían ver todo lo que había estado tratando de ocultar.

—La reina nos está mirando. —Evren apartó la mano de mi rostro antes de poner una mínima distancia entre nosotros. A todos los demás no les habría parecido nada, pero yo me sentí como si estuviera a una enorme distancia— . Luego te busco.

Hizo una reverencia cuando sonaron las últimas notas de la canción, y no pude apartar la vista de él cuando se incorporó y se alejó de mí. Me dejó sola en medio de la pista de baile y todos seguían mirándome.

Cuando me volví hacia la reina, comprobé que Evren tenía razón. Me estudiaba con un gesto frío y astuto, y no pude apartar la mirada de ella, y menos cuando Gavril volvió a aparecer ante mí con una sonrisa encantadora en el rostro; me rodeó la cintura con los brazos y me llevó de nuevo a bailar.

La reina me observó durante todo el tiempo, y supe que estaba analizando la forma en que me aferraba a Gavril en comparación con el modo en que abrazaba a Evren. Y, aunque lo sabía, era consciente de que no iba a poder convencerla de que estaba equivocada.

—Me gustaría enseñarte algo. —Aparté la mirada de la reina el tiempo suficiente para volverme a mi prometido, que mostraba una sonrisa tensa.

—De acuerdo. —Asentí, aunque lo único que quería era regresar a mi habitación. Quería encontrar a Evren y desaparecer en su oscuridad solo unos momentos más.

Pero eso no iba a suceder.

Gavril tomó mi mano entre las suyas y depositó un suave beso en mis nudillos antes de pegarme a él.

Lo seguí fuera del salón de baile, y todas las miradas se posaron en nosotros.

Eso era lo que necesitaba que vieran. Necesitaba que sintieran lo enamorada que estaba de su príncipe heredero.

Necesitaba que creyeran algo que nunca iba a ser verdad.