Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 12 #2
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Su lengua me acariciaba lentamente antes de acelerarse; cambiaba constantemente de ritmo y me estaba volviendo loca, y justo cuando estaba a punto de gritar de frustración, Evren me hizo volverme para quedar frente a él y me estrelló la espalda contra la piedra.

Me levantó el muslo, aquel que ahora lucía una marca que, de alguna manera, era a partes iguales mía y suya, su lengua recorrió la luz de las estrellas y las sombras, y se lo echó sobre su hombro.

El movimiento me provocó una punzada en el sexo, y rápidamente bajé la mano para perseguir esa sensación.

—Eso no va a pasar, princesa. —Evren apartó rápidamente mis dedos de mi centro antes de metérselos en la boca y lamer las pruebas de lo que acababa de hacer—. Tu placer es mío y solo mío.

No hubo más provocaciones después de eso. Me abrió las piernas y se metió mi sensible clítoris en la boca de un solo movimiento, y rápidamente me aferré a su pelo para evitar caerme. El placer fue explosivo y obsceno, y grité su nombre cuando me recorrió todo el cuerpo.

Sentí como si todo mi interior se tensara, y supe que iba a llegar al clímax antes de poder evitarlo.

—Evren, por favor.

Deslizó dos dedos dentro de mí de forma inesperada y los curvó mientras chupaba con más fuerza mi clítoris.

—Eres mía, Adara. Da igual con quién bailes esta noche o como te presenten.

Me perteneces. Cualquiera que venga después de esto te tendrá con rastros del príncipe bastardo en tu piel.

—Tensó los dedos que tenía en mis caderas y me derrumbé con un grito, cabalgando sobre su rostro hasta exprimir hasta la última gota de placer—.

Eso es, princesa. Grita mi nombre mientras te esperan ansiosos.

Eres su salvadora, pero también mi perdición.

Vas a destrozarme. — Me dio un suave beso entre los muslos, luego otro a lo largo de la nueva marca en mi pierna y se aseguró de que me mantuviera firme sobre mis pies.

Seguía de rodillas ante mí, y al mirarlo, aún podía ver mi humedad en sus labios.

Me bajó la falda, la colocó bien y se levantó.

Yo seguía apoyada de espaldas contra la pared y él sonrió como si supiera lo que estaba pensando—. ¿Te gustaría saberlo, princesa?

—¿Saber qué?

—Cómo es tu sabor en mis labios. Me parece injusto que yo haya saboreado mi propio sabor en los tuyos, pero tú no hayas tenido el placer de saber lo dulce que eres.

—Se echó hacia delante antes de que pudiera responder y me besó.

Deslizó la lengua contra la mía a la fuerza antes de que pudiera objetar nada, y gimió cuando sentí mi sabor mezclado con el suyo—.

No quiero llevarte a ese maldito baile —gruñó antes de dar un paso atrás, alejándose de mí.

—¿Pero? —Volvió a apoyar la mano en la pared y esa vez se abrió con mucha más facilidad que la anterior.

—Pero debo hacerlo, princesa. —Extendió la mano hacia mí y se la cogí; me llevó al pasillo donde todo había empezado, y apreté las piernas al darme cuenta de que ya no llevaba ropa interior—.

Por desgracia, todo el mundo se dará cuenta si no apareces.

—Volvió a colocar mi mano en el hueco de su brazo, se pasó la suya por el cabello y luego se puso en marcha como si no acabara de desarmarme por completo.

Si antes no estaba preparada para enfrentarme a todos en el baile, en ese momento estaba totalmente indefensa.

Cuanto más nos acercábamos al salón, más y más fuerte sonaba la música, hasta que el estruendoso crescendo parecía burlarse de los latidos acelerados de mi corazón en el pecho—.

Estaré aquí todo el tiempo— susurró Evren, y me dio un beso discreto en la coronilla.

Unos cuantos guardias de Evren montaban guardia a las puertas. Los tres se agacharon al acercarnos y yo me retoqué el vestido para asegurarme de que todo estuviera en su lugar.

¿Podían ver los invitados el lugar donde las manos de Evren habían fruncido la tela y la habían apartado de su camino para hundirse entre mis piernas, o iban a verme como la reina esperaba?

—Astraluz. Capitán. —Uno de los guardias de más edad se acercó a nosotros—. La reina os está esperando.

Evren asintió una vez en su dirección antes de conducirme hacia ella, y yo inspiré hondo y cerré los ojos antes de tener que enfrentarme a la realidad de la noche que me esperaba.

—Respira. —La voz de Evren era una súplica, y cuando volví a abrir los ojos, estábamos entrando en el salón de baile rodeados de cientos de rostros de gente que no conocía.

Todos dejaron lo que estaban haciendo para mirarme mientras nos abríamos paso entre ellos. Podía oír sus susurros y sus exclamaciones de sorpresa al ver mi marca. Todos habían vuelto la cabeza para fijarse en esa marca que tenía en la espalda.

Casi me había olvidado de ella cuando estaba con Evren. Era casi como si no importara cuando estaba con él. Pero eso era absurdo, porque importaba más que mi propia vida. Era todo lo que yo era y todo lo que ese reino quería de mí. Y esa noche estaba ahí para lucirla.

La multitud se apartaba a nuestro paso, abriendo un camino para la Astraluz que iba escoltada por el príncipe bastardo, y yo sabía que así era como todos nos veían.

Ninguno de los dos era más que nuestra etiqueta, y cuando Gavril apareció a la vista, ni siquiera se fijó en su hermano, que iba a mi lado.

Era un error por su parte, porque su hermano era lo único que yo podía ver. Se dirigió hacia nosotros con una sonrisa en el rostro e hizo una profunda reverencia se detuvo frente a mí.

—Adara —suspiró, y me tendió la mano—. Estás impresionante.

—Gracias. —Estreché el brazo de Evren antes de reunir el valor para soltarlo y permitir que su hermano me apartara de él.

Gavril hizo que me acercara ignorando a su hermano, y me condujo hacia el estrado donde esperaban el rey y la reina.

—Dioses, qué hermosa estás. —Gavril deslizó los dedos por mi espalda y sentí un escalofrío.

Aún estaba muy afectada por lo de su hermano, muy nerviosa. La necesidad de hacerle una reverencia a la reina era abrumadora, pero de alguna manera logré mantener la cabeza alta, como si no acabara de dejar que el otro príncipe de su reino me devorara.

—Pareces diferente, Astraluz. —Esas fueron las primeras palabras que pronunció; me sentí consumida por el miedo y el aliento se me escapó de golpe.

—¿Qué? —No había forma de que ella lo supiera. No era posible que pudiera ver cómo Evren había marcado mi alma con sus caricias.

—Tu muslo. —Señaló con la cabeza hacia el corte de mi vestido—. Esa marca de las estrellas no siempre ha estado ahí. —Entrecerró los ojos mientras la estudiaba—. Y es diferente a las demás.

—Ah. —Puse los dedos sobre la nueva marca que Evren me había hecho y bajé la mirada hacia la cicatriz con el corazón acelerado—. No, Su Majestad. Es nueva.

Sonrió, aunque en ese gesto no había ni rastro de humor y nos miró primero a su hijo y luego a mí.

—Al parecer este compromiso sacará lo mejor de los dos. —Hizo una larga pausa y volvió a contemplar mi muslo—. Por favor, bailad. Dejad que nuestros invitados contemplen la magia que adorna tu piel.

Su mirada severa se posó en Evren antes de volverse lentamente hacia mí; se me hizo un nudo en el estómago ante su evaluación.

Entrecerró los ojos, con la vista clavada en mi nueva marca y sentí el temblor de mis manos a los costados.

Fuera lo que fuese lo que estaba viendo, tenía que convencerla de que estaba equivocada.

Me volví hacia Gavril y le sonreí con toda la alegría que pude reunir.

—Entonces, bailemos.

Me llevó hacia el centro de la pista, donde otros ya estaban bailando, y por primera vez desde que había entrado, me di cuenta de lo guapo que era. Llevaba el cabello castaño apartado de su rostro y la ropa ceñida a su cuerpo de una forma muy atractiva.

—Pensaba que no ibas a llegar nunca. —Se rio, me levantó las manos y se las puso sobre los hombros. Deslizó lentamente los dedos por mis brazos, y yo intenté no tensarme bajo su tacto.

—Me ha costado mucho ponerme este vestido. —Volvió a reírse con suavidad y su mirada se posó en mi pecho.

—Me lo imagino. ¿Te he dicho lo guapa que estás con él?

—Sí. —Sonreí y aparté la vista de él al recordar lo expuestos que estábamos.

Todos en la sala nos observaban, evaluando a su futuro rey y a mí, y podía ver que esperaban a que cometiera un error.

—Habrá algunos nobles que querrán bailar contigo esta noche. —Levanté la cabeza—. La reina ha pedido que aceptes.

—¿Lo ha pedido o lo ha exigido? —Mi corazón se aceleró al pensar en tener que bailar con cualquier otra persona. En que me tocaran.

Gavril me dedicó una sonrisa forzada.

—Supongo que es lo mismo. —Asentí porque sabía de sobra lo que eso significaba.

No tenía otra opción—. Pero confía en mí, Adara.

La idea me vuelve loco. —Sus manos se ciñeron alrededor de mi cintura mientras dábamos vueltas por la pista de baile.

—No quiero ver a ningún otro hombre poner las manos sobre lo que es mío.

Sus palabras me helaban la sangre porque temía lo que iba a hacerme si alguna vez se enterara de cómo me había tocado su hermano. De cómo se había quedado con lo que era suyo delante de sus narices.

—Haré lo que tenga que hacer. —Miré hacia la reina: estaba hablando con unos cuantos hombres, pero sus ojos estaban clavados en mí, observando cada uno de mis movimientos.

Iba a hacer lo que fuera necesario para que no sospechara de mí ni del hijo que no era de su sangre. Lo busqué entre la multitud y por fin lo encontré cerca de la puerta con algunos de sus guardias. Estaban hablando entre ellos, los tres con muecas en el rostro, pero los ojos de Evren me seguían.

La música se ralentizó, las últimas notas flotaron por la sala, y Gavril me pegó más a él cuando nuestros pasos se detuvieron al mismo tiempo que el sonido.

—Vamos. —Me sonrió juguetonamente, y sentí un nudo en el pecho—. Vamos a por un poco de vino antes de que te obliguen a ir a la pista con unos hombres que no bailan ni de lejos tan bien como yo.