12
Escuché un golpe firme y fuerte en mi puerta e inspiré hondo antes de acercarme a ella.
El vestido se arremolinó a mi alrededor mientras andaba, y supe que eso era exactamente lo que la reina quería: que llamara la atención.
Y estaba segura de que iba a ser así. Abrí la puerta y me sorprendió ver a Evren al otro lado, en lugar de a uno de los guardias.
La sonrisa de su rostro se desvaneció mientras recorría la tela ceñida que realzaba mi cuerpo y vi cómo apretaba los puños al fijarse en la larga abertura que recorría mi muslo.
—Princesa. —Carraspeó y buscó mis ojos—. He venido a acompañarte a tu primer baile.
—¿No debería ser Gavril quien lo hiciera? —pregunté, aunque me alegraba mucho que fuera Evren en lugar de su hermano.
—El príncipe heredero ya está en el baile. Su Alteza ha acompañado a la reina y al rey.
—-¿Pero tú no?
—Yo no. —Sonrió de nuevo, esa vez con un gesto que parecía sincero.
Llevaba su característico atuendo negro, pero sus pantalones oscuros estaban perfectamente planchados y metidos en unas botas de cuero, y su camisa se amoldaba a su cuerpo como una segunda piel.
Y, por primera vez desde que lo conocía, el príncipe llevaba un broche con el escudo real de su padre en el pecho—.
Estás… —Vaciló un momento y su mirada se posó en mi corpiño de satén blanco y tela transparente adornada con joyas—. Increíble. — Sacudió la cabeza.
Noté cómo el calor me subía al pecho y aparté la vista. Solo podía pensar en cómo me había arrodillado ante él la noche anterior.
—Tú también estás guapísimo.
—No hay comparación posible, princesa. —Se pasó la mano por la parte delantera de los pantalones—. Esté como esté, no me puedo comparar contigo.
Intenté que no viera lo mucho que me afectaban sus palabras, pero era imposible: me habían cambiado por completo y de forma irrevocable.
—Gracias, Evren. —Me tendió la mano y yo la tomé sin dudar. Mis marcas estelares cobraron vida al primer contacto de su piel con la mía, y fue extraño sentirlas en el muslo, además de en la espalda y las mejillas.
Apenas lo había notado la noche anterior porque lo había sentido por todas partes.
Me cogió de la mano y la puso en el hueco de su brazo; cerró la puerta detrás de nosotros y me guio por el pasillo hacia el baile. Un baile que se celebraba en mi honor, aunque yo no tenía ningún interés en asistir.
—No quiero hacer esto. —Clavé los dedos en el bíceps de Evren y él se frenó en seco.
El pasillo estaba en silencio y vacío, y aunque sabía que el palacio estaba lleno de gente esperando para verme, cuando alcé la vista hacia él, me sentí como si estuviéramos solos.
—Estaré ahí todo el tiempo, princesa. Nadie va a hacerte daño. —Sus ojos oscuros me recorrieron todo el cuerpo—. Ya te han hecho daño una vez bajo mi vigilancia, y no voy a permitir que vuelva a suceder.
Pero que me hicieran daño físicamente no era lo que más temía. No quería que me exhibieran por su salón de baile como a ganado que no era más que un trofeo antes de ser sacrificado. No quería sentir sus miradas ni sus manos sobre mí.
Sentía una desesperada necesidad de esconderme. De huir. Pero con Evren a mi lado supe que eso no era una opción. Me había jurado que nadie iba a hacerme daño, pero iba a sufrir a manos de su familia.
Levantó la mano y me recorrió la mandíbula y el labio inferior con el pulgar. Podía oler un ligero aroma a cuero en su piel y, aunque sabía que no debía hacerlo, pasé la lengua por la punta de su pulgar antes de que pudiera retirarlo.
Su mirada se oscureció y me levantó la barbilla para mirarme a los ojos.
—Estás jugando a un juego peligroso, princesa.
—¿Y qué juego es ese? —lo provoqué . Quería una discusión, cualquier cosa que me alejara del destino que se presentaba ante mí.
—El juego en el que te llevo de regreso a tu habitación y follo contigo en lugar de ir a ese baile absurdo.
—Se acercó más a mí y no me atreví a retroceder.
Estaba desesperada por sentir lo mucho que me deseaba—.
En lugar de esta puta versión perfecta de la Astraluz que han creado, llegarás ante ellos mancillada y saciada.
—Se echó hacia delante, muy cerca de mis labios—.
Mi hermano te mirará, y se dará perfecta cuenta de qué es lo que deseas.
No tendrá más remedio que ver lo mucho que me necesitas, lo fácil que me ha resultado enseñarte las cosas con las que he soñado desde que te vi por primera vez.
Sentí un nudo en el estómago y noté cómo se acumulaba la humedad entre mis piernas.
—¿Y si eso no es lo que quiero?
Se rio con un sonido suave y grave.
—Los dos sabemos que sí lo es, princesa.
Puedo oler lo mucho que me deseas ahora mismo.
No puedo quitarme de la cabeza la imagen de ti de rodillas ante mí.
Aún recuerdo tu sabor en mis dedos. Me muero por ver si es diferente cuando tenga la cabeza hundida entre tus muslos y tú me jures lealtad con un grito de placer.
—Evren —susurré su nombre a modo de advertencia, pero sonó como si le estuviera suplicando que hiciera exactamente lo que había prometido.
Me rodeó con un brazo y clavó sus dedos callosos en mi espalda.
—Dioses, Adara. —Deslizó la nariz por mi mandíbula y mi pecho se elevó y bajó rápidamente contra el suyo—. Me derrites cada vez que mi nombre sale de tus labios.
Arqueé la espalda, su poder me recorrió y sentí un profundo dolor entre las piernas. El mismo que llevaba sintiendo desde que lo había conocido.
—Se supone que deberíamos estar en el baile…
—Deberíamos… —Hundió la cabeza en mi cuello, inhalando profundamente mi aroma—.
Mucha gente espera ver a la futura reina de Citlali.
—Pronunció esas palabras, pero no se apartó de mí.
Más bien al contrario, me ciñó más contra él y supe que iba a arrugarme el vestido—.
Pero, por los dioses, debo saborearte antes de que ellos sacien su curiosidad.
—Evren anduvo de espaldas, tirando de mí, y casi tropecé con las faldas de mi vestido mientras él buscaba a tientas la pared de piedra y recorría con las manos la superficie lisa.
Por un momento, me pregunté qué estaba haciendo, pero entonces la piedra se movió, igual que lo había hecho con el guardia, y Evren me empujó al interior del oscuro pasillo que esa noche estaba iluminado por unos cuantos candiles que colgaban de la pared.
La piedra apenas se había cerrado cuando él me rodeó el cuello con la mano y me pegó a su cuerpo.
—¿Qué es este lugar? —Era tan pequeño que, al estar los dos juntos, nos veíamos obligados a estar muy cerca, pero el pasillo se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
—Es el pasadizo de los guardias. —Me empujó contra la pared y recorrió mi cuello con los labios—. Lo usamos para llegar rápidamente a donde necesitamos ir en el palacio.
—¿Y la reina lo sabe? —Sus dientes rozaron mi clavícula y cerré los ojos ante la sensación.
—Hay muy pocas cosas que la reina no sepa, princesa.
Pero esta noche está demasiado ocupada como para preguntarse qué está pasando en los pasadizos de su castillo.
—Entonces acercó su boca a la mía y me besó con rudeza, como si le costara todo su autocontrol no devorarme.
Y yo correspondí al beso con la misma descarada indiferencia.
Él gimió cuando mi lengua se encontró con la suya, y pude saborear el regusto a cerveza en su lengua—.
Pon las manos en la pared, princesa. —Me giró y me empujó hasta que me vi obligada a obedecer, y apoyé las manos en la piedra justo por encima de mi cabeza mientras Evren me sujetaba por las caderas—.
Joder, eres preciosa. —Deslizó la mano desde la parte superior de mis hombros por mi columna vertebral, y yo contuve el aliento cuando sentí que se arrodillaba detrás de mí.
Me apartó la falda; la abertura en el muslo le facilitó pasar los dedos por mi ropa interior con un roce casi imperceptible.
Me estremecí cuando presionó con más firmeza contra mi sexo, y oí su suave risa detrás de mí—.
Estás lista para mí. ¿Verdad? —Apartó la ropa interior y tocó mi piel—.
Estás empapada. —Cerré los ojos con fuerza mientras él recogía mi humedad con los dedos antes de hundirlos lentamente en mi interior.
Abrí las piernas para darle mejor acceso a mi cuerpo, y él me dio un suave beso en la parte posterior del muslo—.
¿Quieres que baje la boca, princesa? ¿Quieres que saboree lo que hay entre tus putos muslos perfectos?
—Asentí y lo miré por encima del hombro; estaba de rodillas y su expresión mostraba tal intensidad que supe que nunca iba a volver a vivir algo así.
Pasara lo que pasase en mi vida, nunca iba a tener un amante tan posesivo como Evren—.
¿Alguien te ha probado antes, o ese honor me corresponde a mí?
—Me mordisqueó el muslo y las piernas me fallaron.
—Solo a ti— susurré y llevé la mano hacia atrás para tocarlo. Deslicé los dedos por su nuca para acariciarle el pelo.
Me levantó más la falda y su lengua acarició la curva inferior de mi trasero. Eché las caderas hacia atrás, buscando su boca, desesperada por sentir su lengua donde la necesitaba.
Evren apartó la mano de mi sexo y me agarró con fuerza por las caderas antes de rasgar el delicado encaje de mi ropa interior.
—Joder, sabes aún mejor de lo que imaginaba.
—Ah, dioses. —Apoyé la frente contra mi brazo, él tiró de mis caderas hacia atrás y mi trasero quedó en una postura incómoda.
No estaba preparada para lo que estaba haciendo, y cuando el primer roce de su lengua tocó mi sexo, grité contra mi brazo.
—Eso es, princesa —dijo Evren contra mi piel—. Déjame oír cuánto te gusta lo que te estoy haciendo.
Me chupó la carne y luego la lamió con suavidad; yo estaba demasiado excitada como para siquiera pensar en sentir vergüenza por el hecho de que el príncipe me estuviera devorando como un hombre hambriento.