11 #3
Su mano era áspera y frenética contra mi rostro, y supe que el príncipe estaba a punto de perder hasta el último atisbo de control que aún le quedaba.
—Esta noche no. —Sacudió la cabeza suavemente, pero yo no quería hacerle caso. Me había llevado al límite, y yo aún no había tenido su piel bajo mis dedos.
—Por favor, Evren —le supliqué a ese hombre que tenía delante y del que debería haberme alejado.
—Esta noche me has dado más de ti de lo que jamás debería haberte pedido, princesa. Déjame acompañarte a tu habitación. —Me tendió la mano, pero en lugar de cogerla, me arrodillé ante él—. Joder. —Se pasó la mano por la boca y miró hacia la puerta de la biblioteca.
No estaba preparada para su poder ni para el efecto que tenía en mí, y me aferré a sus muslos cuando una nube de magia negra cayó de sus dedos y llenó la sala a nuestro alrededor. Envolvió la biblioteca por entero salvo el lugar donde estábamos nosotros.
Me tensé cuando su magia tocó mi piel, y sentí esa descarga hasta lo más profundo de mi ser. Levanté mis dedos temblorosos hasta la parte superior de sus pantalones, y aunque no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, estaba desesperada por intentarlo.
Quería darle placer como él me lo había dado a mí. Quería borrar de su mente a cualquiera que hubiera estado con él antes que yo.
—¿Puedo? —Mis manos vacilaron ante los botones de sus pantalones, y cuando levanté la vista, Evren me miraba con tanto deseo que me hizo apretar los muslos con necesidad.
—Puedes hacer lo que quieras conmigo, princesa. Soy tuyo. —Me acarició el pelo con ternura, y yo concentré mi atención en desabrocharle los botones con mis dedos torpes.
Evren no me metió prisa. Se quedó en silencio mientras yo le bajaba los pantalones lo suficiente como para verlo. Tragué saliva al contemplar por primera vez su miembro y entonces llevé esos mismos dedos temblorosos a su piel.
Era suave, mucho más suave de lo que había imaginado. No sabía qué esperar, pero sentía una necesidad desesperada de descubrirlo por entero. Envolví mi mano alrededor de su grosor, apretando con fuerza mientras intentaba juntar el índice con el pulgar, y él siseó.
Deslicé mi puño arriba y abajo por su pene, probando cómo se sentía en mi mano, y él se aferró a mi pelo.
—¿Puedo saborearte? —le pregunté, y Evren cerró los ojos con fuerza antes de abrirlos de nuevo rápidamente.
—Por los dioses, por favor, princesa. —Hundió los dedos en mi cuero cabelludo—.
He estado soñando con lo que esa boca tuya puede hacer desde la primera vez que te vi.
— Volví a mirar su pene y me sentí intimidada por su tamaño.
No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero sabía que quería sentirlo en mi boca de la misma forma en que acababa de sentir su pulgar.
Quería provocarle esa misma reacción. Me lamí los labios y me acerqué a él, y le eché un vistazo justo cuando pasaba la lengua por su glande—.
Joder — gruñó él, y su mano se aferró aún más a mi pelo.
Sentí un pinchazo de dolor, pero me pareció que estaba directamente conectado con lo que tenía entre los muslos.
Pasé la lengua por la parte inferior de su pene, saboreando toda su longitud, y sus muslos temblaron bajo mi mano—. ¿Lo estoy haciendo bien?
Evren se rio entre dientes y dejó escapar un suspiro entrecortado.
—No hay nada que puedas hacer que esté mal, princesa.
Que me toques como tú quieras es más de lo que jamás podría pedir a los dioses.
—Tomé sus palabras como un estímulo y envolví con mis labios la punta de su miembro.
Me llenó la boca al deslizarlo lentamente dentro de mí, y pasé la lengua por debajo.
Hice exactamente lo mismo que con su pulgar, y ahuequé las mejillas mientras lo llevaba más adentro.
Lo metí hasta que chocó con la parte posterior de la garganta y me dio una arcada.
Evren me echó la cabeza hacia atrás, agarrándome del pelo, y me penetró la boca de nuevo.
Lo hizo una y otra vez hasta que perdió el control.
Entonces empezó a moverse de verdad: llegaba hasta el fondo antes de retirarse casi por completo de mi boca. Nunca en mi vida me había excitado tanto.
Evren siempre era guapo, pero fuera de control era una visión impresionante.
Me agarré a sus muslos mientras él se estrellaba contra mi boca una y otra vez. Mi cuerpo temblaba de placer al ver cómo me miraba.
Casi me parecía mal verlo desmoronarse, como si ese fuera el Evren más vulnerable que jamás hubiera permitido mostrar ante nadie, pero no podía apartar la mirada. Incluso cuando me levanté la falda del vestido y metí la mano por debajo, seguía mirándolo.
Mis dedos encontraron el punto exacto donde él había estado restregando el libro contra mí solo unos instantes antes y me temblaron las piernas al instante. Ya estaba a punto de caer al abismo; la sensación de tener a Evren en mi boca era más de lo que podía soportar.
Me metí los dedos para empaparlos de mi humedad y luego los llevé de nuevo hasta el manojo de nervios y lo acaricié con pequeños círculos. Intenté seguir el ritmo que marcaba Evren, pero en cuanto vio lo que hacía mi mano, se volvió casi brutal.
Se aferró a mi mandíbula y su pulgar me acarició la piel mientras yo seguía tomándolo; supe que él estaba a punto de llegar al límite cuando sus embestidas se volvieron despiadadas.
—Me voy a correr, princesa —me advirtió, y yo gemí alrededor de él, persiguiendo ese éxtasis que solo él había sido capaz de darme.
Lo chupé con más fuerza en mi boca mientras su magia parecía surgir y arremolinarse a nuestro alrededor.
Mis marcas ardían contra mi piel. Sentí que me tocaba por entero; incluso la mano que estaba enterrada entre mis muslos no parecía la mía.
Sentí la primera oleada de su placer al fondo de mi boca y solté un gemido; mis dedos apenas podían seguir el ritmo.
Me estaba desmoronando, con más intensidad que antes, y bebía su placer con el mismo entusiasmo con el que perseguía el mío.
Él rugió y mostró los dientes; las puntas afiladas de sus caninos parecían más prominentes que antes.
Debería haber tenido miedo, pero el éxtasis seguía recorriendo mi cuerpo.
Evren ralentizó sus movimientos y me agarró con menos fuerza.
Se retiró de mi boca antes de pasarme suavemente el pulgar por los labios hinchados—. ¿Estás bien, princesa?
Asentí porque no podía articular palabra. La magia de Evren aún se arremolinaba a nuestro alrededor, y no sabía si era por elección propia o si simplemente había perdido el control sobre ella.
Pero, en cualquier caso, lo agradecí cuando me cogió por debajo de los brazos e hizo que me levantara con las piernas temblorosas.
—Lo que yo decía: una cosita perversa. —Se echó hacia delante y me besó.
No quería separarme nunca de él ni de su magia.