Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 10 #3
48%

10 #3

—Levántate. —Su voz era exigente y grosera, y por un momento quise desafiarlo.

Quería hacer que por fin me mirara como si yo fuera más que alguien a quien habían herido intentando escapar de su hermano.

En cambio, me puse de pie con las piernas temblorosas para quedar frente a él, que miró fijamente hacia el punto donde se unían mis muslos, y aunque no debería haberme fijado en la expresión de su rostro cuando la pierna me estaba doliendo tanto, era imposible no hacerlo—.

Agárrate a mis hombros. —Hice lo que me decía y lentamente me bajó por las piernas lo que quedaba de mis pantalones destrozados antes de ayudarme a sacarlos.

Me volví a sentar en la cama frente a él en cuanto tiró mis pantalones a sus espaldas, y observé cómo sumergía en silencio sus dedos oscuros en el agua humeante. Escurrió un paño antes de levantar la vista hacia mí, y esta vez pude ver la lástima que se escondía tras toda su ira.

Tragué saliva con dificultad y aparté la vista. Su ira era más fácil de soportar.

—Joder —maldije cuando me puso el paño caliente contra el corte. Contoneé las caderas y me levanté sobre los brazos, gritando de dolor, pero Evren me empujó hacia abajo como si yo no pesase nada.

—Tengo que limpiarlo —me gruñó; apartó el paño sucio y cogió otro del agua.

—Puedo hacerlo yo misma. Quiero irme a mi habitación.

Evren se rio, escurriendo el paño.

—¿También te vas a coser la herida tú misma? ¿Qué le vas a decir a Eletta cuando lo vea mañana, o a la reina cuando te acompañe a tu próxima prueba del vestido?

—Les diré que me resbalé y me caí —dije lo primero que había acudido a mi mente, y la mirada de Evren se ensombreció.

—La reina no es tonta, princesa. Si pensara por un momento que intentaste huir, te haría cosas mucho peores de las que jamás le hizo a…

—¿A mi padre? —terminé antes de que él pudiera hacerlo.

Me miró de nuevo con esa misma lástima en los ojos.

—A tu padre o a cualquiera que se atreva a traicionarla. Tú eres todo por lo que ella ha estado trabajando, y no permitirá que se le escape de las manos.

Me puso el otro trapo contra la herida y esa vez me mordí el labio inferior para evitar gritar.

—No quiero estar aquí. —Apreté los puños y los clavé en el colchón, aunque me moría de ganas de alcanzar con ellos a Evren.

—No tienes elección, princesa. —Evren se concentró en limpiarme la herida y la piel enrojecida—. Voy a tener que usar magia para curarte esto.

—¿Qué? —Mi voz temblaba, y sabía que él podía oír el miedo que rezumaba de ella.

—Mi magia puede curarlo rápidamente. —Deslizó un dedo por la cara interna de mi muslo, justo debajo del corte, y yo me eché a temblar—. O puedo usar aguja e hilo, pero correrás el riesgo de…

—Hazlo y ya está. —Cerré los ojos con fuerza; él me separó aún más las piernas.

—No voy a hacerte daño, Adara. —Su voz era suave y reconfortante, pero no me atreví a abrir los ojos cuando mi marca comenzó a latir con un pulso constante; aun así podía sentir la oscuridad a mi alrededor, una oscuridad inusual e impresionante.

Las sombras me envolvían como una caricia, y no podía distinguir qué era Evren y qué era su magia. Pero sabía que no quería que acabara.

El dolor se desvaneció de mi pierna como si él lo estuviera absorbiendo, y suspiré cuando el último vestigio abandonó mi cuerpo.

Su magia se alejó de mí lentamente, como si le costara tanto dejarme como a mí perder su contacto. Pero cuando se desvaneció de mi piel, abrí los ojos y vi cómo el humo negro que me había curado se filtraba de nuevo en los dedos de Evren y que él hacía una mueca.

—¿Estás bien? —Abrí las manos y las posé contra la suave tela de su ropa de cama.

—No te preocupes por mí, princesa. —Señaló con la cabeza hacia mi muslo—. ¿Te ha pasado esto antes?

—No. —Negué con la cabeza—. Nadie había hecho magia antes conmigo.

—No me refiero a eso. —Levantó la mano y la deslizó por donde acababa de estar el corte, y fue entonces cuando lo vi—. ¿Alguna vez te ha quedado una cicatriz como esta?

Clavé la vista en la luz de las estrellas que atravesaba mi muslo como si intentara ocultar mi piel imperfecta.

—No. —Tragué saliva con dificultad mientras mis dedos se unían a los suyos sobre mi muslo—. Nunca.

La luz de las estrellas que marcaba mi piel había estado ahí desde que nací. Nunca había aparecido una nueva marca, ni siquiera después de todas las heridas que la habían desfigurado.

Y nunca mis marcas de Astraluz habían estado envueltas en la oscuridad como si se hubiera derramado tinta sobre mi muslo.

—Tienes que mentir. —Los dedos de Evren recorrieron los míos, trazó con ellos mi nueva marca y sentí que cobraba vida bajo su tacto como si siempre hubiera formado parte de mí—. Si Gavril o la reina ven esto, tienes que mentirles.

—¿Qué les digo? —Pude ver un atisbo de pánico en su rostro.

—Lo que sea necesario. —Sus dedos me estrecharon la pierna y se incorporó sobre sus rodillas hasta que su cuerpo quedó pegado a mis muslos.

Entonces me di cuenta de que estaba sentada en su cama frente a él, vestida solo con mi ropa interior y una camisa, y cuando sus dedos se clavaron en mi piel una vez más, no pude preocuparme por la reina ni por el príncipe heredero—.

No deben saber nunca que he usado mi magia contigo.

—¿Qué harán si se enteran?

—Me temo que ninguno de los dos quiere saber la respuesta a eso. —Pasó las manos por mis costados hasta posarlas en mis caderas. Abrí las piernas para él sin pensarlo, y Evren aprovechó la oportunidad para moverme hacia el borde de la cama, contra él.

—¿Y si se enteran de la forma en que te he dejado tocarme? —Mi pregunta hizo sonreír a Evren, y él levantó lentamente la mano, me pasó el pelo por encima del hombro y me acarició el cuello.

—¿Vas a dejar que te toque otra vez?

—No —dije; no había sonado en absoluto convencida y Evren lo sabía. Sonrió aún más y hundió los dedos en la suave carne de mi cadera.

—Dices una cosa, pero tu cuerpo dice otra. —Se echó hacia delante y deslizó los labios por mi mandíbula. No fue un beso, sino como si sus labios intentaran descubrir quién era yo simplemente por la curva de mi rostro—. No tienes por qué avergonzarte de desearme.

Tragué saliva con dificultad mientras asimilaba sus palabras.

—Hace un momento, estabas dispuesto a matarme.

—Sigo dispuesto a matarte, princesa. Esta noche te has puesto en peligro de verdad, y podrían haberte matado.

— Sus manos se clavaron en mí con más fuerza, como si intentara controlarse—.

Pero mi ira hacia ti no sirve para apagar mi deseo.

Si acaso, de alguna manera ahora te deseo aún más.

Quiero marcar tu hermosa piel para que todos sepan que me perteneces.

—No le pertenezco a… —Mis palabras se truncaron cuando sus dientes rozaron la sensible piel de mi cuello. Inspiré profundamente, extendí las manos y me agarré a sus antebrazos en busca de apoyo. Mi pecho se agitaba contra el suyo, y podía sentir cómo se le aceleraba el corazón.

—No me digas mierdas como esa esta noche — masculló—. Ya me ha costado todo lo que tenía no echarte sobre ese trono y follar contigo hasta que a nadie le quedaran dudas de que eres mía. Y no me habría importado nada que nos viera quienquiera que intentara hacerte daño, la reina o mi puto hermano.

Estaba a punto de recordarle que su hermano era precisamente a quien yo pertenecía, pero cuando vi la posesividad con la me miraba, lo único que pude hacer fue intentar apretar los muslos entre los que ya sentía la humedad.

—¿Y ahora? —pregunté, vacilante.

—Y ahora estoy arrodillado entre tus piernas, marcadas por una mezcla de tu magia y la mía, y sigo deseando dejar en ellos la huella de mis dedos con la misma dureza.

Pero ya tienes bastantes cosas que ocultar, princesa.

—Me apretó una última vez el cuerpo y se puso de pie lentamente ante mí.

Levanté la vista, buscando en su rostro qué iba a hacer a continuación—. Necesitas dormir.

Bajé la vista hacia mis muslos desnudos.

—¿Tengo que regresar a mi habitación así o me vas a prestar unos pantalones?

Él soltó una risita baja y suave antes de agacharse y rodearme la cintura con el brazo. Puso una rodilla entre mis muslos, tensó los bíceps, me levantó y me hizo moverme hasta el cabecero de su cama.

Mi cabeza chocó contra su almohada y su aroma me abrumó como si lo estuviera oliendo por primera vez. Evren se tumbó a mi lado, con la cabeza apoyada en la mano y se quedó mirándome fijamente durante un largo rato antes de taparnos con las sábanas.

—Esta noche dormirás aquí. Mis guardias te traerán ropa para que te cambies y te llevarán a tu habitación antes del amanecer. —Se dejó caer a mi lado y pude sentir su aliento contra mi mejilla.

—Debería regresar a mi habitación esta noche.

—No. —Sacudió la cabeza, levantó los dedos y la luz se desvaneció lentamente—.

Esta noche te quedas conmigo. —Evren me rodeó la cintura con el brazo y pegó mi espalda contra su pecho desnudo.

Sentí el calor de su piel y, aunque sabía que no debía hacerlo, dejé escapar un profundo suspiro y me acurruqué contra él.

Él deslizó la rodilla entre mis muslos y rozó mi nuca con la nariz, como si estuviera inhalando mi aroma—.

Duerme, princesa. Todo lo demás puede esperar hasta mañana.

—Su petición me pareció imposible, pero envuelta por su calor no tardé en cerrar los ojos; dormí más profundamente que nunca desde que había llegado a ese reino.