8 #4
Esa era mi oportunidad. Me estaba dando ese momento para apartarme. Si no quería que las cosas fueran más allá, solo tenía que detenerlo. Pero sabía que no era capaz de hacerlo y menos cuando estaba tan cerca y su aroma me envolvía.
Me acerqué a sus labios y él gimió al sentir ese primer contacto con los suyos. Yo estaba indecisa e insegura, pero en cuanto Evren probó mi sabor por primera vez, no me dejó dudar más. Su mano se aferró a mi cuello y separó los labios como si suplicara que le permitiera entrar en mi boca.
No tenía fuerzas para detenerlo aunque quisiera. Me abrí para él, y me besó como si nada en el mundo le apeteciera más. Me besó como si cada pizca del poder que, según la profecía, fluía por mi cuerpo lo alimentara con cada caricia de su lengua.
Y a mí también me lo parecía. Mis marcas vibraban bajo mi piel, anhelando su tacto con tanta ansia como lo anhelaba ese punto entre mis muslos, y ese dolor era insoportable.
—Por favor, Evren —le supliqué contra sus labios, pero no tenía ni idea de qué le estaba pidiendo. Solo necesitaba que hiciera algo, cualquier cosa, que satisficiera la necesidad que me estaba devorando.
Sus dedos se crisparon contra mi muslo y los elevó cada vez más; mi aliento se enredó con el de él.
—Dime que eres mía, princesa. Aunque no sea verdad, quiero oírtelo.
Sentí un cosquilleo en el estómago y supe que aquello era peligroso. El deseo que sentía por Evren no iba a desaparecer sin más después de que él me tocara. Temía que eso solo empeorara las cosas. Pero aun así hice lo que me pedía.
—Soy tuya.
Sus dedos se deslizaron sobre mi ropa interior, un roce casi imperceptible, pero fue suficiente para que me fallaran las piernas. La recorrió con los dedos, de arriba abajo, rozando apenas la tela, y yo eché la mano hacia atrás y la hundí en su cabello para mantenerlo pegado a mí.
Su boca se posó sobre mi hombro, justo en la base del cuello, y sus dedos jugaron con la parte superior de mi ropa interior.
—Dioses, me muero por saborearte. —Sus dientes rozaron mi piel justo cuando sus dedos se hundieron bajo la tela.
Sus dientes eran afilados y letales, como correspondía al vampiro que sabía que era, pero estaba demasiado perdida en mi lujuria como para tener espacio para el miedo.
Contuve la respiración mientras sus dedos se deslizaban contra mi humedad, y una onda de placer me atravesó cuando los pegó con más fuerza contra mi piel.
—Ah, dioses. —Me aferré a su pelo, y Evren interpretó ese gesto como un estímulo.
Sus dedos se movieron más rápido contra mí mientras su boca seguía lamiendo, chupando y rozando mi piel. Introdujo dos dedos en mi interior y yo gemí mientras su mano seguía acariciando ese lugar que clamaba por su atención.
Me temblaban tanto las piernas que temí desplomarme en el suelo, pero los dedos de Evren en mi cuello no iban a dejarme caer. Sentí una tensión profundar que crecía y crecía en la parte baja de mi abdomen, y sentí que estaba a punto de perderme en él; cerré los muslos alrededor de su mano.
—Suéltame, princesa —gruñó; sus dedos se curvaron dentro de mí y sus dientes me rozaron la columna.
Después de eso no tuve otra opción, ya no me quedaba control alguno en el cuerpo. Me vi empujada al límite, a un placer diferente a todo lo que había conocido hasta entonces; Evren me sujetó contra él mientras yo me desmoronaba.
Me llevó un buen rato recuperar el aliento y que la realidad de lo que acabábamos de hacer calara en mí. Evren apartó la mano de mi cuerpo, me dio un beso suave en la nuca y yo me tensé bajo su tacto.
Lo notó, por supuesto que lo notó, y como si fuera posible, la habitación pareció oscurecerse aún más.
—Adara —me llamó por mi nombre, pero me aparté de su cuerpo antes de perderme en él de nuevo.
Él soltó una risa suave pero ensordecedora, y parpadeé cuando el velo de oscuridad se disipó y mi habitación apareció como si la luz hubiera estado allí todo el tiempo.
Miré hacia la puerta y supe que mis siguientes palabras eran las equivocadas en el momento en que salieron de mis labios.
—Deberías irte.
—Por supuesto, Astraluz. —Evren hizo una profunda reverencia, se enderezó y se llevó dos de sus oscuros dedos a la boca.
Los dos dedos que acababan de estar enterrados dentro de mí.
Observé cómo su lengua lamía el rastro que había dejado en su piel, y no pude apartar la vista de sus colmillos, que brillaban a los lados de sus dedos.
—Tu magia oscura tiene un precio. —Señalé con la cabeza hacia sus manos, que estaban mucho más oscuras, justo cuando se sacaba los dedos de la boca.
—Así es. —Asintió y se metió las manos en los bolsillos—. Al parecer, tu fidelidad también.
—Evren, por favor. —Negué con la cabeza, pero no sabía muy bien qué decir. Me sentía tan confundida, tan perdida entre lo que quería y lo que se me exigía…
—No hace falta que supliques, princesa. —Sonrió, y pude ver la oscuridad que se escondía tras ese gesto—. Ya has conseguido lo que querías de mí.
—Sabes que esto es peligroso —susurré, pero él ya estaba pasando junto a mí para ir hacia la puerta.
—No te preocupes, Astraluz. Mis dedos manchados de magia no han dejado ni un solo rastro entre tus muslos. Mi hermano nunca sabrá que acabas de correrte entre mis dedos sin pensar ni una sola vez en él.
—¿Esto es un juego para ti? —Mi pregunta lo hizo detenerse, con la mano ya apoyada en el pomo de mi puerta. No se volvió para mirarme, y aborrecí que no lo hiciera. Habló como si lo que acababa de pasar no importara en absoluto.
—Por supuesto que es un puto juego. Ahora quizá deberías pensártelo dos veces antes de decirle a la reina lo pura que eres para mi hermano.
Abrió la puerta y desapareció antes de que tuviera oportunidad de responder. Antes incluso de que pudiera recuperar el aliento tras el impacto de sus palabras.