Estrellas y sombras (Serie Estrellas y sombras 1) 7 #2
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—Por supuesto. —Asintió una vez, y me levanté rápidamente antes de que nadie pudiera alcanzar mi asiento para ayudarme a levantarme. No necesitaba su ayuda. No la quería.

No les dirigí ninguna frase cortés, me aparté de la mesa y salí por las puertas, que seguían fuertemente custodiadas.

Quería escapar de su juicio y su superioridad. Me sentía como si me estuviera ahogando en ellos. Avancé por el pasillo, un pie tras otro, mientras intentaba calmar mi corazón acelerado.

Estaba a punto de doblar la esquina hacia mi habitación cuando sentí la mano de alguien sobre la mía y me detuve bruscamente.

—¿Qué estás haciendo? —Miré por encima del hombro e intenté soltarme de la mano de Evren, pero él no me lo permitió—. ¿Estás bien? —Me espetó, casi gruñendo, y ese tono me enfureció.

—¿Si estoy bien? —me reí—. ¿Por qué demonios iba a importarte que estuviera bien?

Se acercó a mí y yo retrocedí.

—No lo sabía.

—¿No sabías qué? —Me aparté de él de nuevo, y esa vez dejó que mi mano se le escapara.

Pero eso no lo detuvo. Se acercó hasta que no tuve más remedio que apoyar la espalda contra la pared—.

Lo de tu padre. No tenía ni idea. —Tragué saliva con dificultad.

No quería hablar de mi padre con él y menos cuando habían sido sus padres quienes me lo habían arrebatado tan despiadadamente.

—No importa. —Negué con la cabeza y aparté la vista de él.

—Sí que importa. —Levantó la mano como si fuera a obligarme a mirarlo, pero las marcas en sus dedos captaron mi atención.

—¿Qué ha pasado? —Le cogí la mano y se la di la vuelta entre las mías.

Las yemas de sus dedos eran completamente negras, y el color parecía extenderse por su piel.

No tenía ni idea de cómo no me había dado cuenta antes.

Puse la yema de mi dedo contra la suya, oscura, y una oleada de poder me atravesó.

—Nada. —Se apartó de mí y se metió las manos en los bolsillos, como si pudiera hacerme olvidar lo que acababa de ver.

—Algo ha pasado. —Lo señalé—. ¿Te has hecho daño?

Una sonrisa se dibujó en sus labios.

—¿Te preocupas por mí, princesa?

—Por supuesto que no. —Sentí un peso en el pecho al mentir.

—No mientes muy bien. —Su voz era grave y, mientras hablaba, bajó la mirada hacia mi boca. La combinación era letal.

—No estoy mintiendo.

—Sabes que cada día me enfrento a cosas mucho peores que las que se esconden tras los muros de este castillo. Puedo valerme por mí mismo.

—¿De verdad? —Parpadeé—. Tu madre me parece bastante horrible.

—La reina no es mi madre —espetó.

Mi espalda se pegó aún más contra la pared, y busqué la verdad en su rostro.

—¿Qué?

Sacó la mano del bolsillo y apenas pude vislumbrar la mancha de su piel. Me tocó la punta de la trenza, exactamente donde lo había hecho Gavril, y la enrolló alrededor de su dedo moreno.

—Soy el hijo bastardo del rey Riven. Nací un mes después de su boda con la reina y me llevaron al castillo poco después. —Sus músculos se tensaron mientras hablaba y me sentí mareada.

—¿Dónde está tu madre? —Sacudió la cabeza, pero yo sentía una necesidad desesperada de saber si lo que decía era cierto—. ¿Está viva?

—Por lo que sé, sí. —Su rostro se ensombreció y bajó la vista hacia mi trenza, con la que seguía jugando—. Tengo prohibido verla.

—¿Por qué? —Se mordió el labio inferior y tensó la mandíbula.

Debería haber respetado su intimidad, pero Evren era todo un misterio para mí y, por desgracia, era uno que estaba desesperada por desentrañar—.

¿Por qué, Evren? ¿Por culpa de la reina?

—Prácticamente le estaba suplicando que me respondiera.

—Porque mi madre reside en la Corte de la Sangre. —Mi mente se puso a dar vueltas sobre lo que acababa de decir. Nunca había oído hablar de un hada que viviera en la Corte de la Sangre.

—¿Cómo es posible? ¿Está a salvo?

Su mano se aferró con más fuerza a mi cabello.

—Lo está.

—¿Cómo? No lo entiendo. —Negué con la cabeza mientras intentaba darle sentido a lo que estaba diciendo.

—Mi madre no es hada, Adara. Es de Sidra.

—¿Qué? —Me aparté bruscamente y mi trenza se soltó de sus dedos; un escalofrío de miedo me recorrió la espalda—. Eso es imposible.

Me observó durante un largo rato antes de responder.

—Es raro, pero no imposible.

En toda la historia y las leyendas que había oído, nadie había hablado jamás de algo así. Los fae y los vampiros eran enemigos y lo habían sido durante siglos.

—Entonces, tú eres… —Dejé la frase en el aire, pero él se negó a terminarla. Ni siquiera se movió—. Eres de la Corte de la Sangre.

—Nací de la sangre y la magia —me corrigió con tono decidido—. No pertenezco ni a la Corte de la Sangre ni a la Corte de las Hadas. Pero elijo servir a mi padre.

—Pero sigues siendo… —Mi voz temblaba.

—Sí, Adara —me interrumpió—. Soy medio vampiro. — Aunque podía ver la seriedad en sus ojos, no quería creerlo.

Era un príncipe. Un miembro de la familia real, y no quería que lo que decía fuera cierto.

—¿Eres mayor que Gavril?

—Sí. —Asintió y me di cuenta de que se había acercado aún más a mí.

—¿Pero no eres el príncipe heredero?

Me estudió esbozando una sonrisa burlona.

—¿Lo habrías preferido? —Volvió a acortar la distancia entre nosotros y esa vez no retrocedí. El miedo me recorría el cuerpo, mezclado con un deseo que no entendía—. ¿Has soñado con cómo sería si estuvieras prometida conmigo en lugar de con él?

—¿Por qué iba a hacer algo así? —susurré, pero, por los dioses, tenía razón.

—Porque, princesa… —Miré cómo se pasaba los dedos oscuros por la mandíbula—. Creo que los dos sabemos que yo podría hacerte cosas que a mi hermano ni se le ocurrirían.

Se me hizo un nudo en el estómago al oír sus palabras, y me recordé a mí misma que debía temerle. Era todo aquello de lo que me habían advertido, el reflejo de mis pesadillas, pero no pude evitar desear que acortara la distancia entre nosotros y me besara en los labios.

—No soy tu prometido porque no se atreverían a colocar esa preciosa corona sobre la cabeza del hijo bastardo y mestizo del rey.

Deslizó la mano por mi costado e inspiró bruscamente cuando sus dedos tocaron la piel desnuda de mi espalda.

—¿Qué te ha pasado en las manos? ¿Te lo ha hecho la reina?