Capítulo 19
El periodismo devora. Había gente que lo soportaba y gente que no.
Luego había otros, como Sergio, que lo usaron para transformarse.
Dejó la información hacía tiempo. No estaba muy claro a qué se dedicaba en realidad.
Él siempre tuvo buenos contactos. Conocía a todo el mundo, negociaba, presentaba a gente que no sabía que se necesitaba.
Un poco de aquí, de allá… casi podría decirse que se dedicaba a hacer lobby.
Los que no sabían lo que significaba esa palabra, sostenían que Sergio había abandonado el periodismo por la presión.
—¿Qué hace aquí, jefe? —preguntó Sergio dándole un abrazo a Nel.
—Quería verte —dijo sobrio el periodista.
—Joder, qué serio. Parece importante. ¿Me enciendo un cigarrillo o entramos?
—Dentro hay mucho ruido y estoy muy mayor para esta mierda —dijo Nel señalando con el pulgar el interior de local.
Sergio empezó a reírse mientras sacaba el tabaco de la chaqueta. Le hizo un gesto a Nel para que se apartasen de la puerta para tener un poco de privacidad.
—¿Damos un paseo? —sugirió Sergio.
—¿No has quedado con nadie? —preguntó Nel.
—No, qué va. Iba a tomarme una copa yo solo. De vez en cuando lo hago —dijo sin darle importancia—. Suelo venir con un amigo, pero está fuera de vacaciones. Así que vengo solo para no perder las costumbres de crápula.
Los dos rieron. Se adentraron en las calles del centro de Madrid que estaban poco iluminadas y conducían al Palacio Real.
—¿Qué necesitas, jefe? —preguntó Sergio.
—Antes de nada, ¿estás bien, Sergio? No te he preguntado. Tampoco te he llamado últimamente —se disculpó Nel.
—Todo controlado. Con mis historias, ya sabes. Te vi en el funeral de Jan Martínez, pero no pude acercarme. Estabas trabajando —se excusó Sergio a su vez.
—Fue un día complicado. Bueno, han sido días complicados, ya semanas. No sé, las cosas me bailan en la cabeza con tanto lío. Lo de Jan ha sido muy fuerte —dijo el periodista.
Sergio asintió. Lo comprendía a la perfección. Las noticias sobre la muerte de Jan Martínez habían inundado los medios. Rellenar tantas horas de televisión y radio y escribir textos para los medios escritos costaba mucho. Enfilaron la calle Segovia.
—Ahora sí, ¿qué necesitas, jefe? —repitió Sergio.
—Información —respondió Nel—. Sobre BallYou y los hermanos Peñascal.
El exbecario de RNE movió la cabeza de arriba abajo apretando los labios. Era una pregunta que se esperaba y se lo admitió a su antiguo jefe.
—Si te soy sincero, creía que vendrías antes a buscarme —dijo Sergio—. Estaba convencido de que en la capilla ardiente ibas a decirme algo. También comprendo que para llegar a este momento, has tenido que digerir mucha información.
Nel miraba a Sergio sin saber qué decir. La seguridad de Sergio diciendo eso hizo que Nel pensase que realmente tenía ante él una persona que podía ayudarle. Su pupilo cogió aire.
—Quiero que sepas que lo que te voy a decir es totalmente confidencial. No puede salir en ningún lado. Tampoco mi nombre ni nada que pueda llevar a mí. ¿Entendido? Lo hago por ayudarte a ti, a Paolo, a la reportera del programa de Anabel y a la inspectora Rodríguez.
—Cómo cojones sabes que… —dijo desconcertado Nel.
—Yo sé muchas cosas. Y desde hace algún tiempo, más, pero eso no viene al caso ahora.
Sergio se paró. Miró a los ojos de Nel. Solo se oía la respiración de los dos en la calle desierta.
—Nel, sea lo que sea lo que estáis investigando, es muy gordo. Hay mucha gente implicada. Podéis salvar el fútbol. O, al menos, sacarlo de la UVI como hizo Lopera con el Betis.
A Nel le dio un ataque de tos, de la que te asaltaba cuando te daba la risa. Se imaginó al expresidente en pleno discurso. Sergio también soltó una carcajada.
—A ver, que me he puesto muy serio. Perdona —se disculpó—.
Lo que te estoy diciendo es que BallYou no es lo que parece.
Analiza la empresa, sus números, sus representados.
En los partidos de Jan pasaron cosas muy raras.
Me sorprende que no os hayáis dado cuenta de nada.
Por lo menos sabéis que Jan estaba deprimido, ¿verdad? —preguntó Sergio con ironía.
—Sí, aunque Paolo y yo nos enteramos hace poco —admitió el periodista.
—Bueno, saber si alguien está deprimido es muy difícil. Os absuelvo. —Hizo el gesto de la cruz a modo de broma.
—¿Entonces? —dijo con cierta ansia Nel.
—Repasad los datos de los últimos partidos de Jan y fijaos bien en los protagonistas de los encuentros. También deberíais estudiar los errores, en general, en partidos de fútbol en los que participan los representados de BallYou.
Se quedaron otra vez silencio.
—No puedo decir más. Este paseo puede costarme la vida —dijo medio riéndose Sergio.
—Qué exagerado eres, chaval —respondió Nel mientras le daba un golpe en el pecho.
Rieron los dos al mismo tiempo.
—No, en serio. No puedo decir más. De verdad. Confío en vosotros —y puso la mano sobre el hombro de Nel.
El veterano informador sintió el cariño de su exbecario. Lo decía de verdad. Sintió también la responsabilidad.
—Por lo que dices, parece que estamos hablando de algo muy gordo, ¿no? —comentó Nel.
—Si te digo la verdad, lo es. Pero siendo franco, creo que Jan se merece otro final. No era el demonio como van a hacer que parezca —dijo Sergio señalando el paisaje para referirse al mundo que los rodeaba.
Nel siguió el movimiento de la mano. Como hipnotizado, se detuvo. Comprendiendo todo. Sergio se puso delante de él. El paseo había terminado.
—Habla con quien tengas que hablar. Investiga. Yo creo que en una semana o menos lo tenéis listo —dijo Sergio a modo de despedida. Le guiñó un ojo y se alejó.
—¿Por qué lo dejaste? —gritó Nel mientras Sergio doblaba la esquina hacia un destino distinto al del periodista.
—Porque se paga fatal… —resonó la voz de Sergio— y porque me obligaron. Llámame más, viejo.
Nel sonrió. Sacó el tabaco y se puso el cigarrillo en la boca mientras cogía el móvil. Escribió un mensaje que recibió contestación casi inmediata.
«Llama si quieres. Estoy despierto».
También escribió a Dani. Ella no contestó, llamó.
—Pues fíjate que ya lo sabía. Es la primera vez que voy por delante de ti.
El veterano periodista volvió a sonreír. En menos de dos minutos, dos de sus becarios más brillantes le habían dado una lección. Estaba orgulloso de ellos. Pensó que a lo mejor no lo había hecho tan mal.