Estoy muerto y es culpa tuya Capítulo 18
70%

Capítulo 18

En la pantalla del portátil de Dani había un balón y un corazón fusionados en rojo. Un logo enorme que daba la bienvenida a la web de BallYou. También un «Goooool» que como no tuvieras el sonido silenciado te pegaba un susto de narices.

—¡Joder! —gritó de impresión mientras intentaba bajar el volumen.

María, su compañera de piso, estaba medio dormida en el sofá. Se removió y dijo algo que Dani no entendió.

—Perdona —se disculpó—. Sigue durmiendo, anda.

La profesora de arte se giró y miró de refilón el ordenador. Al ver la pantalla abrió los ojos.

—Pero ¿y ese logo tan horrible? —dijo dando un salto y acercándose a la mesa donde estaba Dani.

—Es el de una empresa de representación de futbolistas. El dueño es el hijo del presidente del Riviera.

—Pues es lamentable. Como si lo hubiera hecho un niño pequeño —aventuró María—. O como si hubieran tirado de un banco de imágenes de los gratuitos.

—¿Tú crees? —dijo Dani poniendo cara de extrañeza.

—A ver, no te lo puedo asegurar, pero tiene toda la pinta —respondió María sentándose en una silla junto a su amiga.

—Interesante.

—¿Por? —preguntó María.

—Pues porque repasando sus números, resulta que BallYou factura muchos millones de euros. Algún dinero tendrá para poner esto más bonito, ¿no? —lanzó al aire mientras levantaba una ceja.

Se pusieron las dos a navegar por la web.

María no entendía nada. Le parecía todo feísimo y hecho con prisas.

Dani buscaba otra cosa. Una conexión con Jan.

Miraba las fotos de los representados e iba tomando nota de a qué equipos pertenecían.

Había unos cuantos del Riviera. Todos muy jóvenes.

Apenas tenían minutos en la primera plantilla.

—Estos niños juegan poco porque son flojetes. Cada vez que salen a jugar la lían. A uno le expulsan, el rubio este falló un gol a puerta vacía y el del pelo largo se lesionó según entró —explicó Dani.

María escuchaba atenta mientras seguían analizando la página.

—Aquí tenemos a varios jugadores veteranos —señaló Dani—. Están en equipos de primera división.

—Te los sabes todos, Dani —exclamó admirada la profesora de arte.

Hacía casi dos semanas que su amiga no paraba de ver partidos del Riviera. Los de los últimos dos años. Llegaba a casa del trabajo y a ver fútbol. María estaba entre harta y orgullosa de la investigación de su amiga.

Dani movía el cursor de cara a cara y cuando llegó a la foto del portero del Valencia, asustó de nuevo a su compañera de piso. Esa vez fue con un «hostias».

—Joder, Dani, me cago en tu vida. Qué susto. —María miró a su amiga con ganas de matarla.

Pero la periodista había salido disparada por el pasillo. Fue directa a su habitación a buscar su otro bloc de notas. Volvió al salón pensando en voz alta.

—El portero que le paró el penalti a Jan está en BallYou…

María no comprendía nada. Mientras su compañera de piso daba vueltas repasando sus apuntes, la profesora de arte volvió al navegador y se fijó en el nombre que aparecía en una de las pestañas. Sin pensarlo dos veces, clicó para ver si era quien ella pensaba.

—¿Me puedes explicar qué haces tú mirando fotos de Richard Prince? ¿Ahora además del fútbol te gustan los cowboys? ¿Tienes algo que contarme? —la interrogó señalando la pantalla.

—Ah, no. Qué va. Es que Jan Martínez tenía una foto suya en su casa —comentó sin darle importancia la reportera.

—No te creo —contestó asombrada María.

—Sí. Y tenía un Banksy. Este —dijo Dani pinchando en otra pestaña.

—¿De verdad?

—Sí, eso parece. Deja que lo chequee otra vez.

Dani salió corriendo otra vez hacia la habitación. Volvió con una carpeta y le enseñó el dosier de arte a su amiga.

—¿Me estás diciendo que el futbolista suicida entendía de arte y que tenía estos dos cuadros en su casa? —preguntó la profesora de arte.

—Sí. Los había adquirido hacía un par de años, pero cuando saltó desde su terraza, los cuadros ya no estaban —afirmó la reportera.

María miraba esperando más información, lo cual le confirmaba a Dani que el material que tenía sería un imán para la audiencia. Se sentó a su lado con las notas sobre el dinero.

—Lo que me escama es que una semana después de su lesión, hay dos movimientos sospechosos en la cuenta de Jan. Entran casi seis millones por la mañana.

—Ok, lo normal —comentó la profesora con cierta sorna.

Dani sonrió.

—Y al día siguiente, esos seis millones desaparecen —remató Dani.

—No me lo digas, ¿en dirección a Suiza? —preguntó con la misma sorna de antes.

—Correcto, pero las transferencias son a dos empresas pantalla de las que no he conseguido encontrar nada.

—Por tanto, asumimos que Jan vendió las dos obras —sugirió María.

—Exacto. Pero no tengo pruebas —remarcó Dani—, y sin pruebas, no puedo decirlo en televisión.

—No sería la primera vez que en televisión se dijeran cosas que son mentira. O que se dieran noticias sin contrastar —apuntó María.

—Por eso no puedo hacerlo. Me juego mucho. Anabel está contenta con mi cobertura, pero me pide más y todavía no tengo nada concreto ni jugoso que se pueda contar —se lamentó Dani.

—Llevo dos semanas viéndote currar como una loca. Has visto más partidos de fútbol que en tu vida. Y yo contigo. Creo que ya podrías entrenar a algún equipo, fíjate —dijo María convencida—. No quiero saber lo que tienes ahí apuntado.

—Son datos de los partidos que jugó Jan desde que murieron sus padres hace poco más de dos años —respondió la periodista—. Busco alguna conexión entre fechas, partidos, y noticias sobre la vida personal de Jan. Luego añadí también los movimientos de las cuentas.

—¿Y? —preguntó María.

—Las dos últimas temporadas jugó regularmente. De hecho, no tuvo ninguna lesión grave hasta su último partido. Sin embargo, los últimos tres o cuatro meses antes de morir sí que hizo cosas raras.

María hizo un gesto con las manos como pidiendo que continuase.

—Falló un penalti que, fíjate, lo paró el portero que acabo de ver que está en BallYou. En el siguiente partido metió un gol, dio una asistencia y le expulsaron por insultar al árbitro. Le sancionaron sin jugar varios partidos.

—Vale —comentó María—, pero fallar un penalti no es tan raro, ¿no? Y que no hay que decirle cosas al árbitro lo sé hasta yo.

—Bueno, fue un penalti raro para Jan, tanto que su mánager y él discutieron y dejaron de hablarse por cómo lo había tirado.

En cuanto a lo de la sanción, por lo visto hay pruebas de que no le dijo nada que justificara la expulsión.

De hecho, le rebajaron la sanción aunque no se la quitaron después de que en una tertulia en un matinal un especialista en lectura de labios analizara las imágenes y demostrara que Jan no dijo nada fuera de lugar —explicó Dani.

—Bueno, ¿y qué más tienes? —solicitó una María que se estaba enganchando a toda la trama. Todavía más.

—Cuando volvió de la expulsión, que al final se quedó en un mes, jugó dos partidos más. En uno metió gol de penalti y en el otro, su último partido, el tío se salió. Metió tres goles —dijo Dani mientras se le escapaba una sonrisa de orgullo.

María se dio cuenta, pero prefería que su amiga continuara, como si le estuviese contando el final de una serie.

—Pero… —Le dio pie María.

—Pero se lesionó de gravedad casi al final del partido. Hizo un giro raro y la rodilla se fue a tomar por saco —terminó Dani con tristeza—. No volvió a jugar más.

Dani cerró el bloc de notas como si su compañera fuera a espiar lo que tenía escrito.

—Igual me he emocionado antes de tiempo. Que el portero que le paró el penalti por el que discutió con su mánager sea de la agencia esta no tiene por qué querer decir nada.

Dani dio el monólogo por concluido y volvió a centrar la atención en la pantalla.

En la lista de representados. No se había fijado en que había también periodistas y presentadores.

Por curiosidad pinchó en periodistas. Se preguntaba por qué alguien que se dedicaba a la información necesitaba un mánager. Bajaba con el ratón.

María, que se había ido a buscar una infusión, volvía por el pasillo con la taza entre las manos y con cara de satisfacción.

—Qué gusto ahora un té calentito —dijo satisfecha la profesora.

Un narrador se ofrecía para conferencias de coaching.

Podías contratar también a otros periodistas deportivos para completar la alineación de la charla.

Un presentador daba el pregón en tu pueblo, solo había que solicitar presupuesto.

Varios jugadores retirados ejercían de comentaristas y se les podía encargar un vídeo felicitándote el cumpleaños.

Había muchos periodistas representados por BallYou.

A Dani le asombró mucho. Era casi el mismo número que de futbolistas.

Una fotografía la hizo pararse en seco.

—No puede ser —susurró Dani.

María se acercó para escuchar mejor lo que decía su amiga.

—Joder —repitió Dani en voz baja.

Silencio. La cabeza a mil por hora. Esa cara le sonaba mucho. Cuando cayó en la cuenta, abrió los ojos y un «joder» con muchas oes y erres resonó en el salón. A María se le cayó la taza del susto.

—¡Joder, Dani!

—Joder. Joder. Joder. Joder. Ya está —gritó Dani sin hacer caso a su amiga ni reparar en los trozos de cerámica e infusión por el suelo.

—¡Daniela! —gritó María.

La periodista se paró en seco y miró a su amiga, que no entendía nada.

—Joder —repitió—. Cómo no me había dado cuenta. Eres imbécil, Dani.

El bloc volvía a estar abierto. La reportera se puso a escribir.

María seguía esperando una explicación.

—Dani, ¿qué leches has visto?

—He encontrado una conexión.