¡Esto sí que no es una comedia romántica! (¿En tu isla o en la mía? 2) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—¿Para qué?

—Para volver a casa con un buen sabor de boca, por ejemplo.

—Para que ella vuelva a casa sintiéndose en paz consigo misma, más bien.

—Y tú, Felipe. Y tú. No subestimes el poder de un buen recuerdo.

Él se gira hacia mí, ahora sin moderar su enfado.

—No pensaba ir a buscarla para hablar de ningún «tema», pero si me dices que encima va aireando por ahí lo que pasó, con menos razón voy a procurar que nos despidamos en buenos términos.

—No profundizó en los detalles, si te refieres a eso —miento.

Dudo que vaya a ayudar a nadie que confiese que Mina describió el incidente con pelos y señales.

Al final, estoy aquí, mediando entre dos personas que claramente se atraen y están confusas —cuando no dolidas—, porque me siento con fuerzas para hacerme cargo de los problemas de los demás, no para meter cizaña.

Él muerde el anzuelo.

—¿Y qué te dijo?

—Que hubo un desacuerdo y que ella no supo manejarlo. Sigue sin saber cómo. Pero se nota que le gustaría arreglar vuestro desencuentro.

Felipe vuelve a mover la cabeza con una exasperación que me sorprendo encontrando familiar.

Es la exasperación que genera nuestra Guillermina Montero, de-un-pueblo-de-Cádiz.

—Mira —empieza con un suspiro cargadito de hartazgo—, lo que no puede ser es que me echara en cara que no le contara algo que me tiré horas intentando decirle y para colmo de males me acusara de haberla engañado.

¿O se supone que has intentado engañar a alguien cuando llegaste a pararla cuatro veces diciéndole textualmente «hay una cosa que tienes que saber»?

Al final, viendo que me ignoraba y que seguía erre que erre con los besos y con los apretones, pues pensé: «Joder, lo mismo ya lo sabe y le da igual».

Me sentó como el culo que me soltara que la había engañado cuando la mía no es la típica cosa que puedas reservarte —confiesa en tono lúgubre—. Es que no me dejaba hablar, hostia.

—Eso suena a la Mina que conozco —suspiro con una pequeña sonrisa, intentando que impere el buen humor.

—Es que esa es, muy resumidamente, la Mina que conocemos. Está tan encantada con el puto sonido de su voz que no le interesa oír nada más.

—Pero no es mala persona.

Felipe bufa con hastío impotente y desvía la vista a la boquilla de la cerveza.

—No, no es mala persona. Aun así, estoy enfadado.

—Me mira con llaneza—. Las relaciones no suelen ser fáciles para las personas trans en este sentido, ¿sabes?

Y lo primero que aprendemos cuando decidimos que queremos relacionarnos es que debemos advertir a nuestros ligues a la primera oportunidad.

Lo último que quieres es verte en una situación como aquella en la que me vi con Mina.

Le sonrío con empatía y le froto el brazo afectuosamente.

—Gracias por confiármelo.

—De toda la peña que seleccionaron para la experiencia, creo que eres la única a la que no se le escaparía en una conversación o no lo revelaría a los cuatro vientos en TikTok por el bien del engagement —se justifica con sencillez.

—En eso no estoy de acuerdo. Mina no osaría decir nada; es más sensible de lo que parece, y Carmen y Alberto también son personas con dos dedos de frente. De todos modos —agrego con tiento—, ¿por qué esconderse? No serías el primer creador de contenido trans.

—¿Conoces a muchos creadores de contenido trans que no hayan quedado reducidos a su identidad queer ? —Arquea una ceja—. A alguna persona trans que no haya quedado reducida a su identidad queer , a secas. A las actrices trans solo les dan papeles trans, por ejemplo.

—Bueno, mira a Nikkie Tutorials. Se dedica al maquillaje y nadie se acuerda de su transición.

—Porque no la hizo en la pantalla y salió del armario cuando ya era muy famosa.

—Tú tampoco la harías en pantalla y ya eres famoso. No me malinterpretes, no te estoy diciendo que hagas nada que no quieras —advierto con gentileza—. Solo pienso que podría facilitarte mucho las cosas a la hora de relacionarte que el mundo lo supiera.

—Nikkie Tutorials, por seguir con tu ejemplo, se dedica a un sector del entretenimiento formado mayoritariamente por mujeres y gays —se explaya con aplomo.

Por supuesto que Felipe ya le habría dado alguna que otra vuelta al tema.

No tiene un pelo de tonto y sí una gran voluntad para ser feliz—, o sea, gente a la que no le importa quién seas y que incluso podría llegar a mostrarse más interesada en ti como persona y creador si te desvelaras como una persona LGTB por mera identificación personal, empatía o hasta morbo: ya conocerás a la típica gente que quiere un amigo gay o un amigo trans como quien quiere un bolso de Bimba & Lola.

—Pone los ojos en blanco—. Mi público objetivo, en cambio, son tíos que cuentan los días que quedan para La Velada de Ibai.

Anunciando quién soy perdería seguidores y casi toda mi relevancia.

—¿Tú crees?

—Estoy bastante seguro —confirma—. Y me gusta mi vida ahora mismo tal y como está, Fayna.