¡Esto sí que no es una comedia romántica! (¿En tu isla o en la mía? 2) Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—Si quiere pasarlo mal otra vez, que lo pase —sentencia Mina, encogiéndose de hombros—. Ese sería problema suyo.

—No lo estás entendiendo. Esto es jugar a la ruleta rusa, Mina. Como nos toque la bala, nos vamos a ver en las mismas que hace cinco años: me voy a volver jodida a Tenerife y él se va a quedar jodido aquí.

—Estoy segura de que el problema nunca fue que cada uno viviera en una isla.

Qué perspicaz es cuando quiere.

—Pero el problema sigue vivo.

—¿El problema es una persona? Porque el resto de problemas te los puedes cargar. Solo tienes que quererlo lo suficiente.

—¿Esa es tu ley de vida?

—Y tanto. Atraerás lo que deseas. Con determinación —puntualiza—, no con desesperación.

Más que con su eslogan, me he quedado con su interesante pregunta.

¿El problema es una persona? Porque la respuesta es que sí, pero yo pensaba —he estado pensando hasta ahora — que esa persona problemática era Jaume.

Y que Dios me perdone por decir lo que voy a decir, porque no me disculparé ni yo misma ni me disculpará Cesc, pero el problema eran en realidad los cepos, las criaturas usadas como arma arrojadiza: mi padre y Laia.

Sin mi padre y sin Laia, Jaume no tiene nada contra mí. A nadie le importan los pecados de alguien que ya no está para sufrir las consecuencias.

Miro a la distraída Mina con agradecimiento.

—Hay que ver cómo es la vida. Las revelaciones siempre vienen de la mano de quien menos lo esperas.

—Y los coños siempre vienen en el cuerpo de quien menos lo esperas.

—Por Dios, ni se te ocurra decirle eso a Felipe cuando vayas a hablar con él.

—¡Que venga él a hablar conmigo!

—No, Guillermina. Te corresponde más bien a ti.

—Vale, abuela Pilar.

El resto de la mañana es un regalo, sospecho que no solo para mí, sino para ella también.

La dedicamos a holgazanear entre el salón y el dormitorio con breves pausas en la cocina, donde nos rellenamos un par de veces los vasos de cóctel con un mejunje que improvisamos con lo que ofrece el contenido de la nevera, cortesía de Isla Serena Resorts.

Mina se redime a mis ojos presentándose como una mujer con unos ideales muy similares a los míos: está en contra del lema «ganarse la vida» o «trabajar para vivir» —sí, trabajar para vivir y no vivir para trabajar; los dos me han parecido siempre una trampa— y por eso se ha focalizado en la carrera de influencer , la que le parecía más soportable que estudiar una carrera universitaria sin salidas o con curros mal remunerados.

Me habla a regañadientes y con rencor de su familia, exceptuando a su abuela Pilar, la persona que más quiere en el mundo; me habla de su exnovio, con el que mantuvo una relación tóxica de libro; me habla de su vida en Madrid sin edulcorarla, lo difícil que es hacer amigos de verdad en la industria del famoseo y cómo se acabó rindiendo.

A modo de agradecimiento, de desahogo y también por simple y llana simpatía, yo le cuento la historia con Cesc, que escucha con otro cigarrillo en la mano y expresión amable.

Le explico a grandes rasgos lo que pasó con su padre, que él aún no sabe, y hasta me arriesgo a pasar de puntillas por todo lo que sufrí yo con el mío.

—Coño, Fay, ¿y lo de ser feliz no te lo has planteado nunca? —llega a espetarme en un momento dado con toda naturalidad.

—Es una tarea pendiente, sí.

Son las cinco de la tarde cuando recibo un mensaje de WhatsApp lo bastante interesante para detenerme a contestar.

Para hacer la prueba de cámara necesito una actriz.

Bueno, y un actor, pero el actor soy yo mismo y ya me he grabado.

¿Me harías ese favor, ya que tanto te has empecinado en lo de Solène?

Me dispongo a teclear que ahora mismo me pilla ocupada con Mina, pero la aludida me quita el teléfono de la mano y me hace una advertencia con la mirada.

—Ni se te ocurra desaprovechar la oportunidad. Ve a pasar la tarde con él. Y la noche, si encarta. Y la mañana. Y, ya que estás, le cuentas la verdad.

—¿Para qué? No viene a cuento.

—Por supuesto que viene a cuento. El chaval podrá decir misa sobre lo mucho que ha sanado, pero apuesto a que en el fondo no para de preguntarse por qué. Es lo que hacemos los que tenemos un poquito de sensibilidad y nos rompen el corazón. Preguntarnos por qué todos los putos días.

Sentada en el sofá, recojo las piernas y me las abrazo.

—No lo veo. Es reabrir la herida.

—La herida está abierta, Fayna, ¿o eso no lo ves?

Porque yo lo he visto desde el principio y tengo miopía, astigmatismo y la cabeza metida en el culo.

Sabes que si no es hoy, terminaréis follando mañana, y si eres tan adulta y madura como para abrirte de piernas para tu trágica situationship como si nada, debes serlo también para abrir tu corazón.

Me reservo que si acepto la petición de Cesc no es tanto porque quiera desahogarme como porque necesito verlo y aprovechar el fisquito de tiempo que nos queda juntos.

Ella seguramente sabe que no voy a dar mi brazo a torcer porque resulta que no tiene un pelo de tonta, pero me da el móvil igual y me ordena que escriba lo que tecleo con suma obediencia:

Mándame la ubicación y voy.