Capítulo 3 #4
—Tú en concreto no creo que la entendieras, porque como mucho habrás tenido una PR relationship con Five Guys —masculla Mina.
—¿Solo five ? He tenido relationships con más de cinco tíos —se mofa él.
—Sabes a lo que me refiero. Le haces demasiada publicidad a Five Guys. Algo te traes.
Esperaba que la acusación de Mina los distrajera, pero Carmen insiste con sutileza:
—Hubo muchas teorías en su momento.
—Yo apoyaba esa que decía que el representante de Cesc ideó la PR relationship para que su popularidad como creadora de contenido lo catapultara a él también a la fama.
—¿Qué más fama iba a necesitar? ¿No va a heredar ochenta millones de euros?
—Ochocientos millones —corrige Mina—. ¿Y bien?
Carmen me dirige una mirada compasiva y hambrienta de información que satisfaga su espíritu romántico. Sé que formó parte del #TeamEsperanzadas antes de que pregunte:
—El fake-dating se os fue de las manos, ¿verdad?
—Venga, ¡aunque sea, seguro que follasteis! —bufa Mina—. Mira al chaval. Está para comérselo. Lo llego a pillar solito uno de esos días que pasasteis en las Islas Canarias y le hago la de la mantis religiosa. Dejo que me preñe y luego lo devoro.
—¡Luego soy yo el repugnante! Esas cosas no las dices en tus vídeos, ¿eh? —la pincha Felipe.
—¿Por? —se alarma ella—. ¿Me has grabado?
—¿Entonces? —persiste Carmen, que no ha dejado de mirarme con los ojos muy abiertos.
Abrumada por la repentina atención —¿en serio no voy a pasar desapercibida ni siquiera habiéndome quitado los abalorios del pelo?—, me trago el nudo en la garganta.
—Firmé un contrato de confidencialidad con BNA .
—¿El contrato especificaba que no podías hablar bajo ningún concepto de la polla de Cesc? —inquiere Mina con una ceja enarcada—. Porque lo dudo bastante.
—Eso lo especifican mis principios —replico, cortante. Y luego añado—: En el caso de que la hubiera visto.
Mina entorna los ojos.
—Entonces no la has visto.
—Yo creo que sí —murmura Carmen.
—Y era enorme —determina la influencer de maquillaje después de examinar la bragueta de Cesc a lo lejos—. Esto de que se haya puesto de moda en TikTok lo del catching print me ha convertido en una Sausage Sherlock.
—¿Alguien sabe si alguna de esas palabras sale en la Biblia? —ironiza Felipe.
—¿Qué es catching print ? —interviene Alberto por primera vez—. No se me da bien el inglés.
—Un truco de observación. Te fijas en el relieve que los genitales masculinos forman en el pantalón para averiguar si su portador es de rabo generoso.
¡Y antes de que nadie diga que es cruel para los hombres, los tíos llevan toda la vida mirándonos las tetas y haciendo cábalas sobre el tamaño del sujetador!
Ah, bueno, tenemos aquí a una hermana feminista.
—¿Fayna?
La decimoctava insistencia de Carmen es la gota que colma el vaso.
Ni siquiera yo sabía que se me estaba disparando el pulso y la temperatura corporal reviviendo una historia que quería que permaneciera más que muerta.
Me pongo en pie quizá demasiado rápido, quizá demasiado bruscamente, con la mala suerte de que la silla de mimbre y no sé qué hostias sale disparada hacia atrás y el sonido retumba por toda la terraza.
Como programados para captar el más mínimo ruido que no encaje con el ambiente, y a pesar de que está sonando una música leve y todo el mundo mantiene una conversación, los asistentes se giran hacia mí.
No soy una persona que pase desapercibida en estos ambientes, ni siquiera si visto con relativa modestia —es el caso: me he calzado un sencillo vestido ibicenco con encajes y algún que otro volante—, pero cuando armas lo considerado Un Escándalo y para colmo tienes mi aspecto, las reacciones varían entre el asombro, el asco y el rechazo.
Soy el enemigo ancestral de toda esta gente, y ellos son mi depredador natural.
La mirada de Cesc también cae sobre mí. Supongo que es entonces, y no en su despacho, no cuando se ha puesto a bailarle el agua a los chulos de la clase, cuando caigo en la cuenta de que forma parte del colectivo que con mucho gusto me borraría de la faz de la Tierra.
Quizá él en concreto no sueñe con eliminarme —no hay asombro, asco o rechazo en su expresión—, pero desde luego no me defendería y apuesto mi vida a que tampoco se habría quedado a mi lado para siempre.
Su recorrido desde que nos distanciamos lo demuestra, y no voy a negar que eso me genere alguna clase de alivio.
Espero a que el público invocado involuntariamente me retire su atención para murmurar que necesito fumarme un cigarrillo, rodear la mesa y abandonar el recinto sin prisa pero sin pausa, desesperada por perder de vista a los influencers , a Cesc y a la madre que los parió a todos.
Puedo oír a mi espalda el abucheo colectivo de mis compañeros de gremio, decepcionados por no haber podido sonsacarme una confesión. Todavía acierto a ver a Felipe ahogar su frustración vaciando la copa de champán de golpe y a Carmen derrumbarse en el asiento con gesto apenado.
Mina no solo no se ha rendido, sino que decide que ya tiene su respuesta:
—Pues está claro que follaron.