¡Esto sí que no es una comedia romántica! (¿En tu isla o en la mía? 2) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Sorpréndeme —me ruega Mar con exageración.

—A mí tampoco me interesa lo que coma en un día una nutricionista —retomo con un suspiro—. Ni cómo se recrea el maquillaje de Pamela Anderson en los noventa. Pero me he quedado a ver todos y cada uno de los vídeos. Desde el principio hasta el final.

—Pues ya puedes estar orgulloso. Sobre todo si eran vídeos largos.

Mi hija ha perdido la capacidad de concentrarse en lo que dice la que se está pintando los labios delante del aro de luz y pasa al siguiente tiktok antes de que acabe de hablar.

Nos deja a su madre y a mí con la miel en los labios.

¿Qué? —se defiende al recibir mi mirada guasona—.

A veces cuentan cosas interesantes y una se queda picada.

—¿Por ejemplo?

—Hay una influencer que salió con cuatrocientos quince hombres los dos años previos a conocer a su marido y te da consejos para perfeccionar tu perfil de Tinder.

—Estás casada, Mar. Y supongo que si tú has salido con cero hombres en los cuarenta y  dos años de vida que tienes es porque ni te gustan ni te van a gustar ya.

—De cara a la galería son treinta y nueve. Treinta y nueve años de vida —me corrige con santurronería—. ¿Y qué pasa? Me sigue resultando adictivo oír lo que cuenta.

—Esa es la conclusión a la que quería llegar.

—Apoyo una mano sobre el escritorio, muy cerca de la pantalla apagada del smartphone , y juego a balancearme en la silla giratoria de izquierda a derecha, como una flapper girl menea su vestido de flecos—.

¿Qué droga le meten a esos vídeos, que acaban siendo tan absorbentes?

He sacrificado una hora y media de mi vida viendo, en palabras de nuestros compas mexicanos, puras mamadas .

Supongo que mi padre estaba demostrando una vez más su profundo conocimiento del alma humana sugiriendo promocionar los bungalós a través de los influencers , que en lo tocante a su influencia nacional son lo más parecido a Lady Di desde... Bueno, desde Lady Di.

—Yo creo, más bien —replica con evidente desdén—, que el señor Montseny estaba demostrando su habilidad para copiar la estrategia del resto de hoteles y compañías de viaje del planeta Tierra. Para eso no hace falta tener un instinto muy fino. Solo pagar el wifi.

Alzo la vista hacia ella y le sonrío con complicidad.

Comprender que podía trasladarme la antipatía que siente por Jaume Montseny le tomó catorce meses, oírme pegarle voces en tres ocasiones y pillarme a punto de estrellar una figurita de cristal contra el suelo en plena crisis nerviosa.

No hizo falta que nos sentáramos a abrir nuestros corazones mientras compartíamos un cigarrillo ante una bonita puesta de sol, aunque eso también lo hiciéramos.

Simplemente un buen día Margalida se atrevió a hacer un comentario poco diplomático sobre los tejemanejes del propietario de nuestros sueldos y vidas y yo me reí a carcajadas.

El resto es historia.

Es mi soulmate . Mi partner in crime . Y otros muchos términos en inglés a los que me aficioné por despecho desde que no tengo una vocecita con acento canario exigiéndome que me deje de putos anglicismos, que estamos en España.

Estábamos .

Ya no sé dónde se encontrará ella.

—Supongo que debía ver con mis propios ojos el alcance que tiene esta gente —señalo el iPhone con un gesto de cabeza— para convencerme de que una semanita haciendo el mono delante de ellos beneficiará a la empresa. A todo esto, ¿alguna vez te han influenciado?

—¿Los chicos que hemos seleccionado para publicitar los bungalós?

No, esos no. Pero no voy a negar que las almond moms que se graban con sus apretadas mallas y sujetadores deportivos a juego y se beben un batido proteico antes de ir a pilates me hayan vendido que seré mucho más feliz si me voy a dormir sin cenar.

Se me escapa una carcajada cínica.

—¡Pero si estás estupenda, Mar! No olvides que mi padre te contrató para acostarse contigo.

Claro que también contrató a Carmen, Aina, Xiomara, Inés, Neus, Yuliana, Beatriz, Mariona, Dayana, Leonor, Cati, Milagros, Teresa, Antònia, Guadalupe, Blanca, Cati, Yesenia, Paloma, Rocío, Jimena, Nadia, Irina, Alina, Almudena, Laia, Camila, Nuria, Eulàlia, Valeria, Montse, Daniela, Abril, Itziar, Renata, Belén, Araceli, Noelia, Tamara, Olga, Daria, Zoraida, Mireia, Katerina y Vera para ese propósito.

Son los primeros nombres que me han venido a la cabeza. Seguro que he olvidado alguno.

—Así son las cosas en el Salvaje Oeste. —Se encoge de hombros. Convengamos en que ambos tenemos muy asumido nuestro rol—. ¿Necesitas que te vuelva a recordar las identidades de los influencers en cuestión? Si es puntual, en media hora llegará la primera para conocerte en persona.

Se me escapa un bufido irritado.

—No sé por qué no puedo estrecharles la mano en la fiesta. ¿Qué esperan que les pregunte en privado? Ya hemos acordado cuánto se les pagará por vídeo y por publicación en Instagram. Y como alguno intente regatear, se va a enterar de por qué dirijo el Departamento de Marketing.