¡Esto no es una comedia romántica! (¿En tu isla o en la mía? 1) Capítulo 34 #2
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Capítulo 34 #2

—Yo no sabía dónde vivías. Es decir; he hecho mis investigaciones y he leído que descansas tus huesos en una caravana, pero ni yo habría podido averiguar en qué rincones de Tenerife la aparcas.

Lo que sí sabía, y no pienses que no me ha costado descubrirlo, es dónde reside tu padre.

—Señala el edificio a medio construir con un gesto de cabeza—.

Se lo ha montado bien, ¿no? El alquiler estará tirado.

Me cuesta tragar saliva, pero me esfuerzo para no perder la compostura y lo encaro con seriedad.

—¿Qué quiere?

—¿No te lo puedes imaginar? Solo haría un viaje de dos mil quinientos kilómetros en un vuelo con escalas por dos razones: por dinero y por mi familia.

Considerando que tú no tienes mucho que ofrecerme a nivel monetario, de seguro llegarás a la única conclusión posible.

—Hace una pausa—. Quiero que cortes toda comunicación con mi hijo.

No es bueno para el negocio que se rumoree que estás vinculada con él, ¿entiendes?

Hago tratos con constructoras y empresarios que saben quién eres y que podrían echarse atrás a la hora de cerrar contratos conmigo por el simple hecho de que estés en medio.

Se me escapa una sonrisa triste que nada tiene que ver con lo que Jaume acaba de decir.

Sabía que Cesc me estaba mintiendo, pero anoche no pude demostrarlo.

Además, lo echaba tanto de menos —en contra de todo sentido común— que me dejé persuadir por las mentiras piadosas para tener la fiesta en paz.

Solo quería disfrutar de su compañía, aunque fuera en la distancia.

Pero en el fondo de mi corazón sabía que había algo que no me estaba contando, y es que yo era el único motivo por el que su madre tuvo la crueldad de inventarse que Laia había enfermado.

Puedo entender por qué no me lo refirió. No quería angustiarme. No quería que le dijera lo que le habría dicho: vamos a estar muy jodidos si tus padres se oponen a que estemos en la vida del otro, sea de la forma que sea.

A la vez, no entiendo por qué no me lo dijo. ¿No debería saber a estas alturas que su padre sería capaz de venir hasta aquí a amenazarme? Porque ¿a qué ha venido, si no es a amenazarme?

—No tengo relación con su hijo —contesto, y no es mentira—. ¿No ve que yo estoy aquí y Cesc volvió a Ibiza?

—Hablasteis anoche en términos muy románticos.

Se me escapa un jadeo incrédulo.

—¿Le pinchó el móvil o qué?

—No, hombre, no. Pero la casa tiene cámaras, y no hace falta ser un lince para saber con quién hablaba por teléfono si sintió la necesidad de bajarse a la playa.

Además de que él ha manifestado con claridad y también de forma indirecta que no va a obedecer lo que le digo.

Por eso se me ha ocurrido hablar contigo. Tú pareces más...

—¿Manipulable?

—Inteligente —me corrige con un elegante cabeceo—.

Sabes lo que te conviene, Fayna. Mírate.

—Señala el barrio, si así puede llamarse, con un gesto de mano—.

Un padre alcohólico, una madre a la fuga, ninguna formación académica, una casa okupada...

Y aquí estás, con tu autocaravana en propiedad y tu trabajo estable en redes sociales.

No dudes ni por un segundo que te admiro profundamente.

Has tenido una vida muy difícil. Seguro que no quieres que se te vuelva a complicar. —Enarca una ceja—. ¿A que no?

Le sostengo la mirada sin pestañear.

Ni me extraña ni me sorprende que haya descubierto quién soy y de dónde vengo a pesar de que no haya información disponible en internet.

Tampoco se me ocurriría señalar a Cesc como el responsable.

Sé que él no ha abierto la boca.

—¿Por qué se me iba a complicar, señor Montseny?

—Bueno, seguro que sabes que la usurpación es un delito.

Toda persona que ocupe un inmueble deshabitado o sin uso sin la autorización del propietario y con ánimo de permanencia indefinida podría enfrentarse a una multa o hasta un año de prisión.

Son pocos los okupas que acaban envueltos en el correspondiente procedimiento judicial por todo eso de que es lento y costoso para los perjudicados —agrega—, pero para el que tiene dinero y contactos, conseguir una orden judicial de desalojamiento y una sentencia de cárcel es pan comido.

Incluso podría poner esto en conocimiento de los medios para que tu padre y tú os hicierais famosos al mismo tiempo: el señor Navarro, progenitor de @lafaynasilvestre, alcohólico, okupa y ahora también convicto.

Tu padre tendría muy jodido empezar de nuevo después de algo así.

Solo imaginarlo me hiela la sangre.

Nadie diría que Jaume tenga un don literario para describir con rigurosa precisión, pero consigue que ante mis ojos se desplieguen imágenes con todo género de detalles.

Mi padre siendo arrancado del hogar que ha construido con esfuerzo en un edificio que se cae a pedazos, que nadie quiere, que han olvidado hasta los sacacuartos que lo financiaron para venderlo por una millonada a los extranjeros, que no a los lugareños; esposado a las puertas de uno de los pisos que él mismo empezó a construir antes de que su vida se fuera a la mierda por una crisis que envió al suicidio a tantos en su situación.

Mi padre entre rejas. Un año parece poco, pero son doce meses, trescientos sesenta y cinco días, y no necesitaría ni cien para volver a caer en la bebida.

Ni diez.