Capítulo 31 #3
—¿Que no me vas a dejar? —repite, y suelta una carcajada—.
Tus amigos van a devolverme hasta el último euro que les he adelantado y no van a ver ni un duro de lo que se les había prometido a cambio de hacer su trabajo, y no es ni por mi tozudez ni porque sea frío, sino porque así funcionan los negocios.
Así es la puta vida —agrega con los brazos extendidos—.
Estaba dispuesto a disculparle a Fayna la audacia de cancelarlo todo por su cuenta y plantear el modo de reorganizarnos para seguir, pero me estáis tocando los cojones.
Me habéis estado tocando los cojones desde el principio...
—Tienes que estar de coña —se me escapa—.
Soy consciente de que el que pone el dinero es el que manda, pero por más pasta que prometas, y si nos remitimos al contrato, eres tú el que empezó con las irregularidades y los «cambios de enfoque» después de prometer el oro y el moro.
Se suponía que iba a tener libertad creativa y al final me convertí en el hazmerreír de internet; yo, Cesc y también tu mujer, por cierto.
Y todo porque exprimirnos te convenía económicamente.
No tienes ningún sentido de la ética o el compromiso ¿y somos nosotros los que te tocamos los cojones?
¿Nosotros, que nos adaptamos a tus propuestas aun en contra de nuestros principios?
Javier me señala con el dedo.
—Te he hecho un favor monumental sacándote de TikTok para convertirte en una estrella de BNA .
Gracias a mí ibas a ir a alfombras rojas y te iban a llover la clase de ofertas de publicidad que te permiten vivir del cuento el resto de tu vida.
Eres una desagradecida. De no haber sido por esta oportunidad, habrían dejado de hablar de ti y de ver tus vídeos de mierda en cuanto hubiera dejado de estar de moda hacerse vegano.
Una parte de mí siempre ha sabido que este es el verdadero Javier, y que solo me mostraba su cara amable con la condición de que cumpliría su sagrada voluntad.
Mi criterio y lo que soy nunca ha importado, y ahora que no ha de fingir para tenerme privadita porque el documental se ha cancelado —solo queda que lo anuncie de manera formal—, se exhibe tal y como es.
— Don’t talk to her like that —le reprende Karen, ceñuda—. You’ve earned God knows how much money from those three episodes thanks to her, not because of you.
—Tampoco ha sido gracias a ti, que te recuerdo que te uniste a la producción porque no te daban cita para tu próxima cirugía invasiva. Tiene cojones que solo demuestres tener más de una neurona funcional para ponerte de parte de Fayna.
Esa es la gota que colma el vaso. Me sube por el vientre una suerte de lava volcánica que no puede sino ser la rabia en su estado más puro, y ya en paz conmigo misma porque está todo perdido, le espeto:
—Karen es una compañía maravillosa y una persona con una inteligencia emocional que tú no reconocerías ni aunque te la estamparan en la cara, pero no voy a ser yo la que se tome el tiempo de explicártelo.
Rescinde los contratos. No le pagues a nadie si no te sale de los cojones y exígenos el dinero que te salga de los huevos.
Te lo devolveremos a la mayor brevedad y ya me encargaré yo de que Yasen, Candela y Cesc reciban la totalidad de sus honorarios.
Y ni se te ocurra meternos una demanda o llevarnos a los tribunales —le advierto—, porque mis vídeos de mierda todavía están de moda y bastará con que grabe dos o tres contando lo que pasó durante esta reunión para que te despidan.
Por suerte para todos, sigue en boga lo de denunciar los abusos de poder y la falta de empatía, y por muy querido que te creas que eres en la empresa, BNA no se arriesgará a que le boicoteen futuros proyectos por tener a un hijo de puta en plantilla.
Dicho eso, me doy la vuelta y cojo de la mano a Karen para abandonar ambas el despacho.
Javier se ha quedado sin palabras porque sabe que tengo razón.
Si por algo se me conoce en redes, aparte de como la chica que hace jabones ecológicos y se mata de hambre para que no construyan otro puñetero hotel en la costa, es por arruinarle el futuro a los peces no tan gordos.
A lo mejor no podría joderle el chiringuito a un Montseny, a un directivo de la cúpula de BNA o a Jeff Bezos, pero porque esos no son peces.
No son ni siquiera tiburones. Son los putos reyes del mar.
Javier Varela es un simple mandado al que la pasta se le ha subido a la cabeza.
De todos modos, sé que si le hubiese dado opción a réplica no habría dudado en enterrarme en acusaciones y amenazas.
Gracias al cielo que no ha recuperado el habla todavía cuando yo ya he cruzado el umbral.
Karen frena, sin embargo, justo bajo la puerta cristal, que sostiene con la mano que no le sujeto con dos intenciones: instarla a abandonarlo y recordarle que no está sola.
— Of course I’m stupid. I married you, didn’t I? —le dice con una dignidad incontestable—. Now that I’m finally divorcing you, thank God, I’m sure I’ll get both my wit and my spark back.
»And since I neither want nor need your money to start over, let me tell you something else —añade.
Le lanza una mirada cargada de desdén que a mí me habría hecho llorar en el acto— : you’re balding at an incredible rate , you’ve never made me come, and I fucked your little brother on your birthday.
He was amazing, I have to say. I think I’ll give him a call tonight.
»See you never, bitch.