Capítulo 31 #2
—¿Y crees que el hecho de que Cesc desaparezca de un episodio para otro después de tres emisiones va a ser un trauma cultural? Nadie se traumatizó porque el interés amoroso de Daenerys Targaryen, el Daario Naharis de Ed Skrein, pasara a ser Michael Huisman de una temporada a otra.
«A mí sí me traumatizó», me cuido de decir. «Me gustaba más Ed Skrein».
Inspiro hondo para calmarme. No puedo armar la gorda cuando vengo a suplicar que esto no repercuta en los salarios del resto del equipo.
—No estoy diciendo que cancelemos el proyecto, Javier.
Solo te informo de que hubo un pequeño cambio de planes.
Si la hermana de Cesc se recupera, podemos seguir grabando en junio, o en julio, o en agosto, o cuando sea.
Y no sería la primera vez que BNA retransmite una serie por partes, ¿no?
Sus competidoras lo hicieron con Los Bridgerton y con Wednesday , y no por ello perdieron popularidad.
¿No te parece que podría ser incluso ventajoso hacerse de rogar?
—Puedes hacerte de rogar cuando ya has consolidado tu éxito.
Esas dos series que has mencionado sacaron sus primeras temporadas de golpe.
Por eso pudieron permitirse el lujo de dividir la emisión de la segunda.
—Hace una pausa para sacudir la cabeza con impotencia—. Esto es un desastre. Un desastre.
Me quedo anonadada con su descaro. Actúa como si fuera su hermana la que está ingresada, a lo mejor hasta en la puñetera UCI , y el único problema al que habrá de enfrentarse es al de una breve pelea con sus superiores y unos cuantos miles de euros menos en la cuenta.
Aunque acababa de sentarme, me pongo de pie y espero a que me mire a la cara, a que me vea la sonrisa despectiva, para decir:
—Un desastre es que la persona que más quieres en el mundo empeore de golpe de una enfermedad que se creía curada.
Estamos hablando de la salud de alguien, ¿sabes?
Puede que una niña de quince años se esté debatiendo entre la vida y la muerte mientras tú lloriqueas porque no te podrás poner unos dientes de oro en los próximos tres meses.
Javier me mira largamente. No hay ni rastro de emoción en sus ojos.
—No te pases ni un pelo, Fayna. Has tomado decisiones sin consultarme. Ahora mismo estás pendiendo de un hilo.
—Ya sé que te importa un carajo la opinión que yo pueda tener sobre tu sentido del honor, pero tú también deberías saber que no me voy a ir sin dártela.
Yo me vuelvo ahora a El Hierro para seguir grabando con tu nuevo cámara, vale, pero ¿qué hay de Cesc entonces?
¿Pierde su oportunidad, su salario y la experiencia que podría agregar a su currículum por un motivo de fuerza mayor? ¿Por algo de lo que no tuvo la culpa?
Javier ni siquiera pestañea.
—El que no ha tenido la culpa soy yo, y parece que voy a tener que pagar el pato.
Lo siento en el alma por Cesc y por su hermana —dice sin disimular que ya se le ha pasado el ligero ramalazo de compasión—, pero la cosa es que se ha frenado la producción y eso me repercute directamente.
Es más; podría demandarlo por haber ocultado que existía el riesgo de que un familiar directo le hiciera abandonar el proyecto.
Lo único que me salva de emprenderla a gritos con él es el pasmo.
— You’re heartless —interviene Karen de repente.
Me giro para pedirle que se mantenga al margen, que esto es entre Javier y yo, pero veo algo en su expresión que me disuade.
Estoy acostumbrada a sus carcajadas, a la carita de perro pachón con la que siempre se sale con la suya después de haber metido la pata, a su entusiasmo infantil y hasta a sus ojos enrojecidos por las caladas que le da a los porros que se le ofrecen, que no han sido pocos.
Pero nunca la había visto verdaderamente solemne, verdaderamente decepcionada.
—No te metas, Karen —le responde Javier en inglés—. Estamos hablando de negocios.
— And you think I won’t understand any of it, of course —replica aun así, y con un sarcasmo resignado que no me pasa desapercibido—, because I’m so fucking stupid.
—No empieces con tus crisis de dignidad, ¿quieres? Esto es un tema serio.
— It is serious, indeed. Cesc’s situation is incredibly serious —recalca.
Un cosquilleo de admiración me recorre entera al escucharla hablar con determinación, no solo porque salga en mi defensa, algo que no tenía del todo claro que fuera a suceder (mi enemigo es su marido, al fin y al cabo), sino porque se está defendiendo a sí misma—.
Why can’t you just be human for once? Why don’t you prove that you care about something other than money?
—¿Precisamente tú me vas a decir que no me preocupe por el dinero?
¿Tú, entre todas las personas, me vas a acusar de materialista o superficial?
Te recuerdo que tienes esas tetas y te has hecho una cara nueva gracias a mi pericia en los negocios.
Si no abordara problemas como estos con frialdad, no habría podido darte dinero ni para la peluquería.
El golpe es tan bajo que hasta yo me quedo sin aliento. Me siento impelida a defenderla, pero Karen, que no reacciona ni sorprendida ni herida por su desprecio, me sujeta del brazo y da un paso adelante.
No aparta la vista de Javier.
— Stop acting like this is your only problem.
It's not your sister's health or your future that's at stake.
You'll still be a millionaire tomorrow, even if you cancel the documentary.
My friends are the ones who'll be forced to deal with unemployment and all the difficulties that come with it if you turn this setback into a war.
Javier abre mucho los ojos.
—¿Tus amigos? Hace un mes no sabías ni que existían, por Dios, y dudo que en una semana te hayan prestado la mitad de la atención que necesitas para que te molestes en aprenderte sus nombres. Déjate de tonterías, haz el favor. Fayna y yo tenemos que resolver esto.
— I think my opinion is just as important as Fayna's, since I've seen how hard they've worked to bring your project to life. They don't deserve to be treated this way, and I won't let you make them pay for your stubbornness.