¡Esto no es una comedia romántica! (¿En tu isla o en la mía? 1) Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

Como ayer ya recorrimos el famoso parque natural de La Gomera y pudimos grabar el paisaje montañoso, hoy toca descender al nivel del mar para compensar con unas vistas marítimas.

En Garajonay, Fayna tuvo la ocasión de desplegar su inmensa sabiduría; en la playa de Santiago, donde por tradición se alquilan los kayaks entre una y diez horas, le tocará ser víctima de planos sucios y jugarretas de guion para equilibrar teoría y entretenimiento.

Ni que decir tiene que está exultante, nótese la ironía.

El encargado de los kayaks es un tipo de nuca quemada con un severo problema de sudoración excesiva y pesetero como él solo. Trata de convencernos de alquilarle, además de las embarcaciones con sus respectivos remos, unos neoprenos. Alega que es lo mejor para evitar quemaduras solares.

Karen cae en la trampa, como siempre cae en todas las trampas, y yo me dejo seducir por la propuesta. No porque esté de acuerdo con él, sino porque me entusiasma la idea de ver a Fayna con un neopreno.

Pero ella se enzarza con el sujeto en una discusión y, al final, ni neoprenos, ni hostias.

Tampoco es que me decepcione el modelito que ya luce.

Para la excursión se apaña con un minúsculo biquini de triángulo anudado a las caderas por nudos que, de no haber reforzado con una segunda moña, yo podría haber desintegrado con la vista.

Me quedo de pie en la orilla mientras la veo montar, todo un espectáculo que casi me hace suspirar.

Caderas en forma de paréntesis, piernas torneadas por el ejercicio, un culo por el que iría a la guerra.

No me lo ha contado, pero doy por hecho que es una fanática del alpinismo y la bicicleta.

Elegimos tres kayaks dobles: yo debo ir detrás de Fayna para grabar los mejores planos, mientras que Candela y Yasen deben ocupar el mismo, el que navegue en la retaguardia, por si fuera necesario corregir el maquillaje, ajustar micros, etcétera.

Reacia a quedarse sola y más aún a dejarnos a nosotros a nuestra suerte cuando nos odiamos a muerte, Karen acepta la petición de un turista andaluz de compartir vehículo.

El tipo tiene unas pintas cuanto menos llamativas. Luce una colección de tatuajes —algunos de ellos en el cuello— que referencian al honor, la patria y la Virgen.

No tengo ningún problema con nada de lo mencionado por separado, pero junto apesta casi tanto como la riñonera que se coloca sobre el chaleco salvavidas.

No llevamos ni cinco minutos navegando en fila india cuando oigo el chasquido de un mechero y me llega el familiar olorcito a, digamos, naturaleza .

Cuando uno ha estudiado en la universidad una carrera de Artes, termina por acostumbrarse a este inconfundible aroma.

— Are you smoking a blunt?

—Sip. ¿Quieres?

— I’ll take a hit.

—¡Karen! —la regaña Fayna. Para ello tiene que girar el torso hacia atrás, con cuidado de no perder los remos. Nos lanza una mirada a mí y a la cámara encendida por acto reflejo. Por supuesto, evita mantenerla—. ¿Cómo vas a fumarte un peta en plena travesía marítima?

— It’s not like I’m driving a cruise ship.

—No te pusiste el chaleco. Si te caes al agua estando fumada, podrías ahogarte.

— Those life jackets’ colour doesn’t match my nails’ tone. And I can swim.

—Karen...

— Okay, okay! I’ll behave! God damn it!

No puedo girarme, pero apuesto a que ha levantado las manos en señal de rendición.

Los dedos bien estiraditos para que se le vean las uñas, claro.

—Para estas cosas sí que entiende el español de locos —masculla Fayna.

—Oigan, ¿qué les pasa? —pregunta Yasen de repente—. ¿Por qué no hablan entre ustedes? Si no se dicen nada, no tenemos episodio. Hay que añadir algo de romance.

Aunque yo sostengo la cámara en alto —tiene su qué viajar de pasajero en un kayak cuando es Fayna la que conduce— para obtener planos más profesionales, el sonidista participa con su smartphone para intercalar los vídeos verticales.

Gracias a los esfuerzos de Candela, que ya suda profusamente por la falta de costumbre —y por el hecho de llevar a cien kilos de tío inmóvil delante—, puede dedicarse a captar nuestras interacciones.

O nuestra falta de ellas.

—¿Qué quieres que le diga? ¿Qué quieres que me diga él?

—se queja Fayna—. Seguro que la gente se volvería loca si sacara un anillo de compromiso del bolsillo del bañador, pero te repito una vez más que esto no es una comedia romántica.

¡Ni siquiera sé por qué estamos paseando en kayak!

¡No puedo contar nada interesante en esta ruta!

—A mí no me pidas ideas de corte romántico —se defiende Yasen—. No tengo ni idea.

—Pues alguna idea deberías poder aportar si tienes novia —masculla Candela por lo bajo—. Digo yo que en seis años te habrá dado tiempo a improvisar un regalo o un gesto conmovedor. ¿O es que solo la quieres por su cuerpo y no te importa nada más?

—¿Por qué o cómo iba a querer a alguien solo por su cuerpo? —Su perplejidad resulta adorable—. Todas las personas son un conjunto de ideas, deseos y opiniones.

—Y de mentiras —apostilla Candela por lo bajini.

—Quizá deberíamos ponernos a hablar un poquito —le sugiero a Fayna en voz baja, inclinándome lo justo hacia delante para no desestabilizar el kayak—. Ya sabes, para que no haya un traumatismo craneoencefálico por impacto de remo y un cadáver flotando boca abajo en aguas atlánticas.

—¿Y de qué quieres hablar? —responde sin girarse.

—No sé. ¿Teleologismo cosmológico? ¿Cine independiente iraní? ¿La boda de Selena Gomez? ¡Ya lo tengo! ¿Y si hablamos de lo que pasó anoche entre nosotros?

—¿Qué pasó anoche? —pregunta Yasen, más por interés cinematográfico que por curiosidad humana—. Cuéntaselo a mi móvil.

—¿Qué crees que pasó? ¿Que Cesc le ganó a Fayna al ajedrez online? —bufa Cancán.

—¡Eh, yo también juego al ajedrez online! —interviene el turista—. ¡Tengo trescientos cincuenta y dos puntos en la app Chess !

—Esa es una puntuación objetivamente baja —señala Yasen.

—Objetivamente bajos son los puntos de tu IQ .

Carraspeo en voz muy alta para enterrar el comentario despectivo de Candela.

—¿Entonces, Fayna? ¿Qué te pareció lo de ayer? La partida de ajedrez online, digo. Yo creo que nos divertimos. Hasta acabamos en tablas.

—¿En tablas?

—¿No estás de acuerdo? ¿Debería haberte comido la reina?

Ella reacciona como siempre reacciona con los chistes sexuales: tensando los hombros como un gato mojado y contraatacando.

—Más bien yo debí ganarte con un rey ahogado. Pero considerando el paraje natural en el que nos encontramos —insinúa contemplando las aguas—, aún estoy a tiempo de ahogarlo.

—¿Estáis hablando de ajedrez seguro? ¿Qué es eso de rey ahogado? —pregunta el turista.

—¿Cómo no vas a saber lo que es un rey ahogado si juegas al Chess ? —se asombra Yasen.

—Será que es que tú lo sabes todo, no te jode —rezonga Candela.

— Hey, guys, about the ideas you’re looking for so the romantic part of the documentary is covered...

Why don’t you pretend you crash both kayaks?

—propone Karen. Acompaña la sugerencia de un gesto que podría servir para emular el choque en cuestión o para animarnos a darnos un beso: junta las dos manos cambiando la angulación, como dos piezas que intentan encajar—.

This way you, Fayna, fall into the water.

It would be soooo Bridget Jones! Obviously, Cesc would have to lose his shirt at some point...

—Sería lo que le faltaba —bufa Fayna—. ¡Hacerse viral por tener pectorales!

—Me gustaría hacerme viral por ser tu novio, que es algo más honesto, pero no me dejas.

—Se supone que ya eres mi novio en internet.

—¿Y por qué no lo hacemos oficial?

—¡Un momento! —exclama el turista andaluz—. ¿Estáis liados?

— Why are you ignoring me?

—Yo no te ignoro, Karen. Mira, podríamos centrarnos en la parte de la comedia —interviene Candela—. Fingid que no os coordináis moviendo los remos y os peleáis de esa manera en que os peleáis vosotros, que, más que una discusión, parece un preliminar sexual.

—Eso a mí me interesa —la apoya el turista—. Una vez hice una porno, ¿sabéis?

—Seguro que te quedó de pelotas —masculla Fayna.

— Or… or… —se le ocurre a Karen. Levanta el brazo como una alumna competitiva—. What if Fayna falls into the water and Cesc goes to the rescue?

—¿Por qué me iba a caer al agua?

—Maybe you get scared because there’s a shark.

—No hay tiburones si no te adentras en aguas profundas, Karen.

—A big fish, then. A jellyfish, maybe? What are you scared of, Fayna?

—¿Que a qué le tiene miedo? A los hombres que la quieren —comento con sarcasmo.

—Más bien a los hombres que me pueden cambiar la vida.

Karen pone los ojos en blanco.

— All men change your life. For the worse. Are you new?