Capítulo 18
Cesc
—¡Déjame! —me espeta, y de regalo me suelta un par de manotazos.
—¿Que te deje? ¡Se te va a ver el culo! Que el hotel esté etiquetado como ecofriendly y por ende se aprecien las costumbres hippies no significa que sean bienvenidos los exhibicionismos gratuitos...
—Oh, ¡perdona porque se me olvidara ponerme algo más encima!
—me ruge con claro sarcasmo—. ¡Se me habrá pasado con el shock de toparme con cientos de mensajes haciéndome preguntas incomprensibles!
«Fayna, ¿estás saliendo con el cámara?», «Fayna, ¿tú no eras animalista?
», «Fayna, ¿por qué has llevado a una guiri a Lanzarote, si estás en contra del turismo irresponsable?
¡Mira lo que ha hecho nada más llegar a Timanfaya! ».
Mientras recita los textos con voz de pito, se tira con ansiedad de la prenda hacia abajo, algo que, en lo personal, agradezco.
Me mira con cara de «¿Ahora mejor? ¿Ya está contento el señorito?
». Yo no puedo decir que lo esté. Las transparencias del algodón gastado le marcan los pezones erectos.
Tengo que contenerme para no cubrirla con un abrazo de oso y llevármela en brazos a la habitación antes de que alguien la vea de esta guisa.
Y no precisamente porque puedan hacerle fotos y subirlas a la red diciendo: «¡Eh, mira, la Fayna en bolas!
», sino solo porque puedan mirarla. Porque puedan verla como yo la he visto.
Me asombra tanto este repentino arranque posesivo que por un segundo no puedo reaccionar.
Ella quiere que lo haga, quiere que me explique; siempre me da la oportunidad de justificarme por grave que sea la crisis —y hasta ahora ninguna lo ha sido—, pero pasa ese momento de gracia y, cansada y decepcionada, retoma la ruta a los ascensores.
No la persigo hasta que no he conseguido echar a un lado mis extraños sentimientos para priorizar el problema que se me presenta. Ya tendré ocasión de desenmarañar y someter a juicio mis celos sin destinatario.
Y absurdos, por cierto.
Apuesto a que Fayna es de las que se lo pasan bomba en las playas nudistas.
—¡Fayna! —la llamo. Ella no se da la vuelta—. Fayna, por Dios, esta no puede ser nuestra dinámica para siempre. En algún momento tendrás que enfadarte y quedarte donde estás para hablar en vez de correr los cien metros lisos para castigarme.
Frena en seco y da media vuelta en una fracción de segundo.
Si fuéramos protagonistas de un dibujo animado, habría sonado un chirrido de llantas de coche y su cuerpo se habría transformado en el remolino del Demonio de Tasmania.
Con las piernas —insisto— desnudísimas, el pelo revuelto y sobre la cara, los ojos inyectados en sangre y los puños crispados a cada lado del cuerpo, acude a mi encuentro.
Me daría miedo si ella en sí no me diera ternura.
—Te crees muy graciosito, ¿eh? ¡Esto es serio!
—Lo sé —acepto enseñándole las palmas de las manos—. Intenté hablar contigo sobre el cambio de enfoque...
—¿Cuándo lo intentaste hablar conmigo? ¿Cuando jurabas que nos mandarían a casa para poder besarme sin que te pusiera problema, o cuando me follabas para que no mirase el móvil?
¡El mensaje de Javier lleva ahí desde unos minutos después de que nos metiéramos en la habitación! ¿Crees que no me di cuenta?
La acusación me deja boquiabierto, no hay otra forma de describirlo.
Dejo caer los brazos con cansancio y le lanzo una mirada de advertencia.
—Por la paz, voy a obviar eso que estás insinuando y te voy a responder lo siguiente: intenté hablar contigo sobre los giros creativos del piloto en cientos de ocasiones.
Mientras grabábamos en Timanfaya, en las salinas y hoy mismo, cuando te he jurado que podríamos arreglarlo si me dabas libertad.
¿Qué pensabas que suponía un cambio de enfoque en la edición, Fayna?
¿Que íbamos a darle la vuelta al material, como Ariana Grande a la carátula de Sweetener ?
—¿Qué tiene que ver Ariana Grande aquí?
—Le gusta mucho a mi hermana Laia.
Fayna sacude la cabeza como si se quisiera sacar de encima el sonido de mi voz.
—¡Sé lo que supone un cambio de enfoque! ¿Por qué me tratas como si fuera imbécil?
—No te trato como si fueras imbécil. Te trato como si se te hubiera ido la olla, que es lo que ha pasado. Lo que está pasando —recalco.
—¡Que se me fue la olla! ¡¿Y no te parece comprensible?! —aúlla con los ojos muy abiertos. No quiero pararme a pensar en el modo en que me mira, como si no me conociera; como se dirige a ti alguien a quien has decepcionado profundamente—. ¡Haces lo que te sale de los huevos!
—¿Y qué se supone que tengo que hacer, si no? ¿Lo que te salga a ti de los tuyos?
—¡En este caso sí!
—¿Perdona? Por más seguidores que tengas o mucho que cobres, yo soy el director y tú eres la actriz principal. En un sistema jerárquico, estoy encima de ti.
—En un sistema jerárquico y también físicamente durante toda la tarde —espeta—.
Di la verdad. ¿Estabas entreteniéndome para que esto viera la luz sin que yo pudiera frenarlo?
Porque te perdonaría mucho antes una manipulación como esa que el hecho de que hubieras pensado, aunque fuera por un solo segundo, que esto me parecería bien.
Me gustaría echarme a reír como un loco por el argumento retorcido que se le ha ocurrido, pero además del don de ponerse en lo peor, posee la tenebrosa habilidad de conseguir que sus neuras tengan sentido.
Su acusación es falsa. Nada de lo que dice es cierto.
Pero podría serlo .
Ese es el problema.
—¿Por qué no te iba a parecer bien? ¡Esta tarde estabas que trinabas porque te habían cancelado el documental! Supuse que querrías que saliera adelante.
—¡No a cualquier precio!
—¿Y crees que esto es «cualquier precio»? ¡Es divertido! —exclamo con los brazos extendidos—. ¡Es original! Y no te deja en mal lugar, Fayna. Todo lo contrario. Muestra una faceta humana tuya que la gente estaba deseando conocer.
—¡Para tener con qué difamarme, Cesc! ¡Llevo años defendiendo los derechos de los animales y pagando dinero de mi bolsillo para garantizar que los trasladan a reservas naturales!
¿Cómo crees que se percibirá que me montara en uno para hacer la gracia?
¡Critico que los extranjeros vengan a Canarias sin informarse sobre los parques naturales y la conservación de los espacios y de pronto se me ve riéndole las gracias a una guiri inconsciente!
¡Me opongo a que se publiciten las islas para no gentrificar los lugares y vas y romantizas unas fiestas patronales!
—Sobre lo del camello, hemos metido un fragmento de tu discusión moral con Juan...
—¡Que es un puto dromedario, hostia! ¡Y eso solo lo hace más irónico!
¡Te lo dije! ¡Te lo dije todo! —recalca a gritos—.
¡Te dije que no quería que viera la luz un proyecto absurdo y sin alma!
¡Te dije que no quería que saliera lo ocurrido con Karen ni convertirme en un meme de la red!
¡Te dije que ese modelo de producto no casaba con mis principios!
Así que ni se te ocurra salirme con que lo hiciste por mí y porque me viste amaguada —me amenaza con el dedo índice—.
Asume que fuiste un egoísta de mierda yendo por libre y que solo pensabas en que se viralizara un documental firmado por Francesc Montseny.
—¿Un egoísta de mierda? —repito, perplejo.
—Yo también participé —interviene Yasen.
En algún momento nos ha seguido, supongo que porque sabe que está involucrado en la discusión y debe defender su apuesta artística—.
Fui quien lo montó, de hecho. Y no todo lo que aparece es un experimento creativo de Cesc.
Al final, fui quien grabó los vídeos verticales pensando que podría ser interesante mezclar lo casero con lo profesional, lo que uno quiere que se vea y lo que no.
—¡Y estarás tan satisfecho!
—Lo estoy —replica con sencillez. Su honestidad la desarma—.
Sé que no se parece a lo que querías, pero es que lo que querías no iba a llegar a ninguna parte porque carecía de visión estética, y eso como poco.
Eres influencer , Fayna, no bióloga marina.
Te conocen por ser polémica en redes sociales, no por tu trayectoria académica.
No iban a querer un documental clásico a lo Karl Sagan, sino un divertimento con un poco de denuncia social al estilo Frank de la Jungla...
—¡Y dale con Frank de la Jungla!
—... que es lo que yo justo envié a los productores. Y, aun así, respeté la mayoría de tus indicaciones manteniendo la información.
—También has respetado mucho mi vida personal y mi verdad proveyendo de fanservice a los espectadores —lo corta con frialdad—. ¿O no leíste lo que dicen en redes sociales? ¡Piensan que tengo un lío con Cesc!
—Es que tienes un lío con Cesc —resuelve Yasen con gesto inexpresivo—.
Os oí cuando me acerqué a la habitación para enseñaros el piloto antes de enviarlo.
No estabais hablando de la fauna marina de la isla de El Hierro, precisamente.
No estabas visibles, a secas, y yo no podía esperar más para presentar el segundo borrador.
Debería concentrarme en la discusión para intervenir de ser necesario, incluso si a Guayasen Sengoku no le hace ninguna falta la ayuda de nadie para salir del paso.
Pero lo único en lo que puedo pensar es en que Fayna está casi desnuda delante de un tío que tiene de fondo de pantalla a una modelo de OnlyFans y adora a las waifus .
Debo hacer un esfuerzo hercúleo por no taparle los ojos a Yasen o interponerme entre los dos con los brazos extendidos, como un cristo del Corcovado que debe frenar el impacto de una bala.
—¿Y ya por eso debe saberlo toda España y Latinoamérica? ¿Todo el planeta Tierra?