¡Esto no es una comedia romántica! (¿En tu isla o en la mía? 1) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

—Ahí es donde entrarías tú. Te concedería plena libertad creativa. Podrías decir lo que tú quisieras, enseñar lo que tú quisieras. Al final, la atracción es quien lo presenta, quien será grabada cámara al hombro por las junglas de Agana...

—Anaga.

—Eso.

—Y es una selva subtropical.

—Eso. Bueno, ¿qué me dices? De un pequeño perfil de TikTok a la plataforma de visionado con más suscriptores del mundo, traducida a ocho idiomas en el momento: una sola temporada de siete episodios, uno para cada isla...

—Ocho si se cuenta La Graciosa.

—A nadie le importa La Graciosa. —Sacudió la mano. La ceja me salió disparada hacia el techo por la indignación, pero él decidió ignorarlo—. Se grabarían y editarían in situ en el transcurso de un mes, lo que tardaríais en visitar los diferentes destinos. Todo sería natural, nunca mejor dicho.

—Suena muy bonito —señalé con recelo. Él o no se dio cuenta de mi retintín o no quiso dársela, porque asintió, ilusionado—, pero, yendo al quid de la cuestión, que al final son los números...

Yo misma veo los contenidos de BNA — me reservé que lo veo pirateado, claro — y lo que se posiciona en el ránking de más vistos no son series sobre la diversidad natural.

Por lo general, la gente solo deja los documentales de La 2 que echan a horas intempestivas porque se durmieron en el sofá.

—Tú le darías un enfoque divertido con tu sentido del humor. Con tus tiktoks has atraído a personas que nunca antes se habían interesado por la biodramina.

—¿Quieres decir la biodiversidad o la biosfera?

—Sí, claro, la biodiversidad. —Carraspeó, ruborizado por el patinazo, pero a esas alturas ya estaba hecho: había conseguido caerme en gracia por la clase de personaje que era—. ¿Acaso miento? Te ve público de todas partes, edades, géneros, opiniones...

—No siempre para darme la razón.

—¡Eso es lo mejor! ¡Eres una persona que provoca controversia!

—O sea, que quieres arrojarme a los lobos para ganar pasta —resumí con sorna.

Él empezó a defenderse, muy ofendido por mi conclusión, hasta que comprendió que solo le estaba tomando el pelo —a medias— y se rio conmigo.

Hay algo entrañable en la gente que no sabe de lo que habla pero se moriría por saberlo porque en el fondo tiene buena intención.

A Javier le queda mucho camino por recorrer hasta llegar a preocuparse de forma genuina por lo que a mí me trastorna.

Aun así, no dudo que podría llegar con la orientación adecuada.

Se me ocurrió que ese era el verdadero quid de la cuestión y no el dinero. Divulgar. Educar. Y se me ocurrió también que, al final, Javier sí sabía algo que yo me negaba a aceptar: que el enfoque es lo más importante de todo.

A lo mejor podía trasladar de verdad mi labor activista a la pequeña pantalla. A lo mejor podía inspirar de verdad a alguien, y que en vez de pensar en gentrificar Tenerife se animaran a colaborar con entidades medioambientales.

A lo mejor podía aceptar.

Y acepté... con las condiciones que Javier aprovecha para recitar girándose ahora, en el día presente, con un ojo guiñado y un miedo infernal a meter la pata.

—No compararte con Frank de la Jungla —empieza sacando el pulgar—, darte libertad creativa —enseña el índice— y...

—No utilizarme para publicitar nada.

—¿Eso es negociable? —pregunta, esperanzado—.

Qechua estaría encantado de que llevaras una de sus mochilas y material de montaña, y a lo mejor a Adidas le interesa que te pongas unas Gazelle o unas Samba...

—Aunque mi cara es un poema, insiste—. Oh, vamos, un poquitito de product placement , ¿vale?

Solo uno o dos por episodio, y con empresas con cuyas políticas estés conforme.

H&M usa materiales reciclados y se preocupa de reducir la contaminación plástica.

Cruzada de brazos, espero a haber ordenado mis pensamientos para responder.

Muy convenientemente, Javier ha frenado a las puertas de la sala de reuniones donde nos espera el equipo para negociar lo que en el fondo siempre ha tenido en mente negociar.

Apuesto a que rescindiría el contrato si ahora le dijera que no, pero, por desgracia, no puedo decir que no.

Ya he comprometido dinero a las dos causas más importantes de mi vida: al bienestar de mi padre durante lo que le quede de vida y al medioambiente.

—Puedo aceptar esa morralla del product placement —le concedo al fin.

Él respira en paz—, pero no de cadenas de fast fashion .

La industria de la moda es de las más contaminantes.

Queda descartada salvando marcas de ropa sostenible.

Si quieres, conduciré una bicicleta eléctrica de alguna empresa que las produzca, beberé agua embotellada en envases retornables y promocionaré productos veganos.

Javier se encomienda a Dios con un gesto exasperado, pero acaba lanzándome una mirada divertida.

—Eres insufrible, ¿sabes? Y te daría un infarto si vivieras en mi casa.

—No hace falta que lo jures. Te creo.

Tiene el caballeroso detalle de empujar la puerta y echarse a un lado para invitarme a pasar. No soy inmune al tratamiento de señorita, así que correspondo su galantería con un asentimiento solemne y me adentro en la sala.