Capítulo 3 #2
Conste que no me callo porque en mi contrato haya firmado que esté prohibido expresarse, sino porque creo que hay personas que tienen más derecho que otras a la hora de hablar de según qué temas, y estas son aquellas que sufren sus consecuencias.
Yo no he trabajado en una oficina como para ofenderme en el nombre de quien sí.
De hecho, como influencer , tengo tan poca idea de cómo funciona el mundo real a nivel interno como puede tenerla Javier Varela, mi productor, cuando utiliza la primera persona del plural para señalar «lo que se ha organizado y se ha pensado».
Si se piensa en profundidad —y yo siempre lo hago—, es diabólico utilizar un «se» impersonal, un «se» sin sujeto específico, cuando alguien debería estar recibiendo el mérito de la acción realizada.
Porque, con toda seguridad, quien ha organizado y ha pensado no habrá sido él, sino su becaria, que tendrá un profundo conocimiento de Marketing y Recursos Humanos gracias a sus dos másteres de diez mil euros cada uno.
Y, aun así, no cobrará lo que se merece por aceptar competencias que no le corresponden o, en su defecto, le corresponderían a las doce personas con su formación que deberían estar contratadas para compatir la carga del curro.
«¿Por qué tanta mala leche?», me reprendo viendo adónde se dirigen mis pensamientos: hacia el inconformismo y la denuncia social. «Aceptaste la oportunidad con todas sus consecuencias, mi niña. Ya fue».
En efecto, la acepté.
Pero en mi defensa diré que no las tuve todas conmigo.
— BNA es un monstruo del mundo audiovisual —le expliqué a mi padre en su día, once meses atrás.
Fue la primera persona a la que informé de la propuesta—.
Es verdad que no leí que maltraten a sus empleados, ni a través de horas extra no remuneradas ni con salarios abusivos.
Ten claro que, si me hubiera topado con algo así, lo habría rechazado de lleno.
Pero sabes cómo me siento colaborando con empresas de ese nivel, y sabes también que en el mundo digital tengo una reputación.
Me saldrán detractores de entre las sombras para decir que sí, mucho ecologismo, mucha lucha anticapitalista, pero luego bien que firmo un contrato que podría hacerme rica.
—Desde luego, no se puede ser activista de boquilla —convino mi padre.
Es como si lo estuviera viendo, como si hubiera sucedido ayer: ocupaba su rincón preferido del sofá de lujo que encontró en un contenedor próximo a un hotel de cinco estrellas de Los Cristianos.
Cabello rubio oscuro y desgreñado recogido en una coleta baja por cortesía de una de mis gomillas de plástico ensortijado.
Barba de varios días. Camiseta de propaganda del taller de coches donde ya llevaba trabajando ocho meses.
Había dejado de dar sorbos a su cerveza sin alcohol para ponerme su atención.
—Pero, mi niña —añadió—, al final el dinero lo es todo.
—No lo necesito. Vivo muy bien con Hemingway en la autocaravana, y, además, es el estilo de vida que me gusta. ¿Qué pinto yo con quinientos mil euros en el banco?
—Si no los tienes ya gracias a tus vídeos, será porque los gastas en algo, ¿no?
—Dono prácticamente todo lo que me sobra a sindicatos, organizaciones benéficas, a instituciones públicas que protegen el medioambiente...
Dejé de enumerar en cuanto comprendí lo que mi padre me había querido decir al plantearme la duda. Él me leyó el pensamiento, sonrió con orgullo y brindó en mi honor antes de dar otro trago.
—Pues ahí lo tienes. ¿No se te ocurre ninguna causa a la que puedas destinar el dinero que, en tu opinión, ganarás de forma deshonrosa?
Se me ocurrieron varias, así que al día siguiente le devolví la llamada a Javier, le puse mis condiciones —que no eran pocas, y por eso pensé que lo llevarían a echarse atrás— y aquí estamos casi un año después, a punto de comenzar la producción.
Lo malo de tener una mente crítica es que ves agujeros negros por todas partes, sobre todo en los rincones del universo más enfermos de avaricia.
Cuando Javier me contactó por correo y luego concertó una videollamada conmigo para describirme su idea con entusiastas aspavientos, mintió descaradamente:
—He visto el trabajo que haces y me ha encantado.
Traducción: mi secretaria, llamémosla Lola, ha estado surfeando entre los tiktoks más vistos y creadores de contenido con mayor tirón de los últimos meses y me ha dicho al oído que podrías ser la persona adecuada para pegar un petardazo en BNA .
—¡Tienes mucho talento!
Traducción: tienes muchas visualizaciones, además del don de atraer suscriptores.
—Te honra muchísimo lo que haces por el medioambiente y la gente en riesgo de exclusión social.
Traducción: me vas a venir de puta madre para blanquear mi reputación.
Luego solo mintió a medias y en momentos puntuales para no desanimarme con su descripción. Las palabras clave que me hicieron respingar en el asiento fueron «Frank de la Jungla» y «dar visibilidad a Canarias».
—Lo primero, Javier... Te voy a llamar Javier y te voy a hablar con franqueza, porque creo que en estas cuestiones es importante moverse con la verdad por delante.
—Esperé a que él asintiera con frenetismo y una sonrisa deslumbrante para seguir—.
Lo primero es que Frank de la Jungla no es una gran referencia para hacer un documental sobre biodiversidad porque se dice que compraba los animales de su santuario de refugiados.
Sea o no sea cierto, la duda es suficiente para que no me guste ni un pelo la comparación.
Lo segundo es que Canarias no necesita más visibilidad.
Con casi nueve millones de kilómetros cuadrados de superficie, Brasil recibe seis millones de turistas al año; con un total de menos de ocho mil, mis islas reciben catorce.
Si lo que pretendes es que me convierta en la imagen de Marina d’Or, ciudad de vacaciones, pero con una tierra gentrificada y maltratada...
—No, no, no, no, no —empezó a sacudir la cabeza—.
Me has malinterpretado. Yo te conozco, Fayna.
He visto tus vídeos hablando del tema. Me ha conmovido tu dedicación, lo juro.
—Se puso las manos en el pecho. Le habría ido bien estudiando arte dramático—.
Lo que pretendo no es hacer un documental que incite el turismo, sino que invite a apreciar la diversidad natural de nuestro país.
—¿Y qué enfoque le darías? Porque no sé cómo se pueden exhibir las preciosas dunas de Maspalomas en un vídeo sin que el espectador sienta el deseo de reservar un vuelo para su semana de vacaciones.
Él me dirigió una sonrisa beatífica y extendió los brazos.