¿Esto ha sido un flechazo? Capítulo 9
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Capítulo 9

Últimamente tenía como despertador el sonido de las notificaciones. Me desperté con el cuerpo pesado por culpa de las insistentes llamadas de Carlos, pero todo el cansancio se disipó en cuanto desbloqueé la pantalla y vi un mensaje enviado a las ocho y cinco de la mañana. No era de mi ex.

"Buenos días, Victoria. ¿Qué tal has amanecido? ¿Algún problema en los pies? Que tengas un buen martes de entrega de logotipos. Acuérdate de dejar respirar los espacios en blanco. Jaime."

Me abracé a la almohada con una sonrisa ridícula pintada en la cara.

El tío no solo se acordaba de mi trabajo, sino que utilizaba la jerga de diseño que le había explicado entre bravas y cervezas.

Le contesté con un escueto pero sugerente: "Buenos días.

Intento aplicar el espacio en blanco, pero mi cerebro hoy está un poco colapsado. Disfruta del café".

A las diez ya estaba sentada frente al iMac en mi rincón de trabajo: una mesa de madera de pino junto al balcón, rodeada de plantas que sobrevivían de milagro y paredes llenas de láminas de la Bauhaus.

Tenía que terminar el manual de identidad corporativa para una marca de cosmética natural y las ideas no me salían.

Cada vez que intentaba trazar una línea con la tableta gráfica, la silueta de la cúpula de San Francisco el Grande y unos ojos marrones se me colaban en Photoshop.

—Céntrate, Victoria Eugenia —me reñí a mí misma, dándole un trago largo a mi segundo café con leche.

El silencio de mi piso solo se veía interrumpido por el clic rítmico del ratón y la música lo-fi de fondo. Estaba retocando la paleta de colores —buscando un verde oliva que transmitiera paz — cuando el móvil, situado justo al lado del teclado, empezó a vibrar sobre la mesa.

Carlos.

Solté el lápiz digital con frustración. Era la tercera vez que llamaba en lo que iba de mañana. Decidí que ya bastaba. No podía seguir ignorando el problema como si fuera a desaparecer por arte de magia. Cogí el teléfono y descolgué con voz firme, fría.

—Hola, Carlos. Estoy trabajando, dime.

—¡Vic! Por fin me lo coges —su voz sonó aliviada, pero con ese deje de reproche que tanto me crispaba los nervios—. Llevo desde ayer intentando hablar contigo. ¿Por qué no me contestabas? Estaba preocupado. Fui a nuestro bar de siempre y pensé que quizá...

—Carlos, para —le interrumpí, respirando hondo para no perder los papeles—.

No contestaba porque no quería. Te lo dije el domingo en la plaza y te lo vuelvo a repetir hoy: lo nuestro se ha terminado.

No me llames a las doce de la noche, no me busques en los bares y, por favor, deja de controlar mis horarios. Necesito que respetes mi espacio.

—Es que no lo entiendo, Vic —su tono cambió, volviéndose más agudo, herido—. Cuatro años no se borran en tres meses. Sé que estás saliendo con alguien, te vi el otro día en la Latina con ese tipo. ¿Quién es? ¿Por eso me estás echando de tu vida?

Se me revolvió el estómago. La mención a Jaime en su boca sonó casi como una invasión a mi intimidad.

—Mi vida ya no es tu asunto, Carlos. Lo de la Latina no tiene nada que ver con lo que nos pasó a nosotros.

Lo nuestro se rompió porque ya no nos hacíamos bien, no busques culpables fuera.

Por favor, no me vuelvas a llamar si no es por algo estrictamente necesario de la liquidación del alquiler antiguo. Adiós.

Colgué antes de que pudiera replicar y, con las manos temblando de pura rabia, dejé el móvil boca abajo. Me pasé los dedos por el pelo, conteniendo las ganas de llorar por la impotencia. Era agotador tener que defender mi libertad cada tres días.

Para intentar desintoxicar el ambiente, abrí el chat del grupo de WhatsApp con Alba y Bea. Necesitaba mi dosis de cordura diaria.

Vic: "Carlos ha vuelto a llamar en mitad de mi entrega. Estoy al límite. Siento que me está asfixiando."

La respuesta de Alba fue instantánea, directa como siempre.

Alba: "Bloqueo. Ya estás tardando. Eso no es amor, es acoso psicológico de manual de primero de carrera. Si vuelve a ponerse pesado me pasas su número y le redacto un burofax que se caga encima."

Bea: "¡Albi tiene razón! Cierra esa puerta ya, Vic. Céntrate en lo importante. ¿Te ha dicho algo más tu chico? Necesito saber si hay segunda cita programada antes de que me muerda las uñas."

Yo: No es mi chico.

Aún así me reí frente a la pantalla, sintiendo cómo el nudo del pecho se aflojaba gracias a ellas.

Borré la notificación de Carlos, respiré hondo y volví a mirar el diseño de la marca de cosmética.

De repente, el verde oliva que estaba buscando apareció en mi paleta de muestras.

Miré el mensaje de buenos días de Jaime que seguía anclado en la parte superior de la pantalla y sentí que, a pesar del ruido del pasado, el presente seguía abriéndose camino con mucha fuerza.