Capítulo 10 #2
—¡Yujuuu! —exclama. De manera instintiva sé que este hombre es de los que anuncian su llegada a los actos sociales proclamando: «Ya está aquí el alma de la fiesta».
Me siento junto a Grant mientras Lesley camina con parsimonia hasta el sillón de enfrente; Lisa llega trotando poco después. Le tiende una taza de té y dos pastillas.
—¿Algo de desayuno para bajarlas?
Lesley mira con desconfianza el surtido de desayuno.
—No, no, no tengo…
—No lo he preparado yo —aclara—. Es de Murphy’s.
—Una magdalena, por favor. Gracias.
Lisa suelta una carcajada y le prepara un plato.
—Odia mi cocina.
—¡No es cierto!
—Y, además, miente fatal —añade.
Lesley alza los brazos en un gesto de rendición y ella finge arrojarle una magdalena a la cabeza.
—Bueno —Lesley da una palmada—, ahora que estamos todos aquí deberíamos ponernos manos a la obra.
Repasa nuestra misión, ofreciéndonos un resumen de lo que podemos esperar durante las próximas semanas.
La buena noticia, según Lesley y Lisa, es que mister Page solo etiqueta a miembros que ya han publicado antes en el grupo.
Eso quiere decir que, si anuncian nuevos asesinatos, podremos deducir no solo dónde y cuándo se cometerá, sino también el método más probable.
—Por ejemplo —explica Lesley—, digamos que mister Page invoca al señor Joe Asesínez.
Este, en su respuesta, indica un pub en Islington el viernes que viene.
Si miramos en los archivos, vemos que sus posts anteriores indican una serie de envenenamientos a hombres de negocios en pubs.
¡Zas! El viernes que viene, el Envenenador Cervecero atacará de nuevo.
—Los asesinos en serie suelen ceñirse a un método —continúa Lisa—.
Siguen una especie de agenda, matan a cierto tipo de personas.
Puede que Joe fuera un oficinista solitario al que los colegas nunca invitaban a ir a tomar algo después de trabajar, por ejemplo.
Si deducimos cuál es la víctima tipo, podréis haceros pasar por una y colocaros en su punto de mira.
—En fin… —Lesley se levanta de la silla—, basta de hipótesis.
Vayamos al grano. Mañana es vuestra primera misión: mediodía, junto a Leicester Square.
Un tipo que publica con el nombre de Vincent Skaggs.
¿Qué sabemos sobre mister Skaggs? —Sonríe ufano y abre las manos en un gesto que pretende incrementar el suspense, del tipo «ya veréis, ya», antes de anunciar—: Es conductor de bicitaxi.
Las palabras flotan en el aire mientras nos mira alternativamente a Grant y a mí, y se le va borrando la sonrisa.
—Y ya. Es todo lo que sabemos.
—Esto tiene que ser una broma —murmura Grant.
—No hay mucho más de donde tirar —explica Lisa—.
Podemos vincularlo con dos casos de desaparición de personas, dos turistas rubios, vistos por última vez subiéndose a un bicitaxi.
Pero todo el mundo odia a los turistas, así que no es que tenga un motivo específico que nos permita acotar la búsqueda.
Por lo demás, no parece que haya demasiadas pistas identificativas…
, a menos que las tenga la policía, pero eso va más allá de nuestro margen de maniobra.
—Un momento. —Grant se yergue—. ¿Por qué no estáis colaborando con la policía? ¿No podríais contarles todo esto, lo del grupo de Facebook y lo demás, y dejar que sigan ellos con la investigación?
Lesley se tensa y se cruza de brazos.
—¿Y qué gracia tendría eso?
—¿«Gracia»? —repite Grant con incredulidad—. Hay gente muriendo.
—En un libro —musito solo para sus oídos, pero no me hace caso.
—Es mejor así —responde Lisa—. No tenemos… la mejor relación con la policía desde que…
—Gracias, Lisa, es suficiente —se apresura a cortarla Lesley—.
La cuestión es que no necesitamos a la policía.
Lo único que hacen es pasearse comiendo galletas y contemplar las escenas de los crímenes antes de encogerse de hombros, soltar un «no sé» y archivar el caso hasta que queda relegado al olvido.
¿Nosotros, en cambio? Nosotros lo hacemos por amor al oficio.
Por el grito primigenio de nuestras almas, que claman por luchar en aras de un mundo mejor.
Y porque los ricos necesitamos algún pasatiempo.
Pero lo más importante: somos libres de las cadenas de la burocracia.
Esos asesinos andan danzando por ahí como títeres, y nosotros tenemos la oportunidad de seguirlos hasta dar con el titiritero.
Podemos desfacer el entuerto y abrir camino en esa jungla de muertes con el machete de la Justicia.
—Esto último lo declama con enorme intensidad y una imitación entusiasta de un aventurero abriéndose paso en medio de la selva.
He de admitir que sí que resulta un poquitín inspirador.
—Vale —respondo—. ¿Y cuál es el plan?
—Muy fácil —responde Lesley—. Os hacéis pasar por turistas en la escena del crimen y os subís al bicitaxi. Entonces, ya sabéis, hacéis lo de siempre. Lo detenéis, nos llamáis y nosotros lo llevamos a la Casa Falsa para interrogarlo.
—¿La Casa Falsa? —pregunto.
Lesley resopla desdeñoso.
—¿Qué? No pensarías que iba a llevar a un asesino en serie a mi casa de verdad, ¿no? Por favor. Con la suerte que tengo, le bastaría echar un vistazo a la decoración para darse cuenta de que soy Banksy.
—No eres Banksy —sentencia Grant.
—Es una casa señuelo en Hammersmith —tiene el detalle de aclararnos Lisa—, solo para interrogar y retener a los sospechosos. Más seguro. Menos personal.
—Y es donde desenmascararemos a mister Page y le desmontaremos toda la operación —afirma Lesley—.
Lo único que tenéis que hacer es… lo vuestro.
—Agita los dedos con despreocupación, como si todo fuera de lo más sencillo.
Como si atrapar a un asesino no fuera algo que hubiéramos hecho una única vez, por casualidad, y con resultado de muerte.
—Bueno, ¿y con qué equipamiento contamos? —pregunta Grant—. ¿Auriculares ocultos? ¿Localizadores GPS? ¿Esposas, supongo?
—Mucho mejor que eso: iPhones, una pizarra y un paquete gigante de bridas.
Ahogo una carcajada amarga. El pobre Grant está a punto de asistir a un curso intensivo sobre la alta tecnología utilizada por Anna Matthews.
La verdad es que hasta me sorprende que Facebook forme parte de la trama; solo por eso, Anna debe de estar felicitándose por su dominio tecnológico y diciéndose que bastante ha hecho.
Lesley alza las manos al aire.
—¿Para qué complicar las cosas? Todas esas pamplinas de la alta tecnología son bobaditas típicas de policías.
Y, cada vez que se usa un auricular oculto, se produce algún cómico equívoco sobre algo que hay que repetir y, cuando te quieres dar cuenta, estás intentando pedirle un sándwich a un asesino en serie o algo por el estilo.
No tenemos tiempo. Además, tampoco soy tan ludita. Si hasta envío mensajes de texto.
Grant deja escapar el aire con lentitud y se retuerce las manos. Entonces me percato de que al menos uno de nosotros va a tener que mantener el tipo.
—Estaremos bien —me obligo a decir, aunque no sé si estaré convenciendo a nadie.
Lesley lanza un puño al aire y se deja caer de nuevo en la butaca.
—Ese es el espíritu. La osada Roxie, Grant el Grande, y el bicitaxi… —Arruga la frente, pensativo—. Me haría falta un apelativo pegadizo. Siempre tienen algún nombrecito chulo. El Diezmador del Sistema Decimal Dewey, el Desenmascarador de Nuevos Ricos, etcétera.
—¿El desenmas… qué?
—El Desenmascarador —casi gruñe—. El peor de todos, es de un esnobismo insufrible.
Se inmiscuye allí donde se reúnen los ricachones del viejo capital y va a por los nuevos ricos.
Llevo años siguiéndole la pista. Atrápamelo, Roxie Balboa, y te convertirás en mi mejor amiga y la nueva propietaria de mi Jaguar.
—Frunce el ceño y se hunde aún más en la butaca acariciándose la barbilla—. Bicitaxi, bicitaxi, bicitaxi…
—La Bestia —dice Grant con un suspiro, como si no quisiera hablar, pero no pudiera resistir la tentación de hacerse el listo.
Lesley chasquea los dedos.
—La Bestia del Bicitaxi. ¡Bingo! Me gusta tu estilo, Grant. —Recorre con un vistazo rápido la combinación de camiseta y jersey que lleva puesta antes de añadir—: En sentido figurado, claro está.
Lisa ahoga un gritito y se pone en pie de un salto.
—¡Lo cual me recuerda que tenemos que irnos!
Cuando le pregunto adónde, se lleva una mano al corazón con ademán solemne.
—Al lugar más feliz de la Tierra.
No sé si Harrods será el lugar más feliz de la Tierra, pero algo tiene. Es como si Disneyland y Macy’s hubieran tenido un bebé carísimo. Es una mezcla de columnas talladas, mosaicos modernistas y dinero, dinero y más dinero.
También constituye una excursión de lo más práctica.
Si yo fuera un millonario que necesitase equipar a un par de espías novatos para todo tipo de circunstancias imprevisibles, este es el lugar preciso al que los llevaría.
¿Requieres indumentaria para ir de incógnito a un espectáculo de estriptis en Las Vegas?
Aquí la encuentras. ¿Un juego de cuchillos de oro macizo?
También. ¿Salmón alimentado con hierba fresca para una cena de gala encubierta? Sección de alimentación, planta baja.
Hasta ahora, la vorágine se ha limitado a los departamentos de moda.
Lisa, quien empiezo a sospechar que es el resultado de una sobredosis de cafeína de Anna Matthews, se comporta como si estuviéramos en un episodio de alto presupuesto de Supermarket Sweep .
Ha agarrado todo lo que podríamos necesitar y aún más: vaqueros y camisetas para los momentos de informalidad, ropa de etiqueta para los de elegancia.
Zapatillas por si hay que correr. Botas de agua por si hay que hacerlo bajo la lluvia.
Jerséis y bañadores y pajaritas y taconazos que podrían partir el mármol.