Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 30 #3
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Capítulo 30 #3

Fue entonces cuando me di cuenta de que, después de semanas intentando llegar hasta la verdad, ya no teníamos ninguna excusa para seguir evitando la otra conversación.

Callum debió de pensar algo parecido porque se pasó una mano por el pelo antes de mirarme.

—¿Cuándo vuelves a Milán?

—Mañana por la tarde. Tengo una reunión en Francia el jueves.

Asintió.

—Claro.

Podría haberlo dejado ahí y, dos semanas antes, probablemente lo habría hecho.

—No hagas eso otra vez.

Callum frunció el ceño.

—¿Qué?

—Ese «claro» que significa veinte cosas y no dices ninguna.

Su expresión cambió.

—No sé cómo hacer esto.

—Pues empieza por hablar.

Miró hacia el aparcamiento antes de volver a mí.

—Te quiero.

No estaba preparada para que empezara precisamente por ahí y Callum soltó el aire despacio antes de continuar.

—Y llevo queriéndote bastante más tiempo del que he tenido el valor de reconocer. Cuando apareció Francia pensé exactamente lo que llevaba meses pensando que acabaría pasando: que el hotel se terminaría, tú volverías a Milán y todo esto habría sido algo que funcionó mientras estabas aquí.

—Nunca te dije eso.

—Lo sé. Ese fue el problema. No me lo dijiste tú, me lo dije yo y me comporté como si ya estuviera decidido.

No dije nada porque aquella era probablemente la primera vez que Callum ponía en palabras exactamente lo que había hecho.

—Quería pedirte que te quedaras —continuó—. Cada vez que me preguntaste qué pensaba, eso era lo que quería decirte. Pero también sabía lo que significaba Francia para ti y me aterraba ser el tipo que te hiciera elegir entre tu carrera y yo.

—No tenías que pedirme que renunciara a Francia.

—Ahora lo sé.

—También podías haberme dicho simplemente que no querías que me fuera.

Callum asintió.

—También lo sé.

Su mirada se quedó fija en la mía.

—Pero tenía miedo de pedírtelo y que eligieras irte de todas formas. Así que hice algo mucho más inteligente: empecé a apartarme antes de que tuvieras oportunidad de decidir nada.

—Brillante.

—Ha habido momentos mejores.

La pequeña sonrisa que apareció desapareció casi enseguida.

—Lo siento, Mara. No porque aceptaras Francia. Nunca voy a sentirlo por eso. Lo siento porque te hice creer que me daba igual perderte cuando estaba muerto de miedo de que ocurriera.

Tragué saliva antes de contestar.

—Yo tampoco lo hice demasiado bien.

—Tú intentaste hablar conmigo.

—Sí, pero no era solo eso.

Me apoyé contra la barandilla.

—Cuando me llamaron del despacho de Milán estaba feliz. Quería ese proyecto y al mismo tiempo no quería irme de Escocia. Y me cabreó muchísimo no saber cómo sentir las dos cosas sin tener la sensación de que una anulaba la otra.

Callum escuchó sin interrumpirme.

—Llevo muchos años haciendo mi vida sola. He trabajado para tener una carrera que me gusta, una casa, independencia y la posibilidad de decidir sin depender de nadie. Cuando apareciste tú y empecé a pensar que quizá quería quedarme, una parte de mí se asustó.

—¿De mí?

—De mí. De convertirme en alguien que empezara a decir que no a cosas que quería por miedo a perder una relación. Y cuando tú empezaste a alejarte hice lo que mejor sé hacer: seguir adelante. Francia, Milán, trabajo y a otra cosa.

—Aunque no quisieras que fuera a otra cosa.

—Aunque no quisiera.

Callum se acercó un poco.

—Entonces somos dos idiotas.

—Eso parece.

—Bien.

—No sé qué tiene de bien.

—Que tiene arreglo.

Aquella vez fui yo quien soltó el aire que llevaba demasiado rato conteniendo.

—No voy a dejar Francia.

—No quiero que lo hagas.

—Y tampoco sé todavía dónde voy a querer vivir dentro de seis meses.

—No te lo estoy preguntando.

—Puede que tenga que pasar semanas fuera.

—Mara.

Me callé.

—No necesito que me prometas dónde vas a estar dentro de seis meses. Necesito dejar de comportarme como si cada vez que te vas significara que no vas a volver.

Aquello consiguió derribar lo poco que me quedaba de resistencia.

—Y yo necesito dejar de pensar que querer volver significa que estoy renunciando a algo.

Callum me miró durante un momento antes de acercarse lo suficiente para que apenas quedara espacio entre nosotros.

—¿Quieres volver?

La pregunta ya no tenía nada que ver con Milán, Francia o Escocia.

—Sí.

Esta vez no hizo falta explicar nada más.

Me besó despacio al principio, como si todavía necesitara comprobar que no iba a apartarme, y le agarré la chaqueta para acercarlo más.

Había echado de menos demasiadas cosas durante aquellos días, pero ninguna tanto como la sensación de poder dejar de pensar mientras él me rodeaba la cintura y me apretaba contra su cuerpo.

Cuando nos separamos, Callum apoyó la frente contra la mía.

—Podríamos haber hecho esto hace dos semanas.

—Podrías haber hablado.

—Tú también.

—No estropees el momento.

Lo escuché reír muy cerca y sonreí. Seguíamos sin saber dónde viviríamos, cómo organizaríamos dos carreras en países distintos o qué ocurriría cuando el hotel estuviera completamente terminado, pero por primera vez no me importó no tener todavía esas respuestas.

Ya las encontraríamos cuando tocara, sin volver a decidir de antemano por el otro.