Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 30
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Capítulo 30

Mara

La policía tardó bastante menos de lo que esperaba en tomarse en serio lo que habíamos encontrado. Supuse que ayudaba que, por primera vez, no llegáramos solo con dudas y documentos difíciles de interpretar, sino con algo que podía comprobarse físicamente.

A aquello se sumaba la entrada en mi casa, que de pronto resultaba bastante más difícil de considerar un hecho aislado.

Pasé buena parte de la tarde en comisaría explicando otra vez todo lo que habíamos averiguado desde que encontré la fotografía de mi abuelo y enseñando documentos que, a esas alturas, conocía mejor que algunos de mis proyectos.

Callum permaneció conmigo hasta que uno de los agentes nos pidió hablar por separado durante un rato y, cuando volvimos a coincidir, ninguno necesitó preguntar cómo estaba el otro.

Graham llegó bastante después. Uno de los agentes nos explicó que le habían pedido que acudiera porque era el propietario actual de la casa y su familia llevaba décadas vinculada a ella, de modo que podía aportar información sobre reformas antiguas, documentación de la propiedad o incluso sobre aquel acceso que acabábamos de descubrir.

La explicación me pareció completamente lógica. Si alguien podía saber cuándo había desaparecido aquel paso o si existía alguna referencia que nosotros no hubiéramos encontrado, era precisamente alguien que había crecido ligado a la historia de la casa.

Lo vi atravesar el pasillo acompañado por un agente y, cuando nos reconoció, levantó ligeramente una mano a modo de saludo antes de continuar hacia una de las salas.

Parecía desconcertado por la situación, pero tampoco era difícil entenderlo; lo habían llamado a una comisaría para preguntarle por un accidente ocurrido casi treinta años atrás y por una parte de la propiedad cuya existencia acabábamos de descubrir nosotros mismos.

La entrevista empezó sin nosotros y durante bastante rato no ocurrió nada.

Callum permaneció sentado a mi lado mientras yo intentaba no mirar la hora cada dos minutos, aunque después de casi una hora empecé a preguntarme si Graham recordaría algo que pudiera servirnos o si acabaríamos otra vez delante de otro callejón sin salida.

Uno de los agentes salió finalmente de la sala y se acercó a nosotros.

—El señor Calder ha confirmado que en 1998 era su padre quien llevaba principalmente la propiedad. Dice que él no conocía ese acceso en aquella época y que no recuerda haber oído hablar de él.

—¿Nunca? —pregunté.

—Eso es lo que nos ha explicado hasta ahora.

No me pareció imposible. Si aquel paso llevaba décadas oculto y no aparecía en los planos habituales, podía haberse perdido incluso dentro de la propia familia.

—¿Sabe algo de las obras que se hicieron después del accidente?

—Dice que muy poco. Tenía relación con la propiedad, pero no era quien tomaba ese tipo de decisiones.

El agente volvió a entrar y la espera continuó.

Pasaron otros veinte o treinta minutos hasta que la puerta volvió a abrirse, aunque esta vez nadie salió inmediatamente.

Desde donde estábamos apenas podía escuchar las voces del interior, pero la conversación parecía haberse alargado sobre algún punto concreto.

Callum miró hacia la sala.

—Parece que han encontrado algo de lo que hablar.

—O Graham se ha acordado de repente de toda su infancia.

—También puede ser.

No mucho después, el mismo agente apareció de nuevo. Su actitud había cambiado lo justo para que me incorporara en la silla.

—El señor Calder quiere ampliar la declaración que había dado inicialmente.

—¿Ha recordado algo?

—Ha reconocido que años después del accidente encontró documentación de su padre relacionada con ese acceso y que conocía más sobre lo ocurrido de lo que nos había dicho al principio.

Aquello sí consiguió dejarme quieta.

—¿Desde cuándo lo sabía?

—Eso tendrá que explicarlo él. Estamos recogiendo formalmente todo lo que acaba de declarar y también hay otros hechos sobre los que tendremos que seguir preguntándole.

No entendí a qué se refería con lo último, pero tampoco tuve oportunidad de preguntarlo porque el agente continuó:

—Cuando terminemos, el señor Calder ha pedido hablar con usted.

Miré a Callum.

—Quiero que él esté.

—Si ambos están de acuerdo y el señor Calder no tiene inconveniente, puede acompañarla.

La espera se alargó todavía un poco más.

Cuando por fin nos hicieron pasar, Graham estaba sentado al otro lado de la mesa con la chaqueta colgada en el respaldo y una expresión muy distinta a la que tenía al llegar.

No parecía alguien que acabara de recordar un detalle sin importancia, sino alguien que llevaba demasiado tiempo sosteniendo algo y acababa de dejar de hacerlo.

Callum se sentó a mi lado mientras el agente ocupaba una silla algo apartada y Graham levantaba la vista hacia mí.

—Lo siento, Mara.

Todavía no sabía suficiente como para decidir qué significaba aquella disculpa.

—Quiero entender qué pasó.

Asintió lentamente y se quedó unos segundos mirando sus manos antes de empezar.

—El paso que habéis encontrado es mucho más antiguo que mi familia. La casa perteneció durante siglos a otra y, según los documentos que encontré después, se construyó como una vía de salida desde la vivienda hasta las caballerizas.

»En aquella época tener acceso directo a los caballos podía ser una forma de abandonar la propiedad sin utilizar las entradas principales si ocurría algún ataque o cualquier otro problema.

Aquello se parecía bastante a lo que había imaginado al ver los planos, pero escucharlo en voz alta hizo que todo resultara más real.

—¿Tu padre sabía que existía? —pregunté.

—Sí. La propiedad acabó llegando a nuestra familia y ese acceso se transmitió entre los propietarios durante generaciones.

No aparecía en los planos que utilizaba el personal de mantenimiento y llevaba tanto tiempo sin usarse que los dos extremos estaban ocultos.

No era una puerta que alguien pudiera encontrar paseando por la casa.

Pensé en mi abuelo.

—Por eso Alasdair no lo conocía.

—Estoy casi seguro de que no.

—¿Casi?

Graham bajó un momento la mirada.

—No puedo asegurarte lo que sabía otra persona hace casi treinta años, Mara. Lo que sí sé es que ese acceso no aparecía en la documentación de mantenimiento que manejaba tu abuelo y que mi padre jamás mencionó que se lo hubiera enseñado.

—Pero a Peter sí.

Graham respiró hondo antes de asentir.

—Aquella noche.

Callum se movió apenas a mi lado.

—¿Cómo lo sabes?

Graham tardó un poco en contestar.

—Mi padre murió sin contarme nada de esto.

Yo conocía la historia del accidente igual que casi todo el mundo: Peter había entrado en una zona que Alasdair decía haber cerrado; la comunicación del cierre no constaba en administración y nunca llegó a aclararse exactamente qué había ocurrido.

Durante años no tuve ningún motivo para pensar que hubiera algo más.

—¿Cuándo cambió eso?

—Después de que muriera mi padre. Tardé bastante tiempo en revisar sus cosas, pero entre su documentación privada encontré un plano muy antiguo de la propiedad en el que aparecía el paso.

»También había papeles relacionados con las reparaciones posteriores al accidente y una anotación en su agenda de aquella fecha donde figuraba el nombre de Peter y una referencia al acceso desde la casa.

No era una confesión escrita ni una explicación perfecta, y quizá precisamente por eso le creí.

—¿Decía para qué tenía que entrar?

—No. Eso nunca llegué a saberlo.

—¿Pero sabes que tu padre lo mandó?

—Sí. Había suficientes cosas para entender que Peter no encontró ese paso por casualidad. Era un secreto de la familia y mi padre era la única persona que podía habérselo enseñado. La anotación de aquella noche terminó de confirmármelo.

Graham entrelazó las manos antes de continuar.

—Lo que ocurrió después también estaba bastante claro. Tu abuelo había cerrado las caballerizas por el problema de la estructura. Mi padre necesitó que Peter entrara y le enseñó otra forma de hacerlo.

»No sé qué quería recuperar ni qué trabajo pretendía que hiciera allí porque cuando descubrí todo aquello él llevaba años muerto y ya no había nadie a quien preguntárselo. Solo sé que Peter entró por el paso y que la estructura cedió mientras estaba dentro.

Sentí un nudo extraño en el pecho al pensar que llevábamos meses intentando averiguar cómo había podido entrar Peter, cuando la respuesta había estado allí todo el tiempo.

—Y después tu padre hizo desaparecer el acceso —dijo Callum.

Graham volvió a asentir.

—Mandó cerrarlo durante las reparaciones. Por ambos extremos. No se lo contó a nadie que no necesitara saberlo y, por lo que he podido reconstruir, tampoco volvió a utilizarse.

»Con Peter muerto y el paso tapiado, la investigación se centró en la entrada normal de las caballerizas y en si Alasdair había comunicado correctamente el cierre.

—Y tu padre dejó que mi abuelo cargara con eso.

No levanté la voz, pero Graham recibió la frase como si lo hubiera hecho.

—Sí.

—Sabiendo que había sido él quien había metido a Peter allí.

—Sí.

Noté la mano de Callum muy cerca de la mía sobre la mesa, aunque no llegó a tocarme.

—Mi abuelo pasó el resto de su vida sabiendo que mucha gente pensaba que un hombre había muerto porque él no había hecho bien su trabajo.

—Lo sé.

—No. Tú lo sabes ahora. Él tuvo que vivirlo.

Graham cerró los ojos un instante.

—Tienes razón.

No había ninguna respuesta que pudiera arreglar aquello y agradecí que no intentara encontrarla.

—¿Y tú? —pregunté—. Cuando descubriste lo que había hecho tu padre, ¿por qué no dijiste nada?

Esta vez tardó más en contestar.

—Porque fui un cobarde.

No esperaba una respuesta tan sencilla.

—Al principio me convencí de que no tenía pruebas suficientes. Mi padre estaba muerto, Peter también y habían pasado muchos años. Después me dije que contar la verdad no devolvería la vida a nadie y solo destruiría el nombre de mi padre y convertiría otra vez aquello en un escándalo.

»Encontré todas las excusas posibles porque eran más fáciles que admitir que estaba protegiéndolo.