Capítulo 29
Mara
La primera persona a la que llamé después de quedarme mirando aquel plano como si acabara de insultarme fue Ewan.
No porque fuera la persona con la que más ganas tenía de hablar, sino porque había un equipo trabajando a pocos metros del lugar donde, según un documento de hacía más de cien años, existía algo que no figuraba en ningún levantamiento actual.
Contestó al segundo tono.
—Dime que has encontrado mis cuarenta centímetros.
—He encontrado bastante más.
Hubo una pausa al otro lado.
—Eso no ha sonado bien.
—No toquéis ese muro.
—No pensábamos hacerlo hasta que…
—Ewan, en serio. Que nadie retire nada más, ni pique, ni abra un hueco hasta que yo llegue.
—¿Llegues dónde?
—A Escocia.
Esta vez el silencio fue algo más largo.
—Mara, ¿qué has encontrado?
Miré otra vez los planos abiertos en el ordenador.
—Creo que había un paso entre la casa y las caballerizas.
—¿Un paso?
—En los planos antiguos aparece una conexión que no existe en los actuales y termina justo en el muro norte. He encontrado más de un plano en el que está dibujada, así que no parece una modificación que se proyectara y nunca llegara a hacerse.
Escuché movimiento al otro lado y supuse que habría empezado a buscar algún sitio donde sentarse.
—¿Estás diciendo que había una especie de corredor?
—Estoy diciendo que eso es lo que parece y que, hasta que lo vea allí, no quiero afirmar nada más. Te envío ahora mismo las imágenes para que las tengas, pero no hagas absolutamente nada.
—Entendido.
—Y no se lo cuentes a nadie de momento.
—¿A nadie?
Sabía perfectamente a quién se refería.
—A Graham tampoco. Hasta que sepamos qué estamos mirando, no tiene sentido empezar a explicar algo que ni siquiera entendemos.
Ewan no discutió.
Colgué y envié las fotografías antes de abrir la página de la aerolínea. Había un vuelo a Edimburgo a primera hora de la mañana y, desde allí, podía alquilar un coche. No era la opción más cómoda ni la más rápida, pero era suficiente para estar en el hotel al mediodía.
Reservé antes de tener tiempo de pensarlo demasiado y después me quedé unos segundos mirando el teléfono.
Con Callum era distinto, porque podía haber esperado hasta llegar al hotel y dejar que se enterara allí, pero aquello me pareció mal desde el principio.
Habíamos llegado juntos hasta ese punto y, aunque las últimas semanas hubieran complicado todo lo demás, excluirlo ahora solo porque nuestra relación se había ido a la mierda habría sido mezclar dos cosas que no tenían nada que ver.
Busqué su nombre y le escribí un mensaje.
Mara: Buenas tardes, Callum. He encontrado algo en los planos antiguos que puede explicar cómo entró Peter en las caballerizas. Vuelo mañana a Escocia. Ewan ha parado el trabajo en esa zona hasta que yo llegue. Quiero que estés presente cuando lo revisemos.
Lo releí antes de enviarlo y me pareció suficiente. No decía que le echaba de menos ni que llevaba diez días pensando demasiado en él; decía únicamente lo que necesitaba decir en ese momento.
Callum contestó menos de un minuto después.
Callum: Buenas tardes, Mara. De acuerdo, allí estaré.
Me quedé mirando el mensaje más de lo necesario, cerré la conversación y llamé a Francesca para decirle que tendría que ausentarme un par de días.
No puso ninguna pega. Solo me preguntó si aquello tenía que ver con el hotel, esperó mi respuesta y me recordó que el jueves teníamos una reunión en Francia que no se podía mover.
—Estaré de vuelta.
—Eso espero.
—Francesca.
—No he dicho nada.
—Ni falta que hace.
Colgué antes de darle oportunidad de seguir.
A la mañana siguiente salí de Milán con el portátil, una mochila y bastante menos equipaje del que había llevado al regresar.
Durante el vuelo repasé varias veces los planos, marqué los puntos donde aparecía aquella conexión y preparé una comparación con el levantamiento actual para enseñársela a Ewan y a Callum.
No necesitaba investigar nada más desde Milán, sino ver ese muro y comprobar que no estaba construyendo una teoría enorme a partir de una línea mal interpretada en un plano antiguo.
Aun así, cuando aterricé y recogí el coche, tuve que contener las ganas de conducir bastante más rápido de lo recomendable.
Volver a aquellas carreteras me produjo una sensación extraña.
No había pasado suficiente tiempo para que nada resultara nuevo y, sin embargo, llevaba diez días diciéndome que estaba de vuelta en mi vida mientras una parte de mí reconocía cada curva como si también perteneciera a ella, aunque preferí no pensar demasiado en lo que significaba.
Llegué al hotel algo después de la una y reconocí la furgoneta de Callum entre los vehículos aparcados junto a la entrada antes incluso de detener el coche. Apagué el motor, cogí el portátil y respiré hondo antes de bajar, justo cuando Ewan aparecía por la puerta principal.
—Por fin.
—Buenos días para ti también.
—Llevo desde ayer mirando ese muro como si fuera a explicarse solo.
—¿Habéis tocado algo?
—Nada. Soy perfectamente capaz de seguir una instrucción cuando viene acompañada de suficientes amenazas.
Entramos juntos.
—¿Callum?
—En la zona de servicio.
No añadió nada más y se lo agradecí.
Encontré a Callum junto al muro que había originado todo aquello, vestido con ropa de trabajo, las mangas remangadas y hablando con uno de sus hombres. Se interrumpió en cuanto nos vio entrar y durante unos segundos nos limitamos a mirarnos.
Habían pasado diez días, que no era ninguna barbaridad, pero sí el tiempo suficiente para que me resultara extraño no saber si debía acercarme, saludarlo como siempre o fingir que lo último que había ocurrido entre nosotros no había sido una despedida bastante desastrosa.
Callum terminó resolviendo el problema al señalar el ordenador que llevaba bajo el brazo.
—Enséñamelo.
Estuve a punto de sonreír porque aquello sí sabía hacerlo. Dejé el portátil sobre una mesa provisional y abrí la comparación que había preparado durante el vuelo. Ewan se colocó a un lado y Callum al otro mientras les enseñaba primero el levantamiento actual y después el plano antiguo.
—Aquí está el muro que os está dando problemas. En el actual figura continuo y con este espesor, pero en el plano antiguo aparece esto.
Amplié la zona y Ewan se inclinó hacia la pantalla.
—Joder.
—Eso dije yo, más o menos.
Callum no respondió. Siguió la línea con la mirada hasta el punto donde salía de la casa.
—¿Y termina en las caballerizas?
—Sí.
Abrí el segundo plano.
—Y no aparece solo una vez. En este, que es posterior, todavía se distingue. Después desaparece de la documentación.
—¿De qué fechas hablamos? —preguntó Ewan.
—El primero es muy antiguo. Del segundo no tengo una fecha exacta, pero claramente es anterior a varias reformas importantes de la casa. Lo que no sé es cuándo se cerró.
Callum se volvió hacia el muro.
—Pero sabemos que aquí hay algo que no coincide con la construcción original.
—Eso parece.
Se acercó y pasó una mano por la superficie, aunque a simple vista no había nada especialmente llamativo. Buena parte de la zona había perdido ya los revestimientos modernos durante la obra y quedaba visible una mezcla de piedra y distintas intervenciones realizadas a lo largo de los años.
—Necesitamos quitar algo más para verlo bien —dijo.
Ewan negó.
—Hasta que sepamos qué es, prefiero hacerlo con cuidado. Si realmente es un elemento histórico, no quiero que dentro de dos horas Graham me pregunte por qué hemos abierto medio muro sin avisarle.
El nombre de Graham quedó flotando un instante entre los tres. Al fin y al cabo, su familia llevaba generaciones vinculada a la propiedad y aquel plano había salido precisamente de la documentación antigua encontrada en la casa.
—Podemos empezar por lo que ya está expuesto —dijo Callum.
Nos acercamos a la parte donde habían retirado el revestimiento que había originado el problema de las medidas. Callum pidió una luz a uno de sus hombres y empezó a examinar las juntas de la piedra con bastante más atención de la que yo habría sabido prestarles.
—Aquí hay dos trabajos distintos.
Ewan se acercó.
—Eso ya lo vimos ayer.
—Sí, pero mirad la unión.
Señaló una línea vertical que para mí seguía pareciendo una pared bastante poco comunicativa.
—La piedra de esta parte no está colocada igual. Y el mortero tampoco parece el mismo.
—¿Una reparación? —pregunté.
—O un relleno posterior.
Aquello consiguió que se me acelerara el pulso mientras Callum recorría la zona con la luz hasta llegar al extremo inferior.
—Si aquí hubo una abertura, alguien la cerró después. No puedo decirte cuándo solo mirando esto, pero este tramo no pertenece a la misma intervención que el resto del muro.
Ewan comparó la zona con el plano abierto en el portátil.
—Coincide bastante con el punto donde saldría ese paso.
Cogí el ordenador y me acerqué más.
La correspondencia no era perfecta porque los planos antiguos no tenían la precisión de un levantamiento actual, pero estaba demasiado cerca para ignorarla.
—La factura de Gordon.
Callum volvió la cabeza hacia mí.
—El cierre del hueco.
Asentí.
Habíamos leído aquella línea tantas veces que casi había perdido significado.
«Regularización y cierre de hueco en muro norte.»
Hasta ese momento la habíamos interpretado como parte de las reparaciones posteriores al accidente. Un daño provocado por el derrumbe, una abertura necesaria para trabajar o cualquier otra intervención sin demasiada importancia.
Pero si ese hueco ya existía...
—Voy a llamar a mi tío —dijo Callum.
No intentó hacerlo por teléfono.
Gordon vivía lo bastante cerca para llegar en poco tiempo y, después de explicarle únicamente que necesitábamos que viera una de las reparaciones de 1998, accedió a pasar por el hotel.
Esperamos aprovechando para revisar la zona desde el exterior de las caballerizas.
El otro extremo del supuesto paso era más difícil de localizar.
Las reformas posteriores habían cambiado parte de aquel muro y había elementos añadidos que no figuraban en los planos antiguos, pero Callum encontró también diferencias en la mampostería de una sección situada muy cerca del punto que yo había marcado.
No necesitaba que me explicara cada detalle para entender lo importante: alguien había intervenido allí después de que se construyera el muro original.
Cuando Gordon llegó, llevaba la misma expresión de curiosidad que cualquiera habría tenido si lo llamaban casi treinta años después para preguntarle por una obra que apenas recordaba.
—Espero que no queráis que os diga qué piedra puse yo porque os vais a llevar una decepción.
—No —dijo Callum—. Solo quiero que mires esto.
Lo llevó hasta el muro norte de las caballerizas mientras yo abría en la tableta la copia de la orden de trabajo que él mismo había encontrado semanas atrás.
Gordon se puso las gafas y leyó.
—Sí, esto ya lo vimos.
—Mira la última parte.
Le señalé la línea.
«Regularización y cierre de hueco en muro norte.»
Gordon frunció el ceño antes de mirar la pared.
—¿Qué pasa con eso?
—Creemos que el hueco ya estaba allí antes del accidente —dije.
Le enseñé el plano.
Gordon tardó bastante más de lo que me habría gustado en reaccionar. Primero observó el dibujo, después miró el muro y finalmente volvió al papel.
—Espera.
Callum no dijo nada.
Su tío se acercó un poco más a la pared y recorrió con la mirada la zona que habíamos estado examinando.
—Nosotros cerramos algo aquí.
Sentí que se me tensaban los dedos alrededor de la tableta.
—¿Te acuerdas?
—Ahora sí. No del primer día que me enseñaste la factura porque, sinceramente, aquel trabajo fue uno entre cientos, pero viendo el sitio... sí.
—¿Qué era? —preguntó Callum.
Gordon negó con la cabeza.
—No tengo ni idea. Cuando llegamos, había una abertura en esta parte del muro. No una puerta normal, al menos no recuerdo marco ni nada parecido. Era un hueco que daba hacia dentro y nos dijeron que había que cerrarlo como parte de los trabajos después del accidente.
—¿Quién os lo dijo?
—La orden venía de la propiedad. No sabría decirte quién habló conmigo. Éramos varios trabajando y han pasado casi treinta años.
—¿Viste adónde llevaba? —pregunté.
—No. Tampoco me preocupaba demasiado. Estábamos allí para apuntalar una estructura que acababa de matar a un hombre, no para investigar la historia de la casa.
Tenía sentido, aunque me frustrara.
—¿Lo cerrasteis por completo?
—Sí. Piedra, relleno y acabado. Querían que quedara condenado.
Miré a Callum y vi que su expresión había cambiado.
—¿Usasteis material distinto al original?
Gordon se acercó de nuevo a la pared.
—Claro. Intentamos igualarlo porque era una propiedad antigua, pero ni la piedra ni el mortero eran exactamente los mismos. Si sabéis dónde mirar, debería notarse.
Callum señaló la intervención que había identificado antes.
—Ahí.
Gordon la estudió unos segundos.
—Sí. Eso es nuestro.
No sé cuánto tiempo me quedé sin decir nada, pero ya no estábamos intentando interpretar una línea en un plano antiguo.
Teníamos un acceso que aparecía en más de un documento histórico, un muro donde se distinguía una intervención posterior y al hombre cuya empresa había cerrado aquella abertura pocos días después de la muerte de Peter.
Volví a mirar la entrada de las caballerizas que mi abuelo había ordenado cerrar en 1998. Durante todo aquel tiempo habíamos partido de la idea de que Peter había entrado por allí de alguna manera, pero ahora sabíamos que no tenía por qué haberlo hecho.
—Mi abuelo podía haber cerrado perfectamente la zona —dije— y Peter entrar sin tocar esa puerta.
Gordon me miró.
—Si este paso estaba abierto, sí.
Callum se quedó a mi lado mientras Ewan volvía a comprobar sobre el plano dónde debía continuar la conexión hacia la casa.
Yo apenas lo escuchaba porque no podía dejar de pensar en todas las veces que mi abuelo había repetido que había cerrado las caballerizas y en lo fácil que debía de haber resultado para los demás concluir que no lo había hecho lo suficientemente bien.
Quizá nadie le había creído porque todos habían dado por hecho que solo existía una forma de entrar y, probablemente, mi abuelo también. Guardé la tableta y miré a Callum.
—Ya no podemos seguir haciendo esto nosotros.
No necesitó preguntarme a qué me refería.
Habíamos podido revisar papeles, hablar con Gordon y comparar planos mientras todo aquello no era más que una historia familiar llena de dudas. Pero ahora teníamos algo físico que podía estar directamente relacionado con una muerte y con la forma en que se había investigado casi treinta años atrás.
Además, alguien había entrado meses antes en mi casa y había registrado papeles sin llevarse nada, así que por primera vez ambas cosas empezaban a parecer demasiado difíciles de separar. Callum debió de llegar a la misma conclusión porque asintió.
—Llamamos a la policía.