Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—Pues parece que lo único que te preocupa es dejar claro que puedes arreglártelas perfectamente sin mí.

Callum apartó la cerveza.

—No es eso.

—Hoy has reorganizado medio hotel dando por hecho que voy a estar fuera.

—Porque si aceptas lo de Francia alguien tendrá que ocuparse.

—Todavía no lo he aceptado.

—Pero quieres hacerlo.

Volví a escuchar exactamente la misma frase que dos días antes y esta vez me dolió más.

—Sí, quiero hacerlo. Y también quiero otras cosas.

Callum sostuvo mi mirada sin preguntar cuáles, y eso terminó de cabrearme.

—¿Sabes qué? Olvídalo.

Me levanté y cogí la copa.

—No estoy intentando echarte, Mara.

Me volví hacia él.

—Pues empieza a parecerlo.

Frunció el ceño.

—Eso no es justo.

—Probablemente no, pero tampoco es muy justo que lleves dos días comportándote como si esto estuviera decidido cuando ni siquiera yo sé qué quiero hacer.

—Sé lo importante que es ese proyecto para ti.

—¿Y eso significa que tú no puedes tener una opinión?

—Mi opinión no debería decidir tu carrera.

—No te he pedido que la decida. Te estoy preguntando si mi marcha cambia algo para ti.

El silencio que siguió duró demasiado y entonces entendí que llevaba dos días esperando una respuesta que Callum no pensaba darme. No porque no la tuviera, que habría sido mucho más fácil, sino porque había decidido guardársela.

—Vale.

Volví a sentarme, abrí el portátil y busqué el correo de Francesca mientras Callum se inclinaba ligeramente hacia delante.

—¿Qué haces?

—Contestar.

—Mara...

—Tengo que hacerlo hoy.

Abrí un correo nuevo antes de que pudiera empezar otra conversación en la que ninguno de los dos iba a decir lo que realmente estaba pensando.

Escribí que aceptaba dirigir el proyecto de Francia, que estaría en Milán la semana siguiente y que al día siguiente podíamos organizar los primeros pasos con Lorenzo.

Lo releí una vez y durante unos segundos todavía tuve la opción de cerrar la ventana y seguir pensándolo, pero entonces miré a Callum.

Seguía sentado frente a mí, serio, con las manos alrededor de la botella y un montón de cosas detrás de los ojos que no estaba dispuesto a pronunciar, así que pulsé enviar.

—Ya está.

Callum bajó la mirada hacia la mesa antes de volver a mirarme.

—Enhorabuena.

Nunca una felicitación me había sentado tan mal.

Los días siguientes fueron bastante peores de lo que habría imaginado porque no discutimos. Casi habría preferido hacerlo. Una pelea al menos habría obligado a alguno de los dos a decir algo distinto a horarios, entregas y todo lo que debía dejar preparado antes de marcharme.

El proyecto de Francia empezaba a ocupar mi calendario a una velocidad considerable.

Lorenzo quería que estuviera en Milán el lunes para organizar el equipo y el cliente había adelantado la primera visita al château , así que el miércoles viajaríamos a la Provenza.

En Escocia dejé cerradas las decisiones más urgentes y preparé con Ewan todo lo que pudiera necesitar durante las semanas siguientes.

Callum me ayudó. Revisó conmigo el calendario del hotel, se encargó de las reuniones a las que yo no podría asistir y consiguió que mi marcha resultara tan fácil desde el punto de vista profesional que acabé odiándolo un poco por ello.

Lo que no hizo fue volver a hablar de nosotros y yo tampoco.

Seguimos durmiendo juntos dos noches más, aunque la segunda apenas nos rozamos; después dijo que tenía que quedarse en su casa porque empezaba temprano al día siguiente y no pregunté si era verdad.

El jueves descubrí que el neceser que llevaba meses en mi baño había desaparecido y, el viernes, también una camisa y unas botas.

No necesité preguntarle qué estaba haciendo porque lo entendí perfectamente.

El domingo por la tarde tenía la maleta abierta sobre la cama cuando escuché su coche frente a la casa.

Habíamos quedado en vernos porque todavía conservaba una carpeta del hotel que quería llevarme a Milán y, aunque durante todo el día me había repetido que no convertiría aquello en una escena, cuando apareció en el dormitorio y vi que ni siquiera se quitaba la chaqueta, supe que esa intención me iba a durar bastante poco.

—Esto es lo que faltaba —dijo dejando la carpeta sobre la cómoda.

—Gracias.

Miró la maleta.

—¿Lo tienes todo?

—Más o menos. Si se me olvida algo, tampoco me voy al fin del mundo.

—Ya.

Seguí doblando un jersey porque no sabía muy bien qué hacer con las manos. Callum se quedó junto a la puerta durante unos segundos y aquello terminó de sacarme de quicio.

—Puedes sentarte. No muerdo.

—No he dicho que lo hicieras.

—Últimamente no hace falta que digas muchas cosas.

Su mirada fue directa hacia mí.

—No quiero discutir el día antes de que te vayas.

—Qué considerado.

—Mara...

Dejé el jersey encima de la cama.

—Llevas una semana despidiéndote de mí y todavía no te has atrevido a reconocerlo.

—No me estoy despidiendo de ti.

—Te has llevado prácticamente todo lo que tenías aquí.

—Porque vas a estar fuera.

—Unas semanas.

—Después estarás en Milán, volverás a Francia y el hotel cada vez necesitará menos de ti. No sé cuándo vas a volver ni cuánto tiempo vas a quedarte cuando lo hagas.

—Podrías haberme preguntado.

—Tú tampoco lo sabes.

—No, Callum. Lo que no sé es cómo vamos a organizarnos porque tú has decidido que no merece la pena ni intentarlo.

Se pasó una mano por la nuca y miró un momento hacia la ventana.

—No he decidido eso.

—Entonces dime qué has decidido.

No respondió y tuve que contener las ganas de reírme porque empezaba a resultar absurdo.

—Eso pensaba.

—¿Qué quieres que te diga?

—Nada que tenga que arrancarte.

—No es tan sencillo.

—Nunca he dicho que lo fuera.

Callum respiró hondo antes de acercarse un poco.

—Mara, llevas años en Milán, tienes tu trabajo allí y ahora Francia. Este proyecto se está terminando y no quiero convertirme en la razón por la que empieces a renunciar a cosas que te importan.

—¿Y quién te ha pedido que lo hagas?

—Nadie.

—Exacto. Nadie te ha pedido que decidas qué tengo que sacrificar ni qué puedo mantener. Lo estás haciendo tú solo.

—No estoy decidiendo nada por ti.

—Llevas días haciéndolo. Has decidido que me voy, que mi vida está en Milán, que el hotel puede seguir sin mí y, por lo visto, que nosotros también podemos hacerlo.

—No he dicho eso.

—Pues dime qué quieres.

Callum me miró y durante un segundo pensé que por fin iba a hacerlo. No necesitaba un discurso, una promesa ni que me pidiera que renunciara a Francia; solo necesitaba que dejara de esconderse detrás de todo lo razonable.

—Creo que volver a Milán ahora puede ser lo mejor.

Sentí que mi corazón se saltaba un latido.

—¿Eso es lo que quieres?

Callum apretó la mandíbula.

—Creo que es lo más sensato.

La respuesta dolió bastante más porque, en realidad, no era una respuesta, así que asentí y volví a mirar la maleta.

—Entonces ya está.

—Mara...

—No. Está bien. Tú crees que lo mejor es que vuelva a Milán y yo tengo que estar allí mañana. Por una vez estamos de acuerdo.

—No quería decirlo así.

—Pero lo has dicho.

Callum se quedó delante de mí sin moverse y tuve que hacer un esfuerzo considerable para no preguntarle por última vez si de verdad pensaba dejarme marchar de aquella manera. No lo hice porque empezaba a cansarme de esperar que dijera algo que solo parecía existir en mi cabeza.

Él tampoco me preguntó si quería quedarme y, al final, recogió las llaves que había dejado sobre la cómoda.

—Supongo que debería dejarte terminar.

—Sí.

Dio un par de pasos hacia la puerta antes de detenerse.

—Escríbeme cuando llegues.

—Lo haré.

No sabía si iba a hacerlo y, por la forma en que me miró, creo que él tampoco.

Esperé a escuchar la puerta de entrada antes de sentarme en el borde de la cama. Tenía delante una maleta casi terminada, un proyecto en Francia que debería haberme tenido entusiasmada y un vuelo a Milán a primera hora de la mañana.

Lo peor era que no quería renunciar a ninguna de esas cosas, pero tampoco quería que aquello con Callum terminara.

Y, aun así, entre su miedo a pedirme que me quedara y el mío a convertirme en alguien que necesitara hacerlo, habíamos conseguido exactamente eso.