Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

Callum miró por encima de mi hombro.

—¿Para el proyecto?

—Sí. Hay parte de la planta principal y las construcciones de servicio. Puede ayudarme con varias cosas.

Lo fotografié por secciones, igual que había hecho con los anteriores, procurando que se vieran bien todas las anotaciones antes de volver a plegarlo.

No me detuve a estudiarlo porque en ese momento buscaba nombres, fechas o cualquier referencia que pudiera llevarme a mi abuelo o a Peter, y aquel era simplemente otro plano antiguo entre muchos.

Cuando cerramos la última carpeta, ya había acumulado más de cien fotografías y documentos escaneados.

—Ciento diecisiete —dije al comprobar la carpeta digital.

—Te vas a divertir ordenando eso.

—Muchísimo.

Callum empezó a devolver los papeles a sus cajas mientras yo guardaba la tableta.

—¿Te llevas todos?

—Las copias, sí. Hay bastantes que me sirven para el hotel y ya que los tengo, los revisaré con calma.

—¿Y si encuentras algo?

—Te llamaré dando gritos.

—Eso sí me lo creo.

Sonreí, aunque la sensación que me había quedado después de varias horas allí era bastante menos divertida.

Habíamos tenido delante documentación de prácticamente todas las épocas, incluso papeles correspondientes al año del accidente, y no habíamos encontrado nada que nos acercara un poco más a lo ocurrido.

Estábamos terminando de dejar las últimas carpetas en su sitio cuando Graham regresó al despacho.

—Veo que habéis aprovechado el tiempo —dijo al entrar.

—Más de lo que pensaba. Hay bastante material que puede servirme para el proyecto.

—¿Has encontrado lo que buscabas?

—Sobre todo planos antiguos y algunas modificaciones que nos vendrá bien comparar con el levantamiento actual. He hecho copia de todo lo que creo que puede ser útil.

Graham miró las cajas que habíamos vuelto a ordenar.

—Perfecto. Si necesitas revisar algo más, ya sabes dónde está.

—Gracias.

Callum cogió su chaqueta y salimos del despacho. Yo guardé la tableta mientras caminábamos por el pasillo, pensando en todo lo que todavía tendría que revisar cuando encontrara un hueco.

Para la reforma habíamos conseguido bastante información, pero, en lo referente a lo ocurrido en 1998, seguíamos exactamente en el mismo punto.

Estaba a punto de decirle algo cuando sonó mi teléfono. Al ver que era la policía, me detuve y me aparté un poco hacia una de las ventanas del pasillo para contestar con más tranquilidad.

Era uno de los agentes que había estado en casa la noche del allanamiento. No había novedades importantes. La huella parcial recuperada del marco de la ventana seguía sin dar ninguna coincidencia y tampoco habían encontrado nada que permitiera identificar a quien había entrado.

—¿Y no podéis hacer nada más con ella?

—Sin una persona concreta con quien compararla, de momento no. La conservaremos. Si más adelante aparece algún sospechoso o alguna otra evidencia, podremos volver sobre ella.

—Entiendo.

—¿Ha echado algo en falta desde entonces?

—No. Que yo sepa, no se llevaron nada.

—¿Y ha ocurrido algo más en la casa?

Pensé en la puerta que semanas atrás había encontrado abierta y en todas las veces que desde entonces había comprobado dos veces ventanas y cerraduras.

—No.

—Eso es bueno.

Supuse que sí.

Colgué unos minutos después y volví al despacho. Callum levantó la cabeza en cuanto entré.

—¿La policía?

—Sí.

—¿Algo?

—Nada. La huella sigue sin coincidencias y sin alguien con quien compararla no pueden hacer mucho más.

Vi cómo se le endurecía un poco la expresión.

—Mara...

—No.

—No he dicho nada.

—Pero vas a hacerlo.

—Solo iba a decir que sigas teniendo cuidado.

—Vivo en una casa con cerraduras nuevas, una alarma que prácticamente podría avisar al ejército y un hombre que deja un cepillo de dientes en mi baño con la excusa de vigilarme.

La expresión se le relajó.

—El cepillo de dientes no forma parte del sistema de seguridad.

—Me tranquiliza saberlo.

La llamada tampoco había aportado nada nuevo y, sumada a las horas que acabábamos de pasar revisando documentación, terminó de confirmar que habíamos llegado todo lo lejos que podíamos por el momento.

Seguían faltándonos las dos respuestas que de verdad importaban: cómo había entrado Peter en una zona que debía permanecer cerrada y qué esperaba encontrar quien había entrado en mi casa.

Removí lo que quedaba en el plato antes de mirar a Callum.

—No podemos seguir.

Él dejó el tenedor.

—Ahora mismo, no.

—Eso es justo lo que acabo de decir.

—No. Tú lo has dicho como si esto se hubiera acabado.

—¿Y qué diferencia hay?

—Que hemos llegado hasta donde podíamos con lo que tenemos. Gordon ha revisado sus papeles, hemos pedido el expediente completo, tú acabas de pasar horas mirando documentación antigua y la policía tampoco tiene nada nuevo. Si aparece algo más, seguiremos.

Me recosté en la silla, bastante poco satisfecha con una conclusión que, por desgracia, tenía todo el sentido.

—¿Y si no aparece nada?

Callum me sostuvo la mirada un momento.

—Entonces tendremos que aceptar que hay cosas que quizá no podamos saber.

Eso me gustó todavía menos.