Capítulo 25
Mara
El lunes por la mañana tenía delante tres documentos, dos cafés y exactamente las mismas respuestas que la noche anterior.
La diferencia era que uno de los cafés ya estaba vacío y Callum había empezado el segundo mientras yo volvía a leer por cuarta vez la copia de la factura que Gordon había encontrado entre las cajas de la antigua empresa.
Habíamos llegado al hotel algo antes de las ocho porque los dos teníamos trabajo suficiente como para no poder permitirnos pasar otra mañana entera jugando a detectives, aunque la realidad era que llevábamos casi una hora haciendo justo eso.
La orden de trabajo estaba fechada pocos días después de la muerte de Peter MacRae y describía una intervención urgente en las antiguas caballerizas: apuntalamiento de la estructura norte, sustitución provisional de dos elementos dañados, cierre del acceso hasta una reparación definitiva y varios trabajos menores que no me decían absolutamente nada.
Había, sin embargo, una línea que había terminado señalando con el dedo cada vez que la leía.
—«Regularización y cierre de hueco en muro norte» —repetí.
Callum levantó la vista de su café.
—Sigue diciendo lo mismo que hace cinco minutos.
—Ya lo sé.
—Por comprobarlo.
Le lancé una mirada y volví al documento.
—¿Qué significa exactamente?
—Puede significar veinte cosas. Una abertura que quedó después del derrumbe, una zona que tuvieron que desmontar para apuntalar, un hueco existente que ya no tenía sentido mantener… Sin ver el estado de aquello entonces no puedo saberlo.
—Gordon tampoco se acuerda.
—Han pasado treinta años.
—Eso empieza a tocarme bastante las narices.
Callum apoyó el vaso sobre la mesa y se inclinó hacia delante.
—Lo que sí recuerda es que la estructura llevaba tiempo con humedad y que cuando entraron ellos hubo que apuntalar de urgencia.
—Pero no puede decir cuánto tiempo llevaba así ni quién lo sabía antes del accidente.
—Exacto.
—Y tampoco sabe qué era ese hueco.
—No.
Suspiré y dejé la hoja junto a las otras.
La nota de mi abuelo estaba encima de todo.
«Caballerizas cerradas. Revisión pendiente. Se mantiene la prohibición de acceso hasta su reparación. Aviso entregado en administración. Pendiente de confirmación por escrito.»
Por un lado teníamos aquello y por otro, una factura que demostraba que, pocos días después de que Peter muriera, la zona había necesitado una intervención estructural urgente. Y entre ambas cosas seguía faltando precisamente lo más importante: qué había ocurrido aquella noche.
—Ayer dijiste que querías buscar la investigación oficial —me recordó Callum.
—Ya lo he hecho.
Arqueó una ceja.
—¿Cuándo?
—Esta mañana.
—Has dormido conmigo.
—Sí, Callum. Sé utilizar internet sin levantarme de la cama.
La comisura de su boca se movió.
—Eso explica por qué estabas mirando el móvil a las seis de la mañana.
—No eran las seis.
—Las seis y veintisiete.
—Empiezo a arrepentirme mucho de que tengas reloj.
Giré el portátil hacia él. Había localizado varias noticias antiguas digitalizadas y una referencia al expediente de la investigación posterior al accidente.
El informe completo no estaba disponible online , pero había solicitado una copia al archivo correspondiente y, mientras llegaba, teníamos suficiente para empezar a entender qué versión había quedado de lo ocurrido.
Abrí el primer artículo.
Peter MacRae tenía treinta y ocho años cuando murió.
Hasta aquel momento su nombre había aparecido tantas veces en hojas, notas y conversaciones que casi había terminado convirtiéndose en una pieza más de todo aquello. Ver su edad consiguió hacer justo lo contrario.
Treinta y ocho.
Un hombre que había ido a trabajar una mañana y no había vuelto a casa.
Callum leyó en silencio a mi lado mientras yo bajaba despacio por la noticia. Peter formaba parte del personal de mantenimiento de la propiedad y había muerto al ceder parte de la estructura de un altillo situado en la zona norte de las caballerizas.
No decía cómo había entrado, solo que se encontraba trabajando en el interior cuando ocurrió el accidente.
Abrí una noticia posterior, publicada después de las primeras actuaciones de la investigación, y encontré por fin el nombre de mi abuelo.
«Alasdair Sinclair, responsable de mantenimiento de la propiedad, manifestó haber ordenado el cierre de la zona tras detectar daños en la estructura y aseguró haber comunicado la prohibición de acceso a la administración.»
Leí la frase dos veces.
—Lo dijo desde el principio.
—Eso parece.
Seguí.
«La investigación no había podido localizar una comunicación escrita que demostrara que la administración hubiera recibido formalmente aquel aviso antes del accidente. Tampoco constaba una orden de cierre registrada según el procedimiento habitual de la propiedad.»
—Joder.
Callum acercó más el portátil.
—Sigue.
—No hay mucho más.
El resto resumía conclusiones bastante menos claras de lo que habría esperado.
Había existido un problema en la estructura, se habían detectado deficiencias en la comunicación entre mantenimiento y administración y no había podido establecerse por qué Peter había accedido a una zona que, según Alasdair, debía permanecer cerrada.
No acusaban a mi abuelo de provocar la muerte de nadie, ni siquiera afirmaban que hubiese mentido.
Pero entendí perfectamente cómo había terminado cargando con aquello.
—No pudieron demostrar que entregara el aviso.
—No.
—Y Peter estaba dentro.
—Sí.
Me quedé mirando la pantalla.
—Así que alguien tuvo que pensar que mi abuelo no la había cerrado tan bien como decía.
Callum tardó un poco en contestar.
—O que no consiguió impedir que entraran.
No era exactamente lo mismo, aunque después de casi treinta años probablemente hubiera dado igual para la gente que había decidido qué contar.
Volví a la nota de Alasdair.
«Aviso entregado en administración.»
—Él estaba convencido de haberlo hecho.
—Eso dejó escrito.
—¿Crees que pudo equivocarse?
Callum se recostó en la silla antes de responder.
—Creo que murió un hombre y que nosotros estamos intentando reconstruir lo que ocurrió con papeles incompletos y recuerdos de gente que lleva treinta años sin pensar en esto.
»Puede que tu abuelo entregara el aviso y se perdiera. Puede que se lo diera a alguien que nunca lo registró. Puede que creyera que había seguido un procedimiento que en realidad no terminó. No lo sé.
Era justamente por eso por lo que se lo había preguntado. No porque quisiera que me dijera lo que me apetecía escuchar.
—Pero cerró la zona.
—Eso aparece en sus notas y lo recuerda mi tío.
—Y aun así Peter entró.
Callum asintió despacio y yo volví a mirar el artículo, porque, por mucho que hubiéramos conseguido averiguar, seguíamos exactamente en el mismo punto.
—Necesitamos saber quién estaba en administración.
—Necesitamos documentación que seguramente ya no existe.
—Qué optimista eres.
—Realista.
—Muchísimo peor.
Volví a mirar el artículo mientras intentaba pensar en algún sitio donde todavía pudiéramos buscar.
Habíamos revisado todo lo que conservaba Gordon, solicitado el expediente completo de la investigación y exprimido las notas de mi abuelo hasta el punto de que prácticamente podía recitarlas de memoria.
Fue entonces cuando me acordé de la documentación que Ross había encontrado semanas atrás al vaciar uno de los armarios de la planta baja.
—Los papeles que aparecieron en el armario.
Callum levantó la vista.
—¿Qué pasa con ellos?
—Graham se llevó todas las cajas a su despacho.
—Sí.
—Había planos, facturas, cartas... Un montón de cosas.
Callum entendió enseguida por dónde iba.
—Y no sabemos de qué años.
—Exacto.
Habíamos estado tan centrados en lo que tenía mi madre en casa y en los documentos que Gordon pudiera conservar de su antigua empresa que apenas había vuelto a pensar en aquellas cajas.
En su momento parecían otro montón de papeles viejos relacionados con la propiedad y, además, Graham se había encargado de recogerlos prácticamente en cuanto Ross terminó de vaciar el armario.
—Podría haber registros de administración —dije.
—O no haber absolutamente nada.
—Gracias por el entusiasmo.
—Intento que luego no quieras tirar a nadie por una ventana.
—Muy considerado.
Cerré el artículo y miré la hora. Tenía que revisar con Ewan una modificación de dos habitaciones antes de comer y después esperaba una llamada de Milán, así que tampoco podía pasar el resto del día revolviendo archivos aunque Graham me dejara hacerlo.
—No pienso decirle para qué quiero mirarlos.
—Me parece sensato.
—Además, ni siquiera necesito mentirle. Quiero revisar planos antiguos para la reforma.
Eso era completamente cierto. Cuanto más avanzábamos, más modificaciones aparecían que no figuraban bien documentadas en los planos recientes, y varias decisiones de interiorismo dependían precisamente de saber qué partes pertenecían a la construcción original y cuáles se habían añadido después.
Callum recogió la copia de la factura de Gordon.
—Entonces pídeselos.
—Lo haré.
Guardamos los documentos y, durante las siguientes horas, conseguí volver al trabajo de verdad.
Ewan y yo revisamos la distribución de dos suites , discutimos durante bastante rato por un tabique que él quería conservar y yo eliminar, y terminamos aceptando que ninguno iba a convencer al otro hasta que volviéramos a tomar medidas.
A media mañana vi a Graham cruzar el vestíbulo y decidí aprovechar antes de que desapareciera otra vez, así que lo alcancé justo cuando entraba en su despacho.
—Graham, ¿tienes un momento?
Se volvió.
—Claro.
Entré detrás de él con la tableta bajo el brazo.
—Quería pedirte una cosa. ¿Recuerdas la documentación que encontró Ross cuando vaciamos aquel armario?
—Sí. Todavía tengo casi todo aquí.
—Me gustaría revisar los planos antiguos.
No pareció sorprendido.
—¿Has encontrado algún problema?