Capítulo 24
Callum
Jamie esperó a que saliéramos de casa de Mara y cerró la puerta detrás de nosotros.
—¿Tienes prisa?
—No especialmente. ¿Por?
—Tengo que pasar por casa a recoger unas cosas para mañana. Ven conmigo un momento.
Lo miré.
—Eso ha sonado sospechoso.
—Pues procura sobrevivir.
Su coche estaba aparcado unos metros más adelante y mi furgoneta seguía donde la había dejado la noche anterior, así que cada uno fue al suyo. Tardamos poco más de diez minutos en llegar a casa de Jamie.
Entré detrás de él y me fui directo a la cocina mientras Jamie dejaba las llaves sobre una mesa.
—Si vas a ofrecerme café, paso. Creo que llevo suficiente para mantenerme despierto hasta el martes.
—No pensaba ofrecerte nada.
—Cada día eres peor anfitrión.
Jamie dejó la carpeta que había ido a buscar sobre la encimera y se giró hacia mí.
—Por cierto, Giulia me ha contado que ya tienes cepillo de dientes en casa de Mara.
Solté una risa.
—Sabía que esa información no tardaría en llegar hasta ti.
—No parecía precisamente un secreto de Estado.
—Es un cepillo.
—Y un neceser, por lo visto.
—Veo que el informe era bastante completo.
Jamie sonrió y se sentó al otro lado de la mesa. Yo ocupé la silla de enfrente.
—Me alegro por ti.
Aquello me sorprendió bastante más que la pulla.
—¿Ya está?
—¿Qué quieres que haga? ¿Que te organice una fiesta?
—Esperaba al menos diez minutos de cachondeo.
—Puedo hacerlo si lo necesitas, pero prefiero reservar fuerzas para cuando empieces a dejar ropa allí.
Negué con la cabeza, aunque no pude evitar sonreír.
—Estoy bien con ella.
Jamie dejó de bromear.
—Ya se nota.
Me apoyé en el respaldo de la silla. Decirlo en voz alta hizo que me resultara todavía más evidente.
—Muy bien, en realidad. Hacía años que no estaba así con nadie.
Él no respondió enseguida y se limitó a esperar, algo bastante poco habitual en Jamie.
—Con Mara todo está siendo fácil —continué—. Incluso cuando discutimos, que tampoco es precisamente raro. Me gusta estar con ella, despertarme allí, verla en el hotel... No sé. Estoy a gusto.
—Eso suena terrible.
Lo miré y él sonrió.
—Lo digo en serio.
—Yo también. Parece que lo estás pasando fatal.
Solté una risa y bajé la vista hacia la mesa.
—Ese es el problema.
Jamie frunció ligeramente el ceño.
—¿Cuál?
Tardé un momento en responder.
—Que no consigo quitarme de encima la sensación de que se va a ir.
Su expresión cambió.
—Callum...
—Ya sé que faltan meses. Y sé que ahora está aquí. Pero el hotel se terminará y Mara volverá a Milán. Tiene su trabajo allí, su casa, su vida entera. Nunca ha dicho que haya vuelto para quedarse porque no lo ha hecho.
—No.
—Y cuanto mejor estoy con ella, más pienso en eso.
Jamie se quedó un momento callado.
—¿Mara te ha dicho que cuando termine el hotel se acabará lo vuestro?
—No.
—¿Habéis hablado siquiera de qué pasará entonces?
—No.
—Pues quizá estás intentando resolver una conversación que todavía no existe.
Me pasé una mano por la nuca.
—No estoy intentando resolver nada.
—Entonces no lo hagas. Estás bien con ella, ella parece estar bien contigo y quedan meses para que termine el proyecto. Lo demás ya llegará cuando tenga que llegar.
—Qué fácil lo haces sonar.
—Porque ahora mismo sí es bastante sencillo. No te estoy diciendo que dentro de unos meses no tengáis que hablar de Milán, de Escocia o de lo que sea. Te digo que hoy es domingo, Mara sigue viviendo a diez minutos de tu casa y esta mañana te has levantado en su cama.
No pude discutirle eso.
Jamie se levantó y cogió la carpeta de la encimera.
—Llevas años rodeándote de gente muy inteligente. Algo tenía que pegarse.
—Eso seguro que no ha sido de mí.
—Por fin estamos de acuerdo en algo.
Me levanté también y fui con él hacia la puerta, bastante más tranquilo de lo que estaba dispuesto a reconocer.
—Solo procura no empezar a despedirte de Mara antes de que ella haya decidido marcharse —añadió.
Me detuve un momento. Podía discutirle muchas cosas, pero esa frase se parecía demasiado a algo que llevaba días haciendo en mi cabeza.
—¿Has terminado?
—Sí.
—Bien.
—¿Ves? Ahora sí puedes marcharte enfadado conmigo.
—No estoy enfadado.
—Qué decepción.
Antes de salir, me giré hacia él.
—Por cierto, lo de Giulia tampoco parece que te esté sentando demasiado mal.
Jamie sonrió.
—Estamos hablando de ti.
—Ya hemos hablado bastante de mí.
—Cobarde.
—El domingo que viene seguimos con tu sesión.
Me largué antes de que pudiera contestar.
Volví a casa en mi furgoneta y la conversación con Jamie se vino conmigo durante todo el trayecto.
No porque hubiera descubierto nada especialmente nuevo, sino porque había conseguido poner en palabras algo que yo llevaba días intentando mantener bastante más ordenado.
Mara se marcharía cuando terminara el proyecto; eso seguía siendo cierto, pero también empezaba a serlo que me importaba bastante más de lo que había previsto.
Cuando llegué, puse una lavadora y recogí un par de cosas que llevaba días dejando por medio. Tenía intención de aprovechar el domingo para no hacer absolutamente nada relacionado con el trabajo, pero a la media hora ya estaba contestando correos desde el sofá cuando llamó mi tío.
—Dime.
—He encontrado algo.