Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

No lo hizo y siguió exactamente igual hasta que una de sus manos volvió a meterse entre nosotros para acariciarme. En ese momento supe que no iba a durar demasiado.

—Estoy cerca.

—Yo también.

Sus dedos mantuvieron el mismo ritmo mientras seguía dentro de mí y el orgasmo llegó tan rápido que apenas tuve tiempo de avisarlo. Me aferré a él, con todo el cuerpo tensándose debajo del suyo, y Callum terminó de perder el control al sentirme cerrarme a su alrededor.

Lo escuché gemir contra mi cuello mientras sus movimientos se volvían cada vez menos regulares hasta que se corrió poco después.

Durante un rato nos quedamos exactamente así, intentando volver a respirar como personas normales. Yo le recorría la espalda con las manos y él seguía encima de mí, hasta que terminó levantando la cabeza.

Tenía el pelo todavía peor que al despertarnos.

—Ahora sí —dije.

—¿Ahora sí qué?

—Buenos días.

Se echó a reír y volvió a besarme.

—Tengo hambre —murmuré cuando conseguí separarme.

—Entonces habrá que levantarse.

—Sí. Ya me has entretenido bastante.

—¿Yo?

—Tú.

—No recuerdo que te quejaras.

—Y no pienso empezar ahora, pero necesito desayunar.

El problema fue que decidimos ducharnos antes. La intención era perfectamente inocente: ducharnos y bajar a desayunar como dos adultos capaces de compartir un baño sin liarla otra vez, aunque el hecho de que ya estuviéramos desnudos tampoco ayudaba demasiado.

El plan funcionó durante los primeros minutos, hasta que empecé a aclararme el pelo y Callum se colocó detrás de mí. Apartó el cabello mojado y me besó el hombro mientras su cuerpo se pegaba a mi espalda.

Cerré los ojos.

—Callum, no empieces.

—Solo te estoy besando.

—Te conozco.

—Llevas dos semanas conociéndome.

—Me ha dado tiempo.

Sus labios siguieron por mi cuello y sus manos rodearon mi cintura. Yo todavía tenía la esperanza de salir de allí a desayunar hasta que me giré y bajé la mirada.

—¿En serio?

—Eso no lo controlo.

—Conveniente.

Callum sonrió.

—Tú tampoco estás ayudando.

Eso era verdad y lo peor fue que ya no tenía demasiadas ganas de hacerlo, así que lo besé con la intención de que fuera solo un momento y seguir con la ducha. Sus manos volvieron enseguida a mi cintura, me acercó a él y su erección contra mi vientre acabó con cualquier resto de buena intención.

—Tenemos que desayunar —murmuré contra su boca.

—Luego.

—Eso dijiste hace un rato.

—Y acabaremos desayunando.

Me eché a reír antes de volver a besarlo.

Una de sus manos bajó hasta mi culo y la otra se coló entre mis piernas. Seguía sensible por lo que acabábamos de hacer en la cama y el primer contacto consiguió que me estremeciera.

—Despacio.

Callum bajó el ritmo enseguida y empezó a acariciarme justo como le había pedido. Aquello fue bastante peor para mis posibilidades de acordarme del desayuno. Apoyé la frente contra su hombro mientras sus dedos seguían moviéndose y todo mi cuerpo empezaba a reaccionar otra vez.

—Me encanta tocarte —murmuró.

Levanté la cabeza.

—Pues no pares.

Lo besé y deslicé una mano entre nosotros para acariciarlo también. Callum soltó el aire contra mi boca y el beso se fue volviendo cada vez más desordenado mientras nuestras manos dejaban bastante claro que la ducha había pasado a un segundo plano.

—Quiero volver a sentirte —le dije.

Apoyó la frente contra la mía.

—¿Seguro?

—Sí.

Como hombre previsor, Callum había dejado preservativos repartidos por la casa. En la mesilla, en el baño... No sabía si sentirme halagada o preocuparme por semejante nivel de organización. Cogí uno, se lo puse en la mano y no hizo falta explicar nada más.

Después de protegerse, me levantó por las caderas y le rodeé la cintura con las piernas. La espalda tocó los azulejos y tuve que agarrarme a sus hombros.

—¿Bien?

—Sí. Ven.

Lo guie hasta mí y cerré los ojos cuando empezó a entrar. Entre la postura, lo que acabábamos de hacer en la cama y el agua caliente cayendo sobre los dos, tuve que morderme el labio cuando terminó de hundirse dentro de mí.

Callum esperó un momento.

—Mírame.

—Otra vez con eso.

—Mara.

Abrí los ojos y me encontré con los suyos a pocos centímetros. La forma en que me miraba consiguió que se me olvidara lo que iba a decir.

—No sabes lo que me haces cuando me miras así.

—Pues deja de hablar y demuéstramelo.

Eso sí lo entendió, porque empezó despacio hasta que encontramos una postura cómoda y, a partir de ahí, cada embestida fue aumentando la tensión otra vez. Yo lo rodeaba con las piernas y me agarraba a él mientras Callum me sostenía como si mi peso no fuera ningún problema.

—Más.

Me apretó con más fuerza contra los azulejos y aumentó el ritmo.

No tardé en perder la capacidad de preocuparme por si la ducha era o no el sitio más práctico del mundo para aquello; lo único que me importaba era sentirlo dentro, su boca en mi cuello y la forma en que cada movimiento conseguía llevarme otra vez hacia el límite, hasta que cambió ligeramente el ángulo y se me escapó un gemido.

—Así. Justo así.

Lo repitió una y otra vez y, como seguía demasiado sensible, esta vez no necesitó demasiado para hacerme llegar. Me agarré a sus hombros cuando el orgasmo me atravesó y escondí la cara en su cuello mientras todo mi cuerpo se tensaba alrededor del suyo.

Callum continuó unos segundos más, pero enseguida noté cómo empezaba a perder el ritmo. Se tensó entre mis brazos y terminó poco después.

Nos quedamos abrazados bajo el agua mientras intentábamos recuperar el aliento. Cuando por fin me bajó, tuve que mantener las manos en sus hombros porque mis piernas todavía no me inspiraban demasiada confianza.

—Ahora sí necesito desayunar de verdad.

Callum soltó una risa.

—Estoy de acuerdo.

—Y terminar de ducharnos.

Miró alrededor.

—Técnicamente...

Le tapé la boca con una mano.

—No termines esa frase.

Se rio contra mi palma y esta vez conseguimos terminar la ducha sin volver a distraernos.

Cuando salimos del baño, yo tenía bastante claro que, si aquella era nuestra idea de una mañana tranquila, lo preocupante ya no era lo que estaba pasando entre Callum y yo, sino lo poco que me apetecía que parara.