Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 22
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Capítulo 22

Mara

Me desperté porque Callum estaba besándome el hombro.

No abrí los ojos enseguida. Me quedé tumbada de lado, disfrutando de sus labios sobre mi piel y de la mano que tenía apoyada en mi cintura. No sabía cuánto tiempo llevaba despierto ni qué hora era, pero por la claridad que entraba por la ventana tampoco debía de ser demasiado temprano.

—Sé que estás despierta —murmuró contra mi cuello.

—No tienes pruebas.

—Acabas de contestarme.

Sonreí y me giré para quedar frente a él. Tenía el pelo completamente revuelto y esa cara de recién levantado que empezaba a conocer demasiado bien, aunque no tanto como para haberme cansado de mirarla.

—Buenos días.

—Depende.

—¿De qué?

—De si tienes intención de levantarte pronto.

Callum miró hacia el reloj de la mesilla.

—Es domingo.

—Precisamente.

No hizo falta hablar mucho más.

Me besó y, por una vez, no teníamos ninguna prisa.

No había que ir al hotel, ni una videollamada esperando, ni carpetas abiertas en el comedor recordándonos que seguíamos intentando averiguar qué había pasado hacía casi treinta años.

Teníamos toda la mañana por delante y, después de las últimas semanas, aquello casi parecía un lujo.

Callum me hizo rodar hasta dejarme bocarriba y se colocó sobre mí. Lo rodeé con las piernas para acercarlo y su cuerpo desnudo quedó pegado al mío.

—Esto parece bastante poco práctico para alguien que acaba de mirar la hora.

—Puedo levantarme si quieres.

—Ni se te ocurra.

Su sonrisa duró poco porque volvió a besarme y enseguida dejé de preocuparme por cualquier cosa que tuviera que ver con relojes.

Bajó por mi cuello sin ninguna prisa y, cuando llegó a mis pechos, tuve que reconocer que aquel hombre sabía perfectamente cómo conseguir que una mañana tranquila dejara de serlo.

La noche anterior habíamos llegado cansados después de pasarnos buena parte del día entre papeles, fechas y preguntas.

Habíamos acabado en la cama, sí, pero después nos dormimos abrazados casi sin darnos cuenta.

Aquella mañana era diferente. Callum parecía dispuesto a recuperar todo el tiempo que no habíamos tenido y yo, desde luego, no iba a ser quien se lo impidiera.

Su mano bajó por mi vientre y se coló entre mis piernas. En cuanto me tocó, abrí un poco más los muslos y él soltó una risa contra mi piel.

—Estás muy mojada.

—Tú sabrás por qué.

Volvió a acariciarme y me hizo perder las ganas de seguir hablando bastante rápido.

Callum tenía una paciencia que en cualquier otro momento podría haberme parecido una virtud, pero tumbada debajo de él empezaba a caerme regular.

Sabía perfectamente cuánto presionar, cuándo aflojar y, sobre todo, cuándo estaba a punto de acostumbrarme a algo para cambiar justo entonces.

Cuando uno de sus dedos entró en mí, moví las caderas sin pensarlo.

—¿Así?

—Sí. Y como pares para seguir haciendo preguntas, te echo de la cama.

—Mensaje recibido.

Añadió otro dedo y volvió a acariciarme el clítoris mientras yo intentaba mantener algo parecido a la dignidad. Me duró bastante poco. Callum siguió hasta que empecé a moverme buscando su mano y, justo cuando estaba disfrutando demasiado, se apartó.

Abrí los ojos.

—Callum...

Ni siquiera se molestó en responder. Bajó por mi cuerpo besándome el vientre, las caderas y la cara interna de los muslos hasta colocarse entre mis piernas. La primera pasada de su lengua acabó con cualquier protesta.

Hundí una mano en su pelo y separé más las piernas. Si la intención era hacerme olvidar que acababa de dejarme a medias con los dedos, funcionó. Demasiado bien.

Callum tampoco tenía ninguna prisa allí abajo. Lo fui descubriendo mientras me acariciaba con la boca y yo pasaba de disfrutar tranquilamente a empezar a preguntarme cuánto tiempo pensaba torturarme. Cuando volvió a meter los dedos en mí sin dejar de usar la lengua, el gemido me salió solo.

—Joder...

Noté su sonrisa y tiré ligeramente de su pelo.

—No juegues conmigo.

—No estoy jugando.

—Mentiroso.

Aumentó la presión y la palabra terminó convertida en algo que ya no se parecía demasiado a una respuesta.

A partir de ahí me olvidé de hablar. Mis caderas iban a buscarlo cada vez que daba exactamente con el punto que necesitaba y él estaba disfrutando demasiado con eso, pero yo ya no tenía capacidad para quejarme.

—Así... no pares.

Por una vez obedeció sin discutir.

Siguió exactamente como estaba y yo terminé agarrándome a las sábanas cuando sentí que el orgasmo empezaba a alcanzarme.

No sé cuánto tardó. En ese momento me daba bastante igual.

Solo sabía que tenía su boca entre mis piernas, los dedos dentro de mí y cada músculo de mi cuerpo concentrado en llegar a un sitio al que Callum parecía empeñado en llevarme.

Cuando me corrí, dejé de intentar controlar hasta los gemidos. Me tensé sobre la cama, con las piernas alrededor de sus hombros, y él siguió acariciándome hasta que tuve que tirar de su pelo para que subiera porque ya no podía soportar ni un roce más.

Lo recibí con un beso mientras todavía intentaba recuperar el aire.

—Estás muy orgulloso de ti mismo.

—Un poco.

—Se te nota.

Callum se rio y esa sonrisa terminó de decidirme, así que lo empujé hasta hacerlo rodar y me coloqué sobre él.

—Ahora me toca a mí.

—No pienso discutir.

—Qué listo.

Bajé besándolo por el pecho y el vientre mientras notaba cómo su respiración iba cambiando. Cuando llegué a su pene, cerré una mano alrededor de él y lo acaricié despacio antes de pasar la lengua por la punta.

El aire se le escapó de golpe y, para qué negarlo, me encantó.

Seguí con calma, disfrutando de que por una vez fuera él quien empezara a perderla. Callum se pasaba media vida pareciendo tenerlo todo bajo control y descubrir que podía hacer que esa tranquilidad se le fuera a paseo con mi boca resultó bastante adictivo.

Su mano se metió en mi pelo, al principio apenas acariciándome, pero la presión fue aumentando según yo seguía. Cada vez que me apartaba un poco para provocarlo, sus caderas venían a buscarme.

—Mara... mírame.

Levanté los ojos hacia él sin dejar de acariciarlo y aquello fue jugar sucio.

La forma en que me estaba mirando mientras volvía a llevármelo a la boca consiguió excitarme todavía más. Sus dedos se cerraron en mi pelo y un gemido se le escapó cuando aumenté el ritmo.

—Joder... Me encanta verte así.

No me dijo nada que yo no estuviera viendo ya en su cara, pero escuchárselo consiguió que me entraran todavía menos ganas de parar.

Seguí hasta notar cómo todo su cuerpo empezaba a ponerse tenso.

—Como sigas así, voy a correrme.

Me aparté justo entonces y Callum soltó un sonido que me hizo sonreír mientras volvía a subir por su cuerpo.

—Eso ha sido cruel.

—Te recuperarás.

Me agarró por la cintura y me recibió con un beso bastante menos paciente que los anteriores.

Su erección quedó atrapada entre mis piernas y empecé a moverme sobre él casi sin darme cuenta.

El roce contra mi clítoris, todavía demasiado sensible, consiguió que volviera a excitarme con una facilidad que debería haberme preocupado un poco más.

—Me estás volviendo loco —murmuró.

Lo miré.

—Quiero que me hagas el amor.

Ahí se acabaron las bromas. Callum alargó una mano hacia la mesilla, cogió un preservativo y se lo puso mientras yo seguía sobre él. En cuanto terminó, me acomodé mejor sobre sus caderas, lo guie hasta mí y empecé a bajar despacio.

—Joder...

Tuve que detenerme cuando lo tuve completamente dentro. Después de todo lo anterior estaba tan sensible que notaba cada mínimo movimiento, y la forma en que Callum me sujetó por las caderas sin intentar apresurarme no ayudó precisamente a que recuperara la calma.

—Mírame.

Abrí los ojos y me encontré con los suyos.

No sé qué tenía aquella manía suya de obligarme a mirarlo justo en los momentos en los que menos capacidad tenía para pensar, pero funcionaba. Contraje sin querer los músculos alrededor de él y Callum soltó el aire entre los dientes.

—Joder, Mara...

Aquello me dio la confianza suficiente para empezar a moverme. Al principio despacio, levantándome y volviendo a bajar mientras probaba hasta encontrar el ángulo que me hacía sentirlo justo donde quería. Cuando lo encontré, repetí el movimiento y apoyé las manos sobre su pecho.

—Ahí.

Callum me agarró con más fuerza de las caderas.

—¿Así?

Volví a bajar y el gemido que se me escapó fue respuesta suficiente.

Seguí moviéndome sobre él, disfrutando tanto de lo que sentía como de verlo debajo de mí.

Callum empezaba a respirar con dificultad, tenía los ojos clavados en mi cuerpo y esa calma suya estaba desapareciendo poco a poco. No sabía qué me excitaba más.

Me llevé una mano entre las piernas y él soltó un gemido.

—No dejes de hacer eso.

No tenía ninguna intención de hacerlo y seguí acariciándome mientras aumentaba el ritmo. No tardé en notar otra vez cómo el placer empezaba a acumularse y, entonces, Callum se incorporó y me rodeó con un brazo, dejándome sentada sobre sus muslos y pegada por completo a su cuerpo.

Lo besé sin dejar de moverme. En aquella posición podía sentirlo todavía más profundo y, cuando empezó a acompañar mis movimientos desde abajo, tuve que agarrarme a su nuca.

—Así.

Callum escondió la cara en mi cuello, me agarró del culo y empezó a ayudarme a moverme sobre él.

—Más fuerte —le pedí.

Eso fue todo lo que necesitó para hacerme rodar sobre la cama sin separarse de mí. Quedé bocarriba con él entre mis piernas y volvió a entrar despacio, pero en cuanto lo rodeé con las piernas y tiré de él, dejó bastante claro que había entendido lo que quería.

El ritmo cambió y yo me agarré a su espalda. Ya no había paciencia ni movimientos medidos; solo Callum entrando en mí cada vez con más fuerza, mi cuerpo saliendo a recibirlo y los dos respirando como si acabáramos de subir una montaña corriendo.

Cuando cambió el ángulo, un gemido me salió antes de que pudiera contenerlo.

—Ahí. No cambies.