Capítulo 19 #2
Cogió el móvil del bolso y por fin me concedió unos minutos de silencio. Conseguí responder un correo antes de que volviera a hablar.
—¿Qué vamos a hacer esta noche?
—No sé.
—Pues piensa algo. No he venido hasta Escocia para pasar el viernes viéndote trabajar.
—¿También tengo que organizarte el entretenimiento?
—Por supuesto. Soy tu invitada.
—Eres una okupa.
—Una okupa que ha venido desde Milán y te ha traído un regalo.
Aparté las manos del teclado.
—¿Qué regalo?
—Ah, ahora sí te interesa mi visita.
—Giulia...
Se echó a reír y yo negué con la cabeza antes de volver al correo. Con ella sentada enfrente no iba a avanzar demasiado, pero tenerla allí compensaba con creces el retraso.
A media tarde, Giulia empezó a dar muestras evidentes de que su capacidad para entretenerse mientras yo trabajaba había llegado al límite. Después de verla levantarse por tercera vez para mirar por la ventana, cerré el portátil.
—Venga, nos vamos a casa.
—Por fin.
—Nadie te ha obligado a venir a pasar el día a mi trabajo.
—He venido a verte. No sabía que eso incluía contemplarte responder correos durante horas.
Recogí mis cosas mientras ella se ponía el abrigo.
—Podemos pedir algo para cenar y ver una película.
Giulia se quedó quieta con una mano en la bufanda.
—¿Ese es tu plan para mi primera noche en Escocia?
—Acabas de llegar después de un viaje y hace un frío de narices. Pensaba que agradecerías descansar.
—Tengo treinta y tres años, Mara, no noventa.
Me eché a reír.
—Mañana hacemos algo.
—Más te vale.
Cogió su bolso y salió del despacho mientras yo terminaba de guardar las muestras.
Antes de marcharnos necesitaba encontrar a Callum.
No porque tuviera que darle ninguna explicación, pero después de haber dado por hecho aquella mañana que volveríamos juntos a casa, desaparecer con Giulia sin decirle nada me parecía extraño.
Lo encontramos en la planta baja hablando con Ewan. Esperé a que terminaran y me acerqué mientras Giulia se quedaba unos pasos atrás.
—Nos vamos.
Callum miró hacia ella y después volvió a mí.
—¿Ya has conseguido librarte?
—Ha sido imposible. Me la llevo a casa.
—Qué remedio —dijo Giulia desde detrás.
Sonreí y volví a centrarme en él.
—Solo quería decírtelo. Como ha llegado sin avisar y se queda conmigo, esta noche no podremos...
Me detuve antes de terminar la frase. Callum entendió perfectamente a qué me refería y la sonrisa que intentó disimular no ayudó demasiado.
—Podemos vernos igualmente.
—No voy a dejarla sola en casa.
—No he dicho eso. Podemos salir los tres y llamar a Jamie. Cenamos en algún sitio y después vamos al pub .
Giulia apareció inmediatamente a mi lado.
—¿Quién es Jamie?
—Un amigo —respondió Callum—. Creo que os caeríais bien.
—Entonces ya somos dos a favor.
La miré.
—Hace cinco minutos estabas agotada por el viaje.
—No. Hace cinco minutos tú habías decidido que estaba agotada por el viaje para encerrarme en casa con una pizza y Netflix. —Se volvió hacia Callum—. Menos mal que el Highlander es bastante menos muermo que tú.
Callum se echó a reír.
—Gracias.
—No era un cumplido para ti. Era una crítica para ella.
—La acepto igualmente.
Negué con la cabeza.
—Sois insoportables.
Callum sacó el móvil del bolsillo.
—Voy a llamar a Jamie antes de que cambiéis de opinión.
—Yo no voy a cambiarla —aseguró Giulia.
—Qué sorpresa —murmuré.
Mientras Callum se apartaba para hacer la llamada, Giulia se acercó un poco más a mí.
—Además, quiero conocer a tus amigos.
—Acabas de conocer a Callum.
—Callum no cuenta.
—¿Por qué?
—Porque Callum no es tu amigo.
La miré y ella sonrió con toda la tranquilidad del mundo antes de empezar a colocarse la bufanda.
—No pienso entrar en eso.
—No hace falta.
Callum regresó antes de que pudiera responderle.
—Jamie se apunta.
—Perfecto —dijo Giulia.
—Podemos quedar directamente en el restaurante a las ocho. Así os da tiempo a ir a casa y descansar un poco.
—Arreglarnos —corrigió ella—. Descansar era el plan de la aburrida.
—¿Vas a estar así hasta el domingo?
—Probablemente.
—Todavía estás a tiempo de coger un hotel en Inverness.
—Ni lo sueñes.
Callum se rio y yo terminé haciendo lo mismo.
Nos despedimos de él y fuimos a recoger la maleta de Giulia antes de salir.
Durante el camino hasta mi casa no dejó de hablar de la cena, de Jamie, de qué demonios se ponía una para salir por las Highlands y de la necesidad urgente de hacer algo conmigo antes de que terminara convirtiéndome en una mujer que consideraba una pizza y Netflix el acontecimiento social de la semana.
Cuando aparqué delante de casa, Giulia ya había decidido que necesitábamos al menos una hora para arreglarnos.
—Solo vamos a cenar y tomar algo.
—Precisamente.
Bajó del coche y abrió el maletero para sacar su maleta.
La seguí hacia la casa pensando que, unas horas antes, su llegada había trastocado por completo el plan que ni siquiera sabía que tenía para aquella noche. Ahora, en cambio, mientras la escuchaba discutir consigo misma sobre si se había traído los zapatos adecuados, no podía dejar de sonreír.
Hacía demasiado tiempo que no teníamos una noche así.
Y empezaba a apetecerme mucho.