Capítulo 16 #2
La sonrisa le duró exactamente hasta que le abrí el botón y metí la mano debajo de la cintura. Lo acaricié por encima del bóxer y su respiración cambió contra mi boca, una reacción pequeña pero suficientemente satisfactoria para hacer que repitiera el movimiento con algo más de intención.
Callum me agarró por la cintura y me tumbó sobre la cama mientras volvía a besarme.
Terminamos de quitarnos la ropa entre los dos, sin demasiada elegancia y con bastante menos paciencia que al principio, hasta que no quedó nada entre nuestros cuerpos.
Me recorrió con las manos desde los hombros hasta las caderas antes de bajar por uno de mis muslos y volver a subir por la cara interna, cada vez más despacio cuanto más se acercaba.
Cuando sus dedos llegaron entre mis piernas, cerré los ojos.
Me acarició primero por fuera, extendiendo la humedad antes de llegar al clítoris, y el primer roce consiguió que se me escapara el aire.
Volvió a hacerlo sin apartar la boca de mi cuello, jugando con la presión mientras yo empezaba a mover las caderas contra su mano.
—Callum...
—¿Sí?
Abrí los ojos para encontrarme con su expresión de absoluta inocencia.
—Como vuelvas a preguntarme algo ahora, te echo de la habitación.
—Entendido.
Se rio contra mi piel y siguió tocándome, pero la risa me duró bastante menos que a él cuando uno de sus dedos entró en mí. Lo movió despacio mientras el pulgar continuaba acariciándome el clítoris y añadió un segundo cuando mi cuerpo empezó a pedirle más sin que yo tuviera que decir una palabra.
Le agarré la nuca y lo obligué a volver a mi boca.
Necesitaba tocarlo también, así que bajé una mano por su abdomen hasta encontrar su pene y cerré los dedos alrededor de él.
Estaba completamente duro y tuve que abrir un poco más la mano de lo esperado para abarcarlo.
Lo recorrí desde la base hasta el glande y volví a bajar, esta vez más despacio, disfrutando del sonido que se le escapó contra mis labios.
—Vaya —murmuré.
Callum abrió los ojos.
—¿Vaya qué?
Volví a mover la mano por toda su longitud.
—Nada.
—Mara.
—Ahora el que quiere conversar eres tú.
No me dio tiempo a disfrutar demasiado de haberle devuelto la jugada porque retiró los dedos y empezó a bajar por mi cuerpo. Besó mis pechos y mi vientre antes de acomodarse entre mis piernas, y la primera pasada de su lengua me borró cualquier comentario que estuviera preparando.
Le agarré el pelo cuando volvió a hacerlo, esta vez directamente sobre el clítoris, y Callum me sujetó por las caderas mientras seguía usando la boca con una paciencia que empezaba a parecerme bastante menos admirable.
Alternaba la lengua con los labios y cambiaba la presión cada vez que mi cuerpo reaccionaba, como si estuviera aprendiendo sobre la marcha qué conseguía hacerme perder un poco más el control.
Cuando volvió a introducir dos dedos en mí sin dejar de pasar la lengua por el clítoris, dejé de intentar contener los gemidos.
El placer fue aumentando con cada movimiento hasta concentrarse entre mis piernas y obligarme a agarrarme a las sábanas con una mano mientras con la otra seguía sujetándolo por el pelo.
—No pares.
No lo hizo. Mantuvo exactamente el mismo ritmo y la misma presión hasta que el orgasmo me alcanzó de golpe, tensándome sobre la cama mientras las contracciones se cerraban alrededor de sus dedos y yo intentaba recuperar un aire que parecía haber desaparecido de la habitación.
Callum subió por mi cuerpo cuando todavía estaba recuperándome y lo agarré por la nuca para besarlo antes de que pudiera decir nada. Su erección quedó atrapada entre nuestros cuerpos y, cuando movió las caderas contra mí, tuve bastante claro que tampoco quería que aquello terminara allí.
—Preservativo —murmuré.
Se quedó quieto un segundo.
—En el pantalón.
—Muy optimista por tu parte.
—Venía a cenar contigo. Déjame conservar algo de dignidad.
Me reí mientras él se inclinaba para recuperar el pantalón del suelo y sacar la cartera. Cuando volvió con el preservativo, se lo quité de la mano.
—Ya que estabas tan preparado...
—No pienso discutir contigo ahora.
—Sabia decisión.
Se lo puse yo, recorriendo su pene con la mano antes de tumbarme de nuevo, y Callum se colocó entre mis piernas.
Esta vez no hubo bromas cuando la punta rozó mi entrada.
Le rodeé la cintura con las piernas y él me miró unos segundos, esperando sin necesidad de preguntar hasta que tiré de sus hombros para acercarlo.
Entró despacio y la primera presión me obligó a contener la respiración.
Siguió avanzando poco a poco hasta quedar completamente dentro y entonces entendí que mi comentario de antes se había quedado bastante corto.
Me quedé quieta unos segundos, acostumbrándome a él mientras Callum apoyaba la frente contra la mía y me acariciaba la cadera.
—¿Bien?
Asentí y moví las caderas debajo de él.
—Ahora sí puedes dejar de ser tan paciente.
La sonrisa que apareció en su boca debería haberme servido de advertencia.
Empezó a moverse todavía despacio, saliendo casi por completo antes de volver a entrar, pero no tardó demasiado en aumentar el ritmo cuando mis piernas se cerraron con más fuerza alrededor de su cintura.
Cada embestida llegaba un poco más profunda y yo terminé agarrándome a sus hombros mientras él me sujetaba por una cadera para mantenerme pegada a su cuerpo.
Callum enterró la cara en mi cuello y su respiración empezó a perder la calma al mismo tiempo que la mía.
Lo sentía en todas partes: dentro de mí, contra mi pecho, en la mano que me agarraba la cadera y en el peso de su cuerpo contenido sobre los brazos para no aplastarme.
Cuando cambió ligeramente el ángulo y volvió a entrar, el placer me golpeó de una forma que me hizo clavarle los dedos en la espalda.
—Ahí.
No necesitó más.
Repitió el movimiento y después otra vez, manteniendo el mismo ángulo mientras aumentaba el ritmo.
El orgasmo anterior todavía me había dejado demasiado sensible y enseguida noté cómo volvía a crecer la tensión entre mis piernas, esta vez acompañada por cada embestida y por la forma en que Callum empezaba a perder también el control.
Metió una mano entre nuestros cuerpos y sus dedos encontraron mi clítoris.
Apenas necesitó unas cuantas caricias mientras seguía moviéndose dentro de mí para terminar de llevarme al límite.
Me agarré a él cuando me corrí por segunda vez, con las piernas cerradas alrededor de su cintura y el cuerpo tensándose debajo del suyo mientras su nombre se me escapaba sin ninguna intención de contenerlo.
Sentir las contracciones a su alrededor terminó con el poco control que le quedaba. Callum empujó varias veces más, cada vez con menos ritmo, hasta que se tensó sobre mí y se corrió con la cara escondida en mi cuello y una mano todavía aferrada a mi cadera.
Durante unos segundos ninguno de los dos hizo el menor esfuerzo por moverse y yo me limité a intentar recordar cómo funcionaba exactamente aquello de respirar.
Callum seguía sobre mí, con la cara escondida en mi cuello y el pecho subiendo y bajando contra el mío, hasta que finalmente levantó la cabeza y me dejó un beso lento en los labios antes de apartarse.
Se quitó el preservativo, le hizo un nudo y desapareció en el baño de la habitación para tirarlo. Lo escuché abrir el grifo y pensé que volvería directamente a la cama, pero apareció unos segundos después con una toalla húmeda en la mano.
—¿Qué haces?
—¿Tú qué crees?
Se sentó a mi lado y me separó las piernas con suavidad antes de limpiarme los restos de humedad que habían quedado entre ellas.
El gesto era tan sencillo y lo hizo con tanta naturalidad que me quedé mirándolo sin saber muy bien qué decir.
No había nada especialmente romántico en una toalla húmeda después de acostarte con alguien y, sin embargo, aquella pequeña atención consiguió tocarme en un sitio bastante más peligroso que cualquiera de sus manos unos minutos antes.
—Gracias —murmuré.
Callum dejó la toalla en el baño y, cuando regresó, apagó la luz antes de meterse otra vez en la cama. El colchón se hundió bajo su peso y apenas tuve tiempo de acomodarme antes de que me rodeara con un brazo y me acercara hasta dejarme pegada a su pecho.
—Ven aquí.
No protesté, lo que ya debería haberme parecido suficientemente preocupante, y me acomodé contra él mientras Callum pasaba una mano despacio por mi espalda antes de apartarme el pelo de la cara y besarme.
Esta vez fue un beso corto, sin intención de empezar nada de nuevo, aunque consiguió dejarme una sensación extraña en el pecho cuando se separó.
—Buenas noches, Mara.
—Buenas noches, Callum.
Cerré los ojos mientras su brazo seguía rodeándome y su respiración empezaba a tranquilizarse junto a mi oído.
Había pasado años acostumbrándome a dormir sola, a ocupar toda la cama y a no necesitar a nadie al otro lado, así que debería haberme resultado extraño tener a un hombre abrazándome en mitad de la noche.
Sin embargo, me sentía bien allí, demasiado bien en realidad, y justo antes de quedarme dormida pensé que quizá Callum Fraser empezaba a convertirse en algo bastante más complicado que el hombre que nunca había entrado en mis planes.