Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 16
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Capítulo 16

Mara

A las siete y cuarto tenía la mesa del comedor llena de carpetas, el portátil abierto y una libreta preparada para ir apuntando lo que encontráramos.

También había recogido el salón, guardado dos pares de zapatos que llevaba días dejando junto a la escalera y cambiado tres veces de sitio una lámpara que no tenía absolutamente nada que ver con lo que íbamos a hacer. Eso último me hizo parar.

Callum venía a ayudarme a revisar papeles, no a valorar la decoración de mi casa. Además, ya había dormido allí, desayunado en mi cocina y visto mi salón en condiciones bastante peores después de que entrara la policía. Podía sobrevivir perfectamente a una lámpara mal colocada.

El timbre sonó unos minutos después y, cuando fui a abrir, encontré a Callum al otro lado con una bolsa de papel en una mano y una carpeta en la otra.

—He traído cena.

—Tengo comida.

—Lo sé. Pero si empezamos con los papeles, dentro de dos horas vas a decir que no te has acordado de cenar.

Me aparté para dejarlo pasar.

—Estás rozando otra vez el modo guardaespaldas.

—Esto es comida, no protección.

—Ya veremos.

Dejó la bolsa en la cocina y levanté un poco la tapa. Había traído dos raciones de comida preparada de un restaurante que ya conocía.

—Podrías haber avisado.

—Entonces me habrías dicho que no hacía falta.

—Porque no hacía falta.

—Por eso no te he avisado.

Lo miré y decidí no seguir por ahí. Todavía estábamos a tiempo de pasar una noche tranquila y prefería no empezar discutiendo antes siquiera de abrir una carpeta.

—He separado lo que encontré ayer —dije mientras volvíamos al comedor—. Todo esto es de mi abuelo y parece relacionado con la propiedad. El resto lo he dejado en el despacho.

Callum se sentó a mi lado y empezó por las hojas que habíamos visto el día anterior.

La mayoría eran órdenes de trabajo, facturas, anotaciones de mantenimiento y pequeños recordatorios escritos por mi abuelo.

Viéndolos todos juntos, quedaba bastante claro que durante aquellos años había pasado mucho tiempo allí.

—Aquí vuelve a aparecer Peter MacRae —dije al cabo de un rato.

Le acerqué una hoja. El nombre estaba escrito junto a una lista de trabajos en las caballerizas, aunque no había nada más que explicara quién era ni qué hacía allí.

—Puede que trabajara con él —comentó Callum.

—El padre de Jamie dijo que era uno de los hombres de mantenimiento de la finca.

—Entonces tendría sentido.

Seguimos ordenando por fechas y empezamos a centrarnos en octubre y noviembre de 1998.

Había varias referencias al mismo problema: una viga dañada, movimiento en una parte de la estructura y una zona que no debía utilizarse hasta que se revisara.

Callum fue ayudándome a entender qué tipo de intervención describía mi abuelo y qué partes podían corresponder a las antiguas caballerizas.

—Aquí hay una libreta —dije.

La saqué de la funda de plástico. Era pequeña, de tapas oscuras, con bastantes páginas llenas de fechas y anotaciones.

Callum acercó la silla y la dejamos abierta entre los dos.

Al principio no encontramos nada que no hubiéramos visto ya. Había listas de materiales, nombres de proveedores y trabajos pendientes. Cuando llegamos a finales de octubre, aparecieron varias entradas seguidas relacionadas con las caballerizas. Leí despacio.

—«Revisada estructura norte. Mantener cerrada la zona hasta reparación». Eso ya lo tenemos en otra hoja.

—Sigue.

Pasé la página y vimos otra anotación dos días después sobre una visita, varias medidas y una pieza que debía sustituirse. Un poco más abajo aparecía una frase subrayada.

—«Cierre comunicado a administración» —leí en voz alta.

Callum volvió a mirar la página.

—Eso ya es más concreto.

—Sí.

Cogí el bolígrafo y apunté la fecha en mi libreta.

—Si el accidente fue después, mi abuelo ya había avisado de que aquello no se podía utilizar.

—Eso parece según sus notas.

—¿Y entonces qué pasó?

—Todavía no lo sabemos.

Era justo lo que menos me gustaba de todo aquello. Cada papel que encontraba me daba una respuesta pequeña y me dejaba tres preguntas nuevas.

—Jamie dijo que su padre recordaba que después del accidente se habló bastante de mi abuelo.

—¿En qué sentido?

—No lo sabía muy bien. Solo que hubo problemas y que durante un tiempo la gente comentaba que él era responsable del mantenimiento.

Callum se quedó pensando unos segundos antes de volver a mirar la libreta.

—Hostias, mi tío seguro que se acuerda de esto.

—¿Tu tío?

—En aquella época ya tenía la empresa y trabajaba por toda la zona. Conocía a tu abuelo y estoy casi seguro de que hizo trabajos en esa propiedad más de una vez.

—¿Y no se te había ocurrido preguntarle?

—Hasta hace dos días ni siquiera sabíamos que tu abuelo había trabajado en la finca.

—Vale, te lo concedo.

Callum pasó un par de páginas de la libreta antes de continuar.

—Si hubo un accidente mortal en las caballerizas y después se señaló a Alasdair por lo que había pasado, mi tío tiene que saber algo. Otra cosa es lo que recuerde después de tantos años.

—Pues ya tenemos a quién preguntar.

—Mañana puedo llamarlo.

Negué con la cabeza.

—No. Si vamos a empezar a hacer preguntas sobre mi abuelo, prefiero hablar con él en persona.

Callum levantó la vista hacia mí.

—Podemos ir a verlo.

—Mejor.

No quería decidir que mi abuelo había hecho todo bien solo porque fuera mi abuelo, pero tampoco podía ignorar que las primeras cosas que estábamos encontrando eran avisos suyos diciendo que aquella zona tenía que permanecer cerrada.

Si el tío de Callum había conocido a Alasdair y recordaba lo ocurrido, quizá pudiera ayudarnos a entender qué se decía entonces sin depender únicamente de unos papeles escritos hacía casi treinta años.

Cuando miré la hora eran casi las diez y llevábamos más de dos horas sentados.

—La cena —dije.

Callum miró hacia la cocina.

—Te lo advertí.

—No empieces.

—No he dicho nada.

—Lo estabas disfrutando.

—Un poco.

Nos levantamos y calentamos lo que había traído. Esta vez sí saqué platos, aunque terminamos cenando en la cocina apoyados en la isla porque ninguno tenía ganas de despejar el comedor.

—¿Siempre trabajas así cuando algo se te mete en la cabeza? —preguntó.

—¿Así cómo?

—Hasta que se te olvida todo lo demás.

—No se me había olvidado. Sabía perfectamente que había comida en la cocina.

—Eso no cuenta.

—Para mí sí.

Bebí un poco de agua y lo miré.

—¿Tú no haces lo mismo?

—A veces.

—Entonces no sé qué me estás reprochando.

—No te estoy reprochando nada.

—Milagro.

La conversación se quedó ahí y durante un rato hablamos de otras cosas.

Me contó que al día siguiente tenía que pasar por una obra antes de ir al hotel y yo le expliqué que Giulia me estaba mandando muestras para las habitaciones.

Todo bastante normal, aunque cada vez era más difícil olvidar que estábamos solos en mi casa y que la última vez que habíamos tenido un rato parecido habíamos acabado besándonos contra su furgoneta.

Callum terminó de cenar antes que yo y se quedó apoyado frente a la isla mientras yo acababa lo mío.

—¿Has terminado?

—Casi. ¿Por qué?

—Porque llevo un rato intentando no distraerte.

Dejé el tenedor en el plato.

—¿Y ahora no?

—Ahora me está costando bastante más.

Eso sí consiguió que me olvidara de la cena porque hasta entonces habíamos estado bastante bien fingiendo que la parte física podía quedarse aparcada mientras revisábamos papeles, pero con una frase había conseguido que volviera de golpe.

—¿Costando más?

—Sí.

—Eso es un problema.

Callum se acercó un poco.

—De los gordos.

Podría haber seguido jugando, pero ya no tenía ganas. Me levanté y la poca distancia que quedaba entre nosotros desapareció casi sola.

—Ayer dijiste que podíamos buscar un sitio mejor —murmuré.

—Lo recuerdo.

—Mi cocina es bastante mejor que un aparcamiento.

—Mucho.

Lo besé antes de que pudiera añadir nada más.

Esta vez no hubo ninguna duda ni ese segundo de espera de los otros besos.

Callum me rodeó la cintura y me acercó a él mientras yo le pasaba los brazos por el cuello.

Llevábamos dos días quedándonos siempre justo antes de ir demasiado lejos y, en cuanto empezó a besarme de verdad, tuve claro que aquella noche no íbamos a repetir lo mismo.

Me sentó sobre la encimera y me apartó el pelo del cuello para besarme allí. Cerré los ojos y apoyé las manos en sus hombros mientras una de las suyas recorría mi espalda por debajo del jersey.

—Callum…

Se apartó apenas lo suficiente para mirarme.

—¿Quieres que pare?

Negué con la cabeza.

—Todo lo contrario.

Volvió a besarme y el resto ocurrió sin demasiadas conversaciones. Hubo ropa que empezó a sobrar, alguna risa cuando casi tiramos uno de los vasos y un momento en el que recordé que tenía una habitación perfectamente útil en la planta de arriba. Por suerte, no tardó en entender la indirecta.

Subimos sin soltar del todo las manos y, cuando cerré la puerta de mi dormitorio, cualquier intento de seguir fingiendo que aquello podía quedarse en besos terminó ahí.

Callum no tuvo prisa y eso fue quizá lo que más me descolocó.

Había esperado intensidad, porque la llevaba sintiendo entre nosotros desde hacía días, pero no que pudiera besarme de aquella manera mientras me quitaba el jersey, como si no tuviera ninguna intención de perderse un solo paso por mucho que los dos supiéramos perfectamente dónde queríamos terminar.

Me desabrochó el sujetador y lo dejó caer al suelo antes de recorrerme la espalda con las manos y volver a besarme. Su pecho desnudo rozó el mío y tuve que reconocer que llevar varios días imaginando cómo sería tenerlo así delante de mí no me había preparado demasiado bien para la realidad.

—No me mires así —murmuró.

—Estoy mirando.

—Eso ya lo he notado.

Le pasé las manos por el pecho y las bajé despacio por el abdomen hasta llegar al botón del pantalón.

—Pues déjame terminar.