Capítulo 14
Mara
Me desperté pensando en Callum y no necesité ni cinco segundos para recordar por qué.
La noche anterior seguía demasiado reciente: el aparcamiento casi vacío, él acercándose cuando podría haberse marchado perfectamente y ese primer beso que había tardado bastante menos de lo esperado en convertirse en un segundo.
No estaba arrepentida. Eso lo tenía claro, así que tampoco pensaba pasarme la mañana preguntándome qué significaba ni montando un drama donde no lo había.
Nos atraíamos, llevábamos días dando vueltas alrededor de lo evidente y al final había pasado.
El único problema era que unas horas después tenía que plantarme en el hotel y trabajar con él como todos los días, y todavía no sabía muy bien si eso iba a resultar tan sencillo como quería creer.
Mientras desayunaba revisé el móvil. Tenía dos mensajes de Giulia, uno de Jamie y ninguno de Callum.
Me sorprendí comprobándolo una segunda vez y dejé el teléfono sobre la mesa antes de empezar a hacer el ridículo yo sola.
No tenía ninguna obligación de escribirme después de haberme dejado en mi coche la noche anterior, y que yo estuviera pendiente tampoco significaba nada que necesitara analizar a esas horas.
Llegué al hotel poco antes de las nueve y lo encontré al fondo del vestíbulo hablando con dos hombres de su equipo.
Me vio entrar, pero siguió con lo que estaba explicando y yo hice exactamente lo mismo: fui a la oficina provisional, dejé el bolso y me puse con los correos pendientes.
Todo muy adulto y profesional hasta que descubrí que llevaba varios minutos leyendo el mismo mensaje sin enterarme de una sola palabra.
Tenía que subir a revisar unas molduras de la planta superior de todas formas, así que aproveché para hacerlo y me encontré a Callum allí con Ross.
Durante los primeros minutos hablamos únicamente de trabajo.
Habían colocado una pieza de prueba y el tono seguía pareciéndome ligeramente distinto al resto, aunque Callum insistió en que cambiaría cuando se terminara de secar.
No era la conversación más apasionante del mundo, pero me vino bastante bien para comprobar que podíamos estar en la misma habitación sin comportarnos como adolescentes.
Ross acabó marchándose a buscar material y, cuando nos quedamos solos, Callum volvió a mirar la moldura antes de preguntarme si había dormido bien.
—Sí. ¿Y tú?
—También.
Esperé un momento y terminé sonriendo.
—Pensaba que esto iba a ser más raro.
—¿El qué?
—Trabajar contigo después de lo que pasó anoche.
Callum se apoyó ligeramente en el marco de la puerta.
—Podemos hacerlo raro si quieres.
—No, gracias. Ya tenemos bastante trabajo.
Su sonrisa fue suficiente para que volviera a acordarme del aparcamiento y tuve que concentrarme otra vez en la muestra que tenía delante.
—¿Te arrepientes? —preguntó entonces.
—No. ¿Y tú?
—Para nada.
Me gustó que no intentara darle más vueltas. No hubo discursos ni preguntas sobre qué iba a pasar a partir de ahora. Había sido un beso, nos había gustado y ninguno tenía intención de fingir lo contrario.
—Pues ya está —dije—. Podemos seguir trabajando sin convertirlo en un asunto de Estado.
—Esa parte ya la estaba haciendo.
—Claro. Eres un ejemplo de serenidad.
—Y tú sigues hablando.
Le lancé una mirada y él volvió a la moldura, todavía sonriendo.
La mañana continuó con bastante normalidad, aunque yo empecé a notar pequeñas cosas que antes me pasaban más desapercibidas.
Si se acercaba a mirar un plano por encima de mi hombro, era demasiado consciente de que estaba cerca; si me rozaba al pasar por un espacio estrecho, mi cabeza decidía recordar lo ocurrido la noche anterior en lugar de concentrarse en el trabajo.
No era especialmente práctico, pero tampoco iba a quejarme.
A media mañana me llamó la policía. La huella parcial que habían conseguido recuperar en el marco de la ventana la noche que entraron en casa no había dado ninguna coincidencia y, de momento, tampoco les servía para identificar a nadie.
La guardarían por si más adelante tenían con qué compararla, así que la conversación duró poco y me dejó prácticamente igual: sabía que alguien había entrado en mi casa, pero seguía sin tener ni idea de quién era ni de qué había ido a buscar.
Cuando colgué, Callum estaba terminando de hablar con Neil unos metros más allá. Esperó a que se marchara antes de acercarse.
—¿La policía?
—Sí. Han conseguido una huella parcial de la ventana, pero no coincide con nadie. De momento no les sirve para mucho.
—Pero la tienen.
—Sí. La guardarán por si más adelante pueden compararla con alguien.
Asintió y se quedó unos segundos en silencio antes de preguntar:
—¿Vas a seguir con los papeles esta noche?
—Un rato.
Ya empezaba a conocerlo lo suficiente para saber por dónde iba y preferí adelantarme.
—No hace falta que vengas.
—No iba a ofrecerme.
—Claro.
—Solo iba a decirte que tengas cuidado.
—Eso ya lo hago.
Callum bajó un poco la voz.
—Mara, alguien entró en tu casa y fue directo al despacho. Todavía no sabemos qué buscaba, así que entenderás que no me entusiasme demasiado que te pases la noche sola revisando justo esas cajas.
—Y tú entenderás que no voy a dejar de hacer cosas en mi propia casa por eso. Cambiaste las cerraduras, arreglaste la ventana y la policía sabe lo que pasó. Si noto algo raro, llamaré, pero no quiero empezar a sentir que cada vez que hago algo tengo que convencerte de que sé cuidarme sola.
No respondió enseguida y, aunque sabía que lo hacía porque estaba preocupado, necesitaba que entendiera también mi parte.
Llevaba años viviendo por mi cuenta, trabajando fuera, viajando sola y resolviendo mis problemas sin depender de nadie.
Que alguien hubiera entrado en casa me preocupaba, claro que sí, pero no iba a convertir de repente mi vida en otra cosa.
—No pienso que no puedas cuidarte sola —dijo al final—. Solo me gustaría que no tuvieras que hacerlo siempre sola.
La frase me pilló un poco desprevenida y tuve que apartar la vista hacia los planos que había sobre la mesa.
—Eso suena peligrosamente cerca del modo guardaespaldas.
—Estoy intentando mejorarlo.
—Pues vas regular.
Callum sonrió y ahí dejamos la conversación. No porque estuviéramos completamente de acuerdo, sino porque los dos habíamos dicho lo que queríamos decir y no tenía sentido seguir dándole vueltas delante de media obra.
La tarde se me pasó entre una reunión con Ewan, varios cambios en la zona del spa y una discusión bastante menos interesante sobre presupuestos. Cuando terminé, casi todo el equipo de Callum ya se había marchado, aunque él seguía en una de las habitaciones de la planta baja guardando herramientas.
—¿Todavía estás aquí? —pregunté desde la puerta.
—Podría preguntarte lo mismo.
—Yo tengo excusa. Soy incapaz de irme dejando una tabla de costes a medias.
—Eso no es una excusa.
—Para mí sí.
Terminó de guardar lo que tenía entre manos y salimos juntos hacia el vestíbulo. Mientras caminábamos me contó que al día siguiente tenía que ir a Inverness para ver unas piezas antes de que un proveedor las enviara.
—¿Son para el hotel?
—Algunas. Quiero ver también otras cosas para dos trabajos que tenemos después.
—Pues que te sea leve.
—Puedes venir.
Lo miré.
—¿A ver puertas y madera?
—Entre otras cosas.
—Qué planazo.
—No he dicho que fuera divertido.
Sabía que podía aprovechar el viaje para ver materiales que nos interesaban para el proyecto y, además, no tenía ninguna reunión presencial hasta la tarde.
—¿A qué hora vas?
—A las nueve.
—Podría ir.
—Paso por tu casa.
—No hace falta. Puedo venir hasta aquí.
Callum se quedó mirándome unos segundos y acabó asintiendo.
—Como quieras.
Eso me gustó bastante más que otra discusión sobre si debía conducir sola o no.
—Entonces nos vemos aquí.
Nos despedimos en el aparcamiento sin beso, cosa que agradecí porque todavía quedaba gente entrando y saliendo del edificio y tampoco necesitaba inaugurar nuestra nueva situación delante de todo el mundo.
Aun así, cuando llegué al coche me descubrí pensando que una parte de mí había esperado que se acercara.
Llamé a Giulia al llegar a casa y cometí el error de contarle demasiado. Primero le expliqué que la policía seguía sin tener novedades y después mencioné que al día siguiente iba a Inverness con Callum. Tardó exactamente tres segundos en decidir que aquello era una cita.
—No es una cita. Va a ver a un proveedor y yo voy porque hay material para el hotel.
—Vais solos.
—Eso sigue sin convertirlo en una cita.
—¿Habéis quedado fuera del trabajo?
—Por trabajo.
—Qué pesadita eres cuando quieres tener razón.
Me reí y fui guardando algunas cosas de la cocina mientras hablábamos. Giulia siguió preguntando hasta que acabó llegando a lo que realmente quería saber.
—¿Ha pasado algo con Fraser?
—¿Por qué tendría que haber pasado algo?
—Porque llevas varios días hablando de él de una forma distinta.
Me apoyé en la encimera y decidí que negarlo solo conseguiría alargar la conversación.
—Nos besamos anoche.
Giulia soltó un grito tan fuerte que tuve que apartarme el teléfono de la oreja.
—Compórtate.
—¿Y me lo dices ahora?
—Ha pasado menos de un día.
—Eso para una amiga son meses. ¿Cómo fue?
—Bien.
—Mara.
—Muy bien, ¿contenta?
—Mucho más.
Intentó sacarme detalles, pero conseguí cambiar de tema antes de acabar contando algo que pensaba guardarme.
Cuando colgamos, me llevé una caja de documentos al salón con el portátil.
No tenía ninguna intención de demostrarle nada a Callum sentándome sola en el despacho hasta las tantas, así que me acomodé en el sofá y seguí revisando papeles mientras veía de fondo un programa que no estaba escuchando.
La mayoría eran documentos parecidos a los del día anterior. Volvían a aparecer zonas de la finca, reparaciones, facturas y notas de mi abuelo. Después de casi una hora encontré otra referencia a las caballerizas, esta vez en una hoja escrita a mano.
Revisión pendiente. No autorizar acceso hasta comprobar estructura.
La fecha era de finales de octubre de 1998, unas semanas antes de la otra orden que habíamos visto.
No sabía qué había ocurrido allí ni tenía motivos para pensar que aquello fuera algo más que un problema habitual en una casa antigua, pero la dejé aparte porque empezaban a acumularse referencias a la misma zona y prefería tenerlas juntas.
Seguí un poco más y antes de las once cerré el portátil. Por una vez había conseguido hacer caso al sentido común sin que Callum tuviera que decir absolutamente nada, aunque pensaba ahorrarme el comentario al día siguiente.
Estaba subiendo a mi habitación cuando me llegó un mensaje suyo.
Callum: Mañana a las nueve en el hotel.
Contesté mientras entraba en el dormitorio.
Mara: Me acuerdo.
La respuesta apareció enseguida.
Callum: Solo comprobaba.
Sonreí porque ya sabía perfectamente por dónde iba aquello.
Mara: Cuidado, Fraser. Empiezas otra vez.
Tardó unos segundos.
Callum: No he preguntado si has cerrado la puerta ni a qué hora vas a dormir. Estoy mejorando.
Mara: Poco a poco.
Callum: Buenas noches, Mara.
Mara: Buenas noches, que descanses.
Dejé el móvil sobre la mesilla y me metí en la cama pensando que aquel beso no había complicado el trabajo tanto como había imaginado. Lo que sí estaba complicando era todo lo demás, porque cada vez me apetecía más pasar tiempo con él y empezaba a costarme bastante fingir que solo era por el hotel.